Entradas archivadas en Abril dEurope/Berlin 2005

Sábado, 23 de Abril de 2005

Si las semanas las bautizásemos por lo que en ellas (nos) ha sucedido, esta sería para mí la «semana Benedetto», no sólo por el Papa nuevo (no pongo enlace, seguro que ya somos todos expertos en él, y algunos además futurólogos), sino porque me ha llevado tooooda la semana (mea culpa, no quiere decir que sea pesado ni nada de eso) leer un libro, Imprimatur, cuya acción transcurre bajo el mandato de Inocencio XI, en el mundo Benedetto Odescalchi. Es verdad que la semana tiene dos días aún (día y medio ya), pero ni siquiera se llaman ya «semana», sino «fin de semana», y permanecen aquí, al final, como en una especie de limbo que nos saca de la rutina aunque lo haga para sumergir a algunos en otra; sin embargo, hoy es la fiesta de mi comunidad, que curiosamente no necesitó construirse contra nadie, lo cual hace que el fin de semana vaya a ser como un domingo repetido. Es además San Jorge, un nombre que me gusta, el que elegí la única vez que pude hacerlo para ponérselo a alguien, felicidades a los Jorges que pasan por aquí.
También se celebra hoy «el día del libro», establecido por la UNESCO aprovechando la coincidencia de la muerte en esta fecha de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega.
No es que a mí me gusten mucho los «días de», pero cualquier día es bueno para leer y para encontrarse con la obra de algún escritor. Este año, que además es el del 400º aniversario del Quijote, parece que lo normal en esta fecha sería hablar de ese libro y de su autor, pero no voy a hacerlo, hay sobreabundancia. Hoy prefiero a Miguel Mihura, porque en este año se cumplen, en julio, cien desde su nacimiento en Madrid

«Cuando yo estaba a punto de nacer, Madrid no estaba inventado todavía, y hubo que inventarlo precipitadamente para que naciese yo y para que naciese otro señor bajito, cuyo nombre no recuerdo en este momento, y que también quería ser madrileño.»
Mis memorias, Miguel Mihura

Por lo visto sólo la iniciativa privada va a recordarlo, en medio del silencio institucional; me parece curioso que alguien, en este caso la sobrina del escritor, se sienta en la necesidad de justificar que el autor no fuese de derechas, sino apolítico, para que su obra merezca un recuerdo y un homenaje, como si los responsables de la cosa cultural en España fuesen comisarios políticos o algo así.
Alguien más académico que yo, que no lo soy nada, puesto a elegir una obra de Mihura, recomendaría «Tres sombreros de copa», primera obra del autor, escrita en 1932, publicada por primera vez en 1943 y estrenada en 1952 gracias a la insistencia de Gustavo Perez Puig, que quiso que el TEU (Teatro Español Universitario, del que acababa de ser nombrado director) la representase, convenciendo don Miguel, bastante reacio a estrenarla ya a esas alturas.

Pero mi éxito grande, el que me decidió por fin a seguir haciendo el teatro que yo quería, el teatro no «codornicesco» ni de vanguardia pero tampoco sin demasiadas concesiones, con humanidad, con ternura, con observación de personajes, con diálogo de calidad, sin pedanterías, humorístico y no arbitrario fue «A media luz los tres (Piso de soltero)», que se estrenó bajo mi dirección en el Teatro de la Comedia el día 25 de noviembre de 1953 por la Compañía de Conchita Montes. [...] Había encontrado, por fin, el estilo que yo buscaba. Lo malo era que esta consagración llegaba un poco tarde. Tenía exactamente cuarenta y ocho años. Muchos años ya para dedicarse de lleno al teatro. Pero continué en él.
Y seguí estrenando obras -unas mejores y otras peores- con el mismo resultado optimista que ensalzaban el público y la crítica. Pero los eruditos, los ensayistas, seguían hablando de «Tres sombreros de copa».

A mí me resulta difícil elegir una obra de Mihura, y además no hay motivo para escoger una sobre otra pudiendo leer todas y disfrutar de cada una; yo hoy seguramente, por puro capricho y por seguir huyendo de lo trillado, me quedaría con «El caso del señor vestido de violeta», una comedia estrenada en 1954 por Fernando Fernán-Gómez (no, malpensados, no pude ir al estreno), en la que el protagonista es un torero con inquietudes intelectuales, lógicamente (hablamos de Mihura) caricaturizado, que reacciona contra los tópicos del flamenquismo (andaluz, no belga), y sustituye la capillita de santos habitual por un despacho con retrato de Ortega y Gasset y obras de Schopenhauer.
En cualquier caso, feliz lectura.

Viernes, 22 de Abril de 2005

He comentado alguna vez ya por aquí o por allí, seguro, que lo que a mí me pone de verdad en un hombre es el «puntito canalla»; para tranquilidad de feministas (y feministos) concienciadas (y concienciados) y desolación de sádicos, diré que no tiene nada que ver con que me guste que me hagan sufrir, que además no me gusta y lo hago muy mal, lo que de verdad hago bien es disfrutar; es una mezcla de inteligencia y retranca que me puede, pero no es fácil de explicar, o mejor dicho, sería demasiado largo y como tampoco estoy convocando oposiciones al puesto, porque en mi vida ya existe el titular (cawen, con lo bien que quedaría un enlace aquí para el cotilleo : P), dejémoslo ahí respecto al «plano privado» y que cada uno se haga su composición, dentro de un orden.

Pero uno de mis canallas favoritos, Calamaro, llevaba once años, once, acusado de un delito de apología de la droga, en Argentina, porque durante un concierto dijo «estoy tan a gusto que me fumaría un porrito», y finalmente ha sido absuelto. No termino de entenderlo bien, será que allí no ha cantado nunca «aquí no podemos hacerlo» o que la metáfora es tan sutil que no lo entienden quienes se preocupan de denunciar, aunque en «Loco» está bastante más claro.
No voy a enredarme en lo de las drogas y su consumo, ni en si es artificial o no la distinción entre blandas y duras, ni en la delincuencia que provocan o conllevan, porque sólo quiero alegrarme, con el fundamental y egocéntrico motivo de que él me gusta, de que le hayan absuelto y haya regresado a los escenarios aunque sea lejos.

A mí no podría cantarme nunca «mil horas»…

Jueves, 21 de Abril de 2005

Por horario suelo ver los telediarios de Antena 3, en los que dedican cinco minutos a la noticia principal, otros cinco a una miscelánea de noticias del día, como un cuarto de hora a sucesos y curiosidades entre los que no puede faltar una noticia de la propia cadena o de las empresas que forman parte de su accionariado, lógicamente laudatoria, una especie de autobombo, y el resto al deporte (cuando digo deporte, entiéndase fútbol, y más concretamente Real Madrid y Barcelona, apenas una victoria de Alonso en Fórmula 1 desplazará el interés que puede suscitar que Etoo haya vuelto a explayarse en una rueda de prensa, yo no sé por qué se empeñan en que hablen los futbolistas, o que en pretemporada los utilleros del Real Madrid jueguen un partidillo). Con el tiempo desproporcionado que dedican a lo que yo acabo de denominar sucesos y curiosidades, es lógico que cualquier película española tenga en esos telediarios tres momentos de atención: cuando anuncian el inicio del rodaje, cuando terminan la película, y el estreno, propiamente dicho, que a mí me parece lo único que tendría que anunciarse, pero en fin, todo sea por combatir la marginación en la que dice estar sumida la gente del cine.
Ver estos telediarios me produce una sensación de déjà vu constante, y más ahora que no sólo ocurre con las películas españolas, de un tiempo a esta parte también sucede con las leyes, porque, a ver ¿cuántas veces vamos a celebrar que se apruebe la reforma del Código Civil para permitir los «matrimonios» entre personas del mismo sexo? Lo lógico sería hacerlo una vez, cuando se hubiese producido la reforma ¿no? Pues yo ya he perdido la cuenta desde marzo del año pasado, sinceramente. Es más, yo creo que si se preguntase a un grupo heterogéneo de personas, pensarían que ya estaba aprobado; pero no, hoy es el día elegido. Aquí está [en pdf] el texto debatido en el Congreso, que tiene sus rasgos de humor, como este párrafo de la exposición de motivos:

Subsiste no obstante la referencia al binomio formado por el marido y la mujer en los artículos 116, 117 y 118 del Código, dado que los supuestos de hecho a que se refieren estos artículos sólo pueden producirse en el caso de matrimonios heterosexuales.

Digo yo que será un rasgo de humor, porque ni al más reivindicativo de los homosexuales se le ocurrirá que puede encajar (no al menos hasta que no evolucione la biología un poquito más) con su pareja aquí :

Artículo 116.
Se presumen hijos del marido los nacidos después de la celebración del matrimonio y antes de los trescientos días siguientes a su disolución o a la separación legal o de hecho de los cónyuges.
Artículo 117.
Nacido el hijo dentro de los ciento ochenta días siguientes a la celebración del matrimonio, podrá el marido destruir la presunción mediante declaración auténtica en contrario formalizada dentro de los seis meses siguientes al conocimiento del parto. Se exceptúan los casos en que hubiere reconocido la paternidad expresa o tácitamente o hubiese conocido el embarazo de la mujer con anterioridad a la celebración del matrimonio, salvo que, en este último supuesto, la declaración auténtica se hubiera formalizado, con el consentimiento de ambos, antes del matrimonio o después del mismo, dentro de los seis meses siguientes al nacimiento del hijo.
Artículo 118.
Aun faltando la presunción de paternidad del marido por causa de la separación legal o de hecho de los cónyuges, podrá inscribirse la filiación como matrimonial si concurre el consentimiento de ambos.

