Velintonia, 3

Hace algún tiempo que algunos amigos (acompañados de los inevitables oportunistas) de Vicente Aleixandre se han movilizado para evitar que su casa deje de ser la casa en la que habitó el Poeta para convertirse en cualquier otra cosa.
Sentimos una fascinación extraña, yo también, por los lugares, como si el ingenio y la sabidurÃa impresionase los muros, como si el espÃritu de los que los habitaron estuviera todavÃa allÃ, como si pudiésemos recobrar por entrar en esa casa la voz de Lorca leyendo o distinguir la silueta de Aleixandre escribiendo, porque el debate está centrado en el destino del inmueble.
Aleixandre puede ser el poeta que más me gusta, pero no tengo claro que yo quiera que se conserve su casa a cualquier precio. A fin de cuentas, ¿debe cualquiera de las Administraciones del Estado (estatal, autonómica o local) pagar a precio de mercado un edificio, por ilustre que fuera su habitante? Y considerando la alternativa ¿serÃa justo reducir el único patrimonio duradero de sus herederos (puesto que los derechos de autor no lo son) estableciendo alguna carga sobre el inmueble como una declaración de bien de interés?
Si hubiese que elegir, yo preferirÃa que ese dinero se destinase a dar a conocer la obra de Vicente Aleixandre, y de otros tantos, aunque siempre partiendo de la utópica idea de que ninguna Administración despilfarra recursos.
Se querÃan
Se querÃan.
SufrÃan por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querÃan en un lecho navÃo, mitad noche, mitad luz.Se querÃan como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.Se querÃan de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.Se querÃan de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.Se querÃan de dÃa, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querÃan de dÃa, sobre el mar, bajo el cielo.MediodÃa perfecto, se querÃan tan Ãntimos,
mar altÃsimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.Amando. Se querÃan como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.DÃa, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navÃo, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querÃan, sabedlo.(La destrucción o el amor, 1935)
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