No sé si es abril el mes en el que más muertes se producen o es sólo que el contraste de la muerte con el renacimiento que supone la primavera hace que destaquen más las que se producen en este mes, que, como noviembre y siempre dentro de mis irracionalidades, me es también antipático:

«Abril es el mes más cruel, engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
memorias y anhelos, remueve
raíces perezosa con lluvias primaverales.[...]»

La tierra baldía, 1922, T.S. Eliot

Por eso quizá estos días en los que tendría que estar pensando en mitos de renovación y renacimiento estoy más bien recordando mitos de muerte, los que advertían a los hombres en la antigüedad que la muerte es inevitable, circunstancia que también tendían a olvidar pese a que la tenían más presente que nosotros.
Eran las Moiras quienes administraban el tiempo de vida de los hombres, y de ellas era Ãtropo, la Inflexible, quien cortaba el hilo cuando llegaba el momento fijado. Hasta los mismos dioses estaban sometidos a ellas, y ni Zeus pudo salvar a su hijo Sarpedón de morir a manos de Patroclo en la Ilíada, pues tras lamentarse ante Hera y confesarle que estaba tentado de arrancar a su hijo de la batalla para evitar que se produjese su inevitable muerte, decretada para ese enfrentamiento, ésta le respondió:

«Tremendo hijo de Crono,
¡qué palabras son esas que profieres!
¿a un hombre que es mortal,
desde antiguo a su suerte destinado,
quieres, volviendo atrás, dejarle libre
de la muerte de sones lastimeros?
Hazlo; no obstante, los restantes dioses
No todos te aplaudimos, ciertamente.
[...]
Pero si te es querido y se lamenta
por él tu corazón,
déjalo que aún así, en la refriega
feroz domado sea
a manos de Patroclo el Menetíada;
y cuando ya le hayan abandonado
el alma y el tiempo de su vida,
envía a la Muerte
y al dulce Sueño, para que lo lleven
hasta que al fin el territorio alcancen
de la anchurosa Licia, donde a él
sus hermanos y deudos
le darán sepultura
con túmulo y columna funeraria,
que eso es privilegio de los muertos.»[...]

Canto XVI, La Ilíada, Homero

Sólo Admeto tuvo oportunidad de burlar a la muerte, privilegio que logró arrancar Apolo a las Moiras para este rey en pago a su hospitalidad cuando tuvo que ser esclavo cumpliendo la condena que le impuso Zeus. Apolo emborracho a las tres hermanas, y logró que le prometiesen que dejarían vivir a Admeto más de lo que le correspondía, más allá del día fijado para su muerte, con la condición de que alguien aceptara morir en su lugar. Llegado el momento, Admeto buscó a alguien que muriese por él, y ni siquiera sus ancianos padres estuvieron dispuestos, sólo Alcestis, su esposa, se ofreció voluntaria para tomar su lugar.
Porque a veces, entre los amantes, se hacen promesas que luego sí se cumplen. Será que suena Marquee Moon…