Fahrenheit 451

No, no me refiero a quemar los libros, cosa que no entiendo ni en Carvalho, sino a leer a escondidas, una práctica antigua, de cuando los libros eran esas cosas al alcance de tan pocos, unos objetos casi mágicos que encerraban saberes lejos del alcance del común de los mortales, o historias tan excitantes que podían llevar a la locura a las gentes con la imaginación exaltada. Los libros eran la actualización de la manzana, el vehículo que transmitía los saberes que nos están vedados.
Nunca, ni por la temática ni por el autor, en casa me prohibieron ningún libro, por tanto jamás me vi obligada a ocultar que leía, ni lo que leía, como Montag en la novela de Ray Bradbury, y eso que leer a escondidas tiene que añadir un encanto especial a lo escrito, un placer más el placer de lo prohibido.
Mis únicas transgresiones con respecto a la lectura han consistido sólo en leer cuando no debía, básicamente robándole horas al sueño, cosa que sigo haciendo pero ahora sólo cuando un libro me engancha hasta el punto de que aunque apagase la luz no podría dejar de pensar en el destino que les aguarda a los personajes, y en los últimos años me ha ocurrido sólo con Cipriano Salcedo y con Daniel Semper y Julián Carax.
Pero nunca hubo en casa lecturas prohibidas, ya no era la época, sí discusiones sobre autores y obras que nos enseñaron que leer es un acto individual que también sirve para relacionarse luego, cuando se comenta la obra y se intercambian opiniones.

Supongo que ahora sólo se leerán vergonzantemente algunas revistas de esas que se compran por sus grandes artículos de investigación, con las que el impropiamente llamado onanista se encerrará en un retrete, y algunos sitios de internet, aunque la técnica para esto es menos segura que la de encerrarse porque hay que confiar en la tecnología y ésta avanza muy rápido, pero más que porque nadie haya introducido esto en un Índice, porque el sujeto se avergüenza de su conducta por quien sabe qué razones o porque prefiere disfrutar a solas y en silencio, que todo es posible.










¿Insinuáis tal vez, oh Princesa, que alguien reserva vuestra página para esos momentos especiales reservados al amor propio? ¿Quizá porque a falta de pan, buenas son tortas? ¿Lo hace pensando en panes y en peces, o acaso lo que alumbra su imaginación son penes y paces?
Quedad con Dios, oh mi Dama, jamás pensé que pudiese alguien tomaros por lectura vergonzante.
yambra 10 de Marzo de 2005 a las 12:15 pmnada tan complicado, caballero, muy mentecato tendría que ser quien leyese este sitio a escondidas, cuando aún no he colgado la foto del bikini
Aunque reconozco que la idea de ser «lo prohibido» es tentadora, no digo que no 
PrincesadelGuisante 10 de Marzo de 2005 a las 12:50 pmComparto contigo el “enganche” que me produjo saber el futuro de Daniel Semper (llegué a estar obsesionado con ese libro hasta el punto de leerlo en un tiempo record robando horas a cualquier momento del día).
Por otro lado, ninguna lectura debe ser tratada con verguenza. Es más, en los EEUU se ha puesto de moda un libro de Toni Bentley (antigua bailarina) llamado “The Surrender” donde hace toda una declaración de principios, basada en su experiencia con ese tipo de sexo denominado anal. Es curioso que el libro se venda tanto allí, donde ese tipo de práctica está (o lo ha estado hasta hace muy poco tiempo) prohibido por ley en algunos estados.
En cualquier caso, al margen de cierta salida de armario en lo que a íntimos gustos se refiere, es un buen ejemplo de que todo y de todo se puede escribir sin verguenza.
Un Fosforo 10 de Marzo de 2005 a las 12:51 pmYo leía a escondidas. Por que estaba inmersa en la lectura de un libro, ajena al tiempo y a los ruidos exteriores, y de pronto llegaba mi madre y me decía que ya era hora de dormir. Y claro, yo no podía con la intriga que tenía por terminar el capítulo. Esperaba despierta y después de un tiempo prudencial volvía a encender la lámpara de mi mesilla para apurar ávidamente varias hojas más.
Pero prohibirme leer algo, pues no. Aconsejarme si era adecuado a mi edad, eso si.
Besos Princesita!
Bruja del Norte 10 de Marzo de 2005 a las 1:19 pmGuisantéesse,
Wollfo 10 de Marzo de 2005 a las 1:21 pmlo de los libros es un vicio y, también, fuente de discusión. En dos días, he leído desmedidos elogios al mismo libro en 3 blogs distintos (y no muy distantes) y yo me he levantado con ganas de incordiar.
Se trata de La sombra del viento, un libro cuyo éxito soy incapaz de entender. Ayer ya vi el artículo de Yambra, pero no me dio tiempo de ponerme en evidencia en su páfgina, así que uso la tuya.
La voz de Ruiz Zafón me suena a ya muy oída en otras voces barcelonesas más excelsas y menos redichas; sus modos me suenan artificiales, como la historia, disparatada y mil veces contada.
No me creo nada y además, me gusta que cuando leo a alguien, ese alguien sea más listo que yo. O más astuto. O más… lo que sea. Hasta los diálogos son tan oídos ya… Me asombra, de verdad, el éxito. A mí no me gustó desde la primera página. Y me obligué a leer. Pero nada. Miguel Delibes, sin embargo… (no escribiré nada elogioso, no sea que alguien coincida conmigo). Un beso y a seguir leyendo.
Yo como tú, pero cuando llegaba el momento de apagar la luz cogía mi linterna (que me habían regalado mis padres así que sabían lo que hacía jeje) y me metía debajo del nórdico a seguir leyendo …
xxxxxxxxxxxxx
Big 10 de Marzo de 2005 a las 1:31 pmun Fosforo, casi todo el mundo que conozco (el casi es por Wollfo:P) está encantado tras haber leído ese libro, yo también, me gustó tanto el modo en el que está escrito como el doble folletín de la historia. El sexo anal que yo sepa sigue estando penado en algunos estados, sí, es de esas regulaciones absurdas no tanto por la práctica en sí, sino porque limita a adultos libres, que no terminaré de entender nunca. El libro del que hablas no lo he leído. Sí que coincido contigo en que se puede leer todo, sin vergüenza; ya nuestro criterio nos irá llevando por donde sea.
Wollfo, Yambra y yo compartimos entusiasmo por ese libro, entre otros, sí, además a su recomendación y a un regalo debo el haberlo leído. En serio que me gustó muchísimo, y el adivinar lo que iba a suceder en absoluto me quitó las ganas de seguir leyendo, y de asombrarme con la sonoridad de algunos párrafos. ¿La historia? inmediatamente se ve su deuda con el género folletinesco, pero puede que ahí radique su éxito a todos los niveles de lectores. A mí, al contrario que a ti, me enganchó desde la primera página. Pero si te gustó a ti éste tan poco como a mí el Código, entiendo tu asombro, jajajaaaaaa.
(K)
PrincesadelGuisante 10 de Marzo de 2005 a las 1:42 pmBruja, aquellos «apaga la luz que hay que madrugar!!!», jajajaaaaaaaaaaaa. Sí, eso sí lo he hecho; cuando estaba estudiando tomé la determinación de no leer libros nuevos durante el curso para evitarme esos disgustos nocturnos, sólo leía cosas nuevas los fines de semana, entre semana, releía, para madrugar sin problemas. Un beso
En cuanto a Delibes, ningún elogio es desmedido para él, aunque ya he contado muchas veces lo que me costó leerle. Besos.
Big, es que yo para dormir necesito peso, jajajaaaaaaa, era demasiado lo que había que sujetar sobre una linterna
No he leído el polémico libro, lo añadiré a mi lista de libros y ya os diré si me gusta o no, pero por la sinopsis parece que está bien.
Ararat 10 de Marzo de 2005 a las 1:56 pmBesos (o)
Guiss,
Wollfo 10 de Marzo de 2005 a las 2:02 pmes que el Código Da Vinci es, directamente, una memez. Y literariamente, basurilla. Y, en fin, Delibes es el mejor escritor español vivo, según mi inepta opinión, sin ningún género de duda, y está entre los grandes genios del siglo XX.
Y ya me callo. Besos.
Pues yo también he leído a escondidas, como no, cuando mi madre ya no me dejaba más. También leo a escondidas ahora, en la oficina, que tengo una buena colección de libros descargados que me planto en la pantalla. También te leo a tí a escondidas, de mi jefe claro, como a tantos otros.
La sombra del viento me pareció un libro delicioso de verdad, de lectura fácil, rápido, con su puntito de humor y su lagrimita … y personajes entrañables. Que más quisiera el bodrio del Código Da Vinci, con perdón. Igual de increíbles son los dos, como todas las novelas, unas más fantásticas, otras menos, pero el segundo ¡¡hay gente que lo ha hecho su biblia!! Que se lo han creído y na’ más.
Por cierto, por si alguno no lo sabéis, Ruiz Zafón escribe en el dominical de la Razón, para los que os permitais estas lecturas a cara descubierta.
Ayder 10 de Marzo de 2005 a las 2:04 pmHay otras opciones. El libro de retrete, por ejemplo. Ese que se puede leer despiezado. La Biblia es una magnífica posibilidad. “creía que mi padre era Dios”, de auster es otra, al estar hecho de pequeños capítulos independientes. Los poemas de Borges también. Supongo que saldrían miles de posibilidades. Zucco.
Roberto Zucco 10 de Marzo de 2005 a las 2:06 pmA escondidas no he leido nunca nada, no me han prohibido leer…
MONS 10 de Marzo de 2005 a las 2:13 pmAhora en el curro leo a escondidas ciertos blogs.. jejejejeje
besosssssssssssssssssssss (en breve te los doy en persona)
En mi casa son buenos lectores, crecí rodeada de libros de variada temática, con el tiempo mi hermana contrbuyo a ampliar la biblioteca con historias más atractivas para una adolescente que los temas que interesaban a papá y mamá; mi gusto por la lectura fue aumentando con los años, gracias a lo que podía leer en casa, las visitas a la biblioteca y las cada vez más asiduas compras en librerías que han terminado por convertirse en un vicio mensual.
Nunca me han prohibido leer ninguna temática o autor, como nunca me han prohibido nada que yo quisiera hacer, pero sí que he tenido que leer a escondidas, cuando tocaba estudiar y yo no podía dejar apartada la historia que en esos momentos me ocupaba, acabé siendo una experta en esconder el libro de turno de un plumazo bajo los apuntes y libros de texto.
Catuxa 10 de Marzo de 2005 a las 4:04 pmA mí no me prohibieron directamente leer nada, lo que ocurre es que yo mangaba a mi padre todas las novelas habidas y por haber. Cuando llegué a los 14, me sugirió dejarme alguno de “esos” libros y ante mi manifestación de que ya los había leído, … sonrió y me dijo que él había hecho lo propio.
dockof 10 de Marzo de 2005 a las 5:18 pmAhora, estoy releyendo los artículos periodísticos de Pérez-Reverte (Con ánimo de ofender, Patente de Corso, …) que, sin ser Delibes, tienen un “alma de blog” que me funden el alma(6).
Besos a tornillo, Princess.
Yo casi siempre he tenido que leer a escondidas, pero no por el tema, sino porque leía en plena temporada de exámenes, leía mientras desayunaba, al entrar al cuarto de baño ¡he llegado a pasar 3 horas leyendo en la bañera!. Mi madre decía que lo mio no era afición, sino vicio. Y va a ser que sí.
Pickles, la bruja rural 10 de Marzo de 2005 a las 6:21 pmArarat, a mí me gustó mucho, la verdad, y salvo una excepción, a todo el mundo que lo ha leído con el que lo he comentado, también
(K)
Pero no te calles, jajajaaaaaa. Besos
Ayder, jajajaaa, es raro, con lo que a mí me gusta dormir, y con lo que lo necesito, sólo lo cambio por leer algo que me guste. De Ruíz Zafón no he leído nada más, ni artículos de periódico siquiera, es que no sabía ni que existía hasta que cayó el libro en mis manos por partida doble el año pasado
Roberto, lo de leer en el retrete tiene mucha tradición, por lo visto
Mons, lo de los jefes es cuenta aparte, jajajaaaaaaaaaaa. Besosssssss
Pero en esto de la lectura se ve que términos medios no hay :))
PrincesadelGuisante 10 de Marzo de 2005 a las 6:32 pmWollfo, amén
Catuxa, ejem, lo de meter un libro entre los apuntes sí, no lo recordaba, pero sí :$ y dormirme encima de ellos, también :$
dockof, mira, a mí Pérez-Reverte me gusta más en artículos que en novelas, aunque suelo leer todo lo que publica. Respecto a los libros, mientras los tratásemos bien y los devolviésemos a su sitio, no hemos tenido limitaciones. (K)
Pickles, yo en exámenes me “responsabilicé” y dejé de leer cosas nuevas, era un suplicio
Pues yo sí he leído a escondidas, mucho y bien. En el colegio del que me expulsaron había muchos libros prohibidos, luego en el instituto el catedrático (franquista) de literatura había tenido la biblioteca cerrada más de veinte años, y los alumnos la volvimos a abrir… me hicieron un gran favor prohibiéndome la lectura. Y el sexo.
Nicolás 14 de Marzo de 2005 a las 10:01 amNicolás, jejeje, ¿entonces el estar prohibido le añade más encanto todavía? Yo nunca he tenido prohibida ninguna de las dos cosas, pero casi lo prefiero
PrincesadelGuisante 17 de Marzo de 2005 a las 11:22 am