Será que me falta sensibilidad, aunque mi piel lo desmiente con una constancia admirable, pero nunca he logrado ofenderme con las cosas que ofenden a la mayoría de la gente, o al menos a la mayoría de la gente organizada en asociaciones (incluso en redes, que es más) que velan por nuestra moral pública y nuestras costumbres. No me ofende que mi acompañante me retire la silla para que me siente, salvo si lo hace alevosamente y con intención de que me caiga al suelo (lo siento, no me ha resultado nunca gracioso verlo en los demás, así que supongo que ser yo la protagonista tampoco me haría mucha gracia), ni me fastidia que me cedan el paso en una puerta aunque tampoco me molesta ni se me caen los anillos (básicamente porque los uso de mi talla) si tengo que abrirla yo. Ya había notado que era especialmente grave el asunto con el tema de las canciones, porque ni me siento concienciada cuando una cantante se sube al carro del último problema social y hace la letra que puede, ni me sentí ultrajada con el «sí, sí» de Los Ronaldos ni con el «la mataré» de Loquillo; por tanto, iba a ser difícil que me tocase la moral una canción nunca, y menos la que va a Eurovisión este año, que ni siquiera la he escuchado, aunque sí he podido leerla aquí.
Menos mal que hay asociaciones que se preocupan por mí y por los que como yo no sepáis cuando es necesario atacar la letra de una canción por cualquier -ista que se le pueda aplicar (sustitúyase oportunamente el guión por mach, rac, sex, fasc).
La queja se organiza por frases como estas:

tu me dominas con sólo mirarme
y no hacen falta cuerdas para atarme

Además, en esto RTVE es reincidente, porque ya mandó a Trigo Limpio hace años con una canción incorrecta que luego cantó Siniestro Total. Claro que antes los transportes amorosos justificaban la literatura (buena y mala) y las canciones (buenas, malas y peores), y así quien aprendía sus frases leyendo o escuchando podía decirle a su amante cosas como «hazme tuya», que ahora suena raro y como a melodrama pero en algún momento habrá estado de moda, incluso pasando a terrenos más verdes, en pleno intercambio sexual podía gritar algo como «rómpeme» o vaya usted a saber qué cosas, incluso es posible que de ahí sacase algún letrista su información, que es muy fácil suponer que todo el mundo entenderá que es en sentido figurado, pero hay que andarse con cuidado no sea que alguien lo escuche y lo tome al pie de la letra, por eso está bien esta vigilancia, por lo menos hasta que nos hagamos maduros y responsables como sociedad. Seguro que alguien apela a la libertad del creador, por pésimo que sea el creador, e invoca el fantasma de la censura por la inocente petición de la red esta de cambiar algunas frases, pero no importa, siempre habrá desagradecidos que no entiendan que su transformación en correctoras de estilo es por el bien común. Y para contribuir a ese bien común, yo aprovecho y pido que cambien también las frases siguientes:

ni la fantástica lechuza, ni las alas de una musa
y estofadas con melones y cerezas.

Por varios motivos, el menor de los cuales no es que me dé la risa al leerlo, pero también porque un estofado con melones suena bastante ordinario (melón es una palabra basta, tendría que estar proscrita de cualquier manifestación cultural excepto de la promoción turística de Villaconejos), y sobre todo porque ¿qué culpa pueden tener las musas de la tontería de nadie? ¿y las lechuzas? ¿es necesario cantar su mutilación por enamorada que esté una?