Aunque Homero dice que Helena, Clitemestra, Cástor y Polideuces (Pólux) eran todos hijos de Tíndaro, a mí me gustan más las versiones que hacen a algunos de ellos fruto de la unión de Leda con Zeus transformado en cisne para escapar de la ira y las miradas de Hera, y, sobre todo, por simétrica, la que hace a Helena y Pólux hijos de Zeus, y a Clitemestra y Cástor hijos del rey de Esparta.

De cualquier manera, Cástor y Pólux son conocidos como los Dioscuros («los jóvenes nacidos de Zeus»), y su historia es conjunta, pues además de gemelos (nacidos de distinto padre, pero en la misma nidada), fueron inseparables.
Formaron parte de la ilustre lista de Argonautas, entre los que figuraron también Peleo, Teseo o el mismo Heracles. Durante la travesía del Argo la habilidad como boxeador de Pólux logró que saliesen con bien del encuentro con el rey Ámico, hijo de Posidón, quien retaba a todos sus visitantes a combatir con él a muerte; muerte que por otro lado era segura si no se aceptaba el reto porque en ese caso se arrojaba al cobarde (o sensato) desde el acantilado más alto. Cástor era un experto jinete y, con su hermano, ayudó a Jasón, el héroe tesalio, a destruir Yolco cuando regresaron con el vellocino de oro. Juntos también liberaron a su hermana Helena, que había sido raptada a los doce años por Teseo y Pirítoo, dando qué hacer ya desde pequeñita.
Pero no son los únicos hermanos inseparables que encontramos en la mitología griega. Menos conocidos por sus nombres, estaban también Idas y Linceo, primos hermanos de los Dioscuros. Eran hijos del rey de Mesenia, Afareo, aunque a Idas se le considera a veces hijo de Posidón, y su historia está ligada a la de Cástor y Pólux, con quienes compartieron aventuras, como la caza del jabalí de Calidón o la travesía del Argo. Ligados, pero rivales siempre, porque Linceo e Idas estaban prometidos a sus primas Hilaíra y Febe, hijas del rey Leucipo, cuando los Dioscuros las raptaron y las llevaron a Esparta, donde las hicieron sus esposas.

Un día, las dos parejas de gemelos prepararon una expedición a la Arcadia para robar ganado, y a la vuelta, Idas lanzó un desafío: el primero que terminase de comer su parte de carne obtendría la mitad del rebaño, y el segundo la otra mitad. Cástor y Pólux aceptaron el reto que en realidad era una trampa, puesto que Idas había distribuido las carnes de modo que les favoreciera a él y a su hermano la división, por lo que terminaron rápidamente sus porciones y obtuvieron todo el ganado. Burlados y furiosos, los Dioscuros hicieron una incursión en Mesenia y robaron de nuevo las reses, llevándolas a Esparta.
Sus primos se lanzaron en su persecución, y la vista prodigiosa de Linceