En casa del herrero

Hefesto es un dios que no resulta muy lucido.
Nació feo, y su madre Hera lo arrojó desde lo alto del Olimpo, asà que lo tuvieron que criar la Nereida Tetis y la Oceánide EurÃnome. Cuando se reconcilió con Hera conspiró contra Zeus, y fue éste quien volvió a arrojarlo desde lo alto del Olimpo provocándole una cojera eterna.
Su suerte pareció cambiar cuando se casó con Afrodita, la más hermosa de las diosas, pero ella lo engañó permanentemente con Ares, con quien tuvo varios hijos: Deimo, Fobo y HarmonÃa.
Un dÃa el indiscreto Helio, que miraba todo, reveló a Hefesto el engaño de Afrodita, momento que recoge «La fragua de Vulcano», de Velázquez. Fue Helio quien reveló el engaño:
El Sol, que todo lo ve, habÃa descubierto los amores adulterinos de Venus, mujer de Vulcano, y el apuesto Marte. Sin aguardar mucho tiempo, Febo puso en antecedentes de la deshonra al desgraciado marido (Ovidio, Metamorfosis)
pero más tarde Febo o el Sol fueron identificados con Apolo y por eso aparece este dios representado con la corona de laurel y el halo de luz.
Hefesto urdió un plan para sorprender a los amantes y ponerlos en ridÃculo frente a todo el Olimpo, y como era un buen artesano, mezcló metales de diversas propiedades y procedencias y fabricó unas mallas que tendió en el lecho de quienes le ultrajaban a fin de inmovilizarlos. Cuando Ares y Afrodita se tendieron en el lecho, quedaron atrapados y expuestos a las miradas de los dioses (las diosas no asistieron por pudor) que habÃa convocado Hefesto; como este dios listo, lo que se dice listo, no era, al principio pensó que las risas las provocaba la pareja y tardó un poco más en darse cuenta de que de lo que se reÃan los dioses era sobre todo de su situación, tan poco airosa.
Apolo, dándole un codazo a Hermes, preguntó:
-A ti no te importarÃa estar en el lugar de Ares a pesar de la red, ¿verdad?
Hermes juró que no le importarÃa, aunque fueran tres las redes y aunque todas las diosas le estuvieran mirando.
Robert Graves - Los Mitos Griegos









