Yo pensaba que la culpa era de mi educación, que yo era un pirata de los que nuestro Gobierno tiene que perseguir porque a la tierna edad de ocho años me hicieron aprender la «Canción del pirata» de Espronceda, y me habían impreso en la mente el modelo de una personalidad original, que tenía la libertad como valor máximo, en fin, esas cosas que nos explicaban después de recitar como loros el poema entero una vez y mil veces más el estribillo:

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Pero no, resulta que me he informado, y he hecho este test, y me dice que no soy un pirata, así que ahora sospecho que todo es un complot de la agente del gobierno catalán reconvertida en portavoz de la SGAE llamada Carmen Calvo, la del cameo en la película sobre la vida de María Zambrano, que vino tan tranquila a presentarla a la SEMINCI porque ella sitúa Salamanca en Castilla-La Mancha y, siendo comunidades distintas en su geografía mental, aquí nadie iba a estar ofendido; ni por eso ni por la ausencia entonces de Valladolid en los actos del centenario del Quijote, a fin de cuentas ¿qué tiene que ver Valladolid con Cervantes?
Bueno, pues no, por mucho que se empeñen Bautista y la ministra paritaria, a mí en el test me sale que no soy un pirata, cosa que yo ya sospechaba porque el contoneo al andar no es por ninguna pata de palo, no llevo parche en el ojo, ni siquiera un garfio en lugar de mano (o sea, que tecleo con diez dedos).
De momento los usuarios de internet no estamos contemplados en el plan antipiratería (ah, es que se me olvidaba, ella, como Paco Martínez Soria, tiene un plan, aquí se puede ver en pdf gracias a la Asociación de Internautas, con un bonito resumen tipo power point, para los que se atascan con tanta letra junta, al final del documento) pero en algún momento del camino dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en consumidores y/o presuntos delincuentes, y por eso hay alguna iniciativa en marcha como estas:


Ellos seguirán viéndome como una presunta delincuente, y discurriendo idioteces para «concienciarme» (que lo disfrazarán como quieran, pero más totalitario no puede sonar) y justificar la vulneración de derechos como la inviolabilidad de las comunicaciones para salvaguardar los intereses exclusivamente económicos de sus amigos, a los que tanto deben (por cierto, ¿a que espectro ideológico representaban? Es que no sé si es la mala idea la que hace que me entre la risa floja cuando dicen que son izquierda y pretenden identificarse de modo excluyente con la defensa de los derechos y libertades del ciudadano) y a los que les pagamos la sopa boba entre todos.