Bobos, lechuguinos, y de cuatro canteros
Cuando se referÃa a un idiota mi abuelo, persona por otro lado educada hasta el punto de que se horrorizarÃa de cómo hablamos hoy sus nietas, decÃa siempre con un poco de condescendencia: «los hay bobos, lechuguinos, y de cuatro canteros». Esto, que habÃamos escuchado desde siempre, tardamos poco en realidad en saber que se referÃa a tipos de pan.
Antes de la «globalización» de los supermercados, siempre nos sorprendÃa cuando Ãbamos a otros sitios, generalmente de costa pero no siempre, que ellos llamasen pan a una cosa que por las mañanas resultaba algo insÃpida y por las tardes gomosa, y empezamos a entender por qué algún conocido cuando se iba de aquà se llevaba un par de panes que administrados, le duraban unos dÃas. Resulta que el pan candeal, elaborado con este tipo de harina, que es el tradicional de aquÃ, se diferencia por su miga, que es blanda y compacta, de textura fina y corteza tostada, y mantiene sus propiedades intactas entre tres y cuatro dÃas. Por lo visto, hasta Carlos I se hacÃa enviar este pan cuando se retiró del mundo en el Monasterio de Yuste.
Actualmente venden aquà también la variedad insÃpido-gomosa (no lleva ese nombre, por supuesto), como venden baguettes, aunque yo no he logrado que me sepan nunca como en ParÃs, no sé si porque el entorno influye o porque las como con menos hambre, casi ansia, que tras subir al Sacré-Coeur.
Ahora, el «pan de Valladolid» ha obtenido una Marca de GarantÃa para seis variedades: lechuguino, de canteros, polea, blanca o fabiola, de riche, de cuadros y rústico. Seguirá habiendo por mucho tiempo bobos, lechuguinos y de cuatro canteros. Hablando de panes, claro.









