Con los nardos apoyaos en la cadera
Es un problema que un himno nacional no tenga letra, como el nuestro (yo recuerdo una de Pemán, venÃa en alguno de mis libros de texto, pero nunca llegué a escuchar la versión cantada), y que los españoles no acostumbremos a llevarnos la mano al corazón como hacen en otros paÃses, porque cuando suena ni podemos cantar para entretenernos ni tenemos establecida una postura común para escucharlo, salvo si uno pertenece al ejército, que ahà sà tienen todo uniforme. Es un problema, como digo, porque el medio minuto de la versión corta o el minuto y algo de la larga se ve que se hacen eternos cuando uno es el centro de atención del público.
Los futbolistas de la selección nacional más o menos logran pasar el trance de modo decoroso, sobre todo si se recuerda como lo hacÃan unos años atrás, que sólo les faltaba sonarse los mocos durante la ejecución (del himno); ahora lo de los mocos lo hacen nada más durante el partido, y como el uniforme de jugador no lleva pañuelito a juego, (una cosa muy útil, recuerdo yo mi vestido de primera comunión en blanco, porque entonces habÃa blanco y beige, no blanco en mil gamas, con limosnera y pañuelito bordado a juego; pero claro, al jugador no le van a colgar una limosnera por si en un momento dado tiene que sacar el pañuelo y sonarse), en lugar de hacerlo de modo discreto lo que hacen es avanzar la cabeza como si fuesen a mochar a alguien, y expulsar el aire enérgicamente (tanto, que algún dÃa a alguno le saldrá un trocito de cerebro también) por la nariz en dirección al suelo, imagino que procurando apartar las botitas para no llevar luego fluidos adheridos que después pasarÃan al balón o a la espinilla del contrario.

Es posible que ocurra en otros deportes, no lo niego, pero es que no lo he visto, porque yo lo único que hacÃa en tiempos era ir al baloncesto y allà ningún jugador hacÃa esas cosas, tenÃan las toallas más a mano, supongo. Como decÃa, ahora salvo el ligero baile de San Vito que se aprecia en ellos, no hacen nada más, no hablan, no saludan, alguno incluso se pone tan firme que posiblemente termine algún dÃa haciendo el puente, pero no voy a criticar eso, que siempre será mejor que la postura de Alonso el domingo.

Como media España, el domingo comimos con el run run de la carrera de fondo; al final, hasta mi abuela estaba pendiente de si ganaba o no, porque lo bueno de ver la Fórmula 1 con mis hermanos es que parece hasta emocionante; no digo que este gran premio no lo fuese, pero hay otros aburridÃsimos, y en mi casa veÃan la Fórmula 1 cuando no habÃa ningún español compitiendo, que quieras que no le añade algo de interés para mÃ, aunque no tanto como para ver guapo o sexi al piloto en cuestión; ni falta que le hace, por otra parte. Asà que en cuanto ganó, hice una encuesta casera (cuando el diablo no tiene que hacer…) sobre cuántos de nosotros marcamos el tres como Alonso, y cuántos lo hacemos con el Ãndice, el corazón y el anular, en lo que esperaba que llegase lo del podium y el himno, que a mà me gusta verlo.

Y allà estaba Alonso, exultante (no es para menos), pero me resultó un poco decepcionante, en primer lugar porque no les deben dar el tiempo suficiente para saludar a los conocidos antes de entregarles la copa, asà que aprovechan para hacerlo mientras suenan los himnos, y en segundo lugar porque se mire como se mire lo de los brazos en jarras no resulta muy elegante, y si uno está en un podium y no sujeta cántaros o nardos en la cintura, no tiene mucha explicación la postura salvo que se padezca una cosa que se llama golondrinos, que no he visto en mi vida un nombre de afección mejor puesto. Claro que también puede ser cosa del traje ese que llevan para pilotar, quizá le tirase un poco de sisa o puede que uno salga rÃgido después de tanto volante y por eso lleve los brazos como la Vita de «El prÃncipe destronado»; no sé, seguro que hay una explicación, pero apuesto, lo que se dice apuesto, no resultaba.









