Alma impotente
Tal vez porque pienso que nuestros recuerdos dan forma a nuestra vida es por lo que contemplar, aunque sea de lejos, una pérdida de memoria me perturba, aunque no tanto como lo hizo «Memento». O puede ser porque un hombre joven, sin identidad ni pasado, sin memoria propia ni prestada, es un lienzo en blanco, alguien a quien podemos mirar y dotar de una historia romántica, heróica, trágica, fantástica, negra… Puede ser cualquier cosa que queramos, porque sólo sabemos que estaba mojado, que no habla y que toca el piano, como si al abandonarle Mnemósine hubiese dejado velando por él a una de sus hijas.
Si fuese un personaje, y no una persona, podrÃa imaginarle al borde de un acantilado, recién desengañado por un amante cruel que ha esperado al fin de su actuación en el restaurante del remoto hotel para anunciarle que le abandona para siempre, con lo largo que es siempre cuando hay desamor; o en una playa, al borde del agua, avanzando lenta pero decididamente hacia el horizonte, en dirección al punto por donde cree que desaparecieron sus esperanzas; o en su casa, interrumpiendo su melodÃa al grito de una madre angustiada que ve impotente como se llevan las aguas a su hijo, lanzándose él demasiado tarde en un inútil intento por recuperarle; o tocando en el salón de la casa de la playa de un mafioso de pelÃcula mientras mira a su chica, dejando de tocar cuando suenan las balas, corriendo hacia un embarcadero, huyendo de la muerte y de los cadáveres calientes mientras se interna en el mar sin rumbo; o persiguiendo el eco de una melodÃa lejana que sólo él escucha procedente del centro del océano, intentando aproximarse para escucharla mejor y poderla interpretar después…
Cuando recupere el habla (si lo recupera) no podrá inventarse un pasado nuevo cada dÃa, o cada temporada, ni adornar el propio, porque su misterio parece estar a punto de resolverse.
En un mundo como el nuestro los misterios duran menos que las imposturas, especialmente en nuestro paÃs, donde tanto abundan las biografÃas «adornadas», cuando no son completamente inventadas, donde tantos lucharon contra «el régimen» y exhiben un pasado heróico recreado a finales de los setenta, que debió ser una época especialmente fértil en imaginación; aunque no creo que pensasen en eso en el mayo francés cuando gritaban lo de «la imaginación al poder». Claro que luego se descubre la mentira de un «venerable» anciano y pasa moderadamente desapercibida, no sé si «porque su intención era buena» o porque como aviesamente dicen algunos, le redime el ser de izquierdas y a fin de cuentas es la izquierda la que tiene el patrimonio de la verdad, aunque a mà el tipo este me parece un impúdico caradura.









