campanaAntaño, las campanas servían para la comunicación en las ciudades, anunciaban las fiestas, las muertes, los incendios, el extravío de un niño, alertaban de peligros y también, sí, llamaban a las ceremonias religiosas. En mi casa, las campanas de la torre de la iglesia se escuchan cada hora, no sólo cuando llaman a Misa, porque hace mucho tiempo también marcaban el ritmo de la vida, antes de que hubiese relojes de pulsera al alcance de todo el mundo.
Que suenen todas las campanas de Madrid recordando un hecho tan monstruoso como los atentados del 11 de marzo del año pasado no es un gesto religioso, sino civil, del mismo modo que muchas de las velas que se encendieron entonces no eran para alumbrar las ánimas del purgatorio, sino un mero recuerdo que se servía de un símbolo conocido.
El año pasado hubo quien perdió la vida, quien perdió un familiar, quien perdió un amigo, quien perdió partes de su cuerpo, muchos su salud mental, y todos perdimos la sensación de estar a salvo.
dolorNo puedo hacerme a la idea del dolor de perder un hijo, ni imaginar lo que es perder una pierna, un brazo, un ojo, ni a raíz de los atentados del 11 de marzo ni con ocasión de cualquiera de los atentados anteriores que en España ha habido, pero sé que la magnitud de este último hace que el dolor no sea patrimonio de nadie, y que gente que no iba en esos trenes ha necesitado ayuda porque levantar y examinar tantos cadáveres ha afectado a su salud también.
Los atentados del 11 de marzo no sólo afectaron a quienes los sufrieron de forma más grave, nos conmovieron a casi todos (el casi es porque también hay algún hijo de puta al que he leído alguna inconveniencia irreproducible, amparado en el anonimato) de un modo que, al menos yo, jamás habíamos experimentado, porque del horror nos hacemos mejor idea cuanto más próximo está a nosotros.
Un tañido de campanas no puede ser interpretado, ni a través del resentimiento quizá lógico del dolor, como una bofetada en la cara de nadie, porque el dolor no es patrimonio de una sola persona y porque no es sino un modo de recordar, y el olvido y la indiferencia hacia lo que ocurrió y hacia quienes todavía sufren, su desamparo, sería aún peor.
No es más que una forma de llorar por los que sufren.