Sigo diciendo que lo único que no me gusta es que lo llamen matrimonio, cuando perfectamente podían haber regulado una «unión civil» con los mismos efectos, y creo que la reforma es más avanzada de lo que la sociedad admite en la práctica (no en la teoría, que en la teoría somos todos estupendos), sobre todo en lo referente a la adopción, pero no está mal que por una vez la ley vaya por delante.
Sin embargo, cuando vea en el telediario «el primer matrimonio de gays» y «la primera boda de lesbianas», me parecerá que estoy otra vez viviendo el día de la marmota.

Miércoles, 20 de Abril de 2005


Hay fechas que tienen canción, como hoy, y hacen que desde que he fechado lo primero que he escrito esta mañana, lleve cantando mentalmente (hoynoqueee da ca-si naaadie de losdeantes y los quehay han cambiaaaaaado síiiii). Y además, tener la fecha en la cabeza me va a ayudar a recordar que tengo que felicitar a Esther y Maribel por su primer año de blog.
Pero eso es porque yo tiendo al conjunto vacío, porque hoy realmente mi mente tenía que andar en cosas de mayor enjundia, tendría que estar dándole vueltas a Ratzinger desde el punto de vista correcto, es decir, lamentándome de que la Iglesia haya elegido lo que cree que le conviene. Posiblemente la católica es la única religión del mundo de la que todo el mundo opina, y con particular encono quienes se consideran fuera de ella, que hoy estarán enfadados con el Espíritu Santo en el que no creen y diciendo que se equivocó la paloma, pero me parece que el Espíritu Santo va a lo suyo (o a los suyos, según se mire).
Lo mío es diferente, porque cuando un zapato no me encaja, pido un número más en la tienda, y no critico al pobre zapato de talla insuficiente que no puede albergar mi maravilloso pie (lo de maravilloso es coña, no hay parte más fea en el cuerpo humano que los pies, exceptuando quizá algunas orejas) y tampoco estoy dispuesta, como las hermanastras de Cenicienta, a cortarme los dedos para ponerme el zapatito, que bastante castigo yo a mis pies con los tacones.

A mí lo que de verdad me intriga es cuánto vamos a tardar en convertir a Benedicto XVI (o sea, decimosexto si estamos hablando en español) en Benedicto dieciséis, o incluso, siguiendo la senda de algún ministro de cultura (que no era Esperanza Aguirre), en Benedicto dieciseisavo.

Martes, 19 de Abril de 2005


Ayer, cuando escribí el post, lo hice pensando en que era una exageración trasladar el peso de la educación de un niño, y sus hábitos alimentarios en aquel caso, a un guante de peluche venido a más. Hoy pienso lo contrario. Los dibujos animados y los programas infantiles impresionan el cerebro incluso de gentes que nacieron cuando no había televisión, o al menos no llegaba a su pueblo. Porque sólo así se entiende la simpática anécdota de Carmen Calvo, hilarante si no fuese porque esta paritaria modelo del Vogue es la ministra de Cultura. Alguien dirá: puede que Carmen Calvo ignore cualquier rudimento de latín; pero me he informado buceando en el currículum vítae (biografía para ella) que hay en la página de la Moncloa, cerquita de la celebración del año de talante, y esto no puede ser cierto por dos motivos:
1º porque la muchacha estudió Derecho y luego fue profesora de Constitucional, y como supongo que entendería los textos que tuvo que leer, al menos manejará cosas como excusatio non petita…, in dubio pro reo, prior tempore…, o como poco, habeas corpus, amén de sic, dixit y verbi gratia.
2º porque los nacidos en Cabra digo yo que al menos recordarán la respuesta de Muñoz Alonso a José Solís, sonrisa del régimen (de Franco), y buceando en la página de la Moncloa, entre la celebración del año de talante, he visto que esta chica nació también en Cabra, provincia de Córdoba, y al latín le debe que su gentilicio no sea el que yo le aplico mentalmente en momentos de calentura.
Por tanto, no es achacable a la ignorancia el lapsus que tuvo, aunque no sé si eso sería mejor, ya que la ignorancia (pese a ser atrevida) puede ser curada pero la estupidez es eterna.
Lo que sí parece seguir ignorando es que Salamanca forma parte de Castilla y León, eso no hay quien se lo meta en la cabeza y le sorprenden las reacciones a su presencia en la comunidad; o quizá es que ya lo sabe (nunca es tarde) pero le da igual, porque en España todo da igual mientras los llorones y chantajistas habituales estén contentos, todo puede ser.
En cualquier caso, Carmen Calvo nunca podría ser Pixie o Dixie, todo lo más, podría aspirar a encarnar al gato Jinks si pierde el premio de tonta del año para el que va tan bien encaminada. Pero la competencia es dura.


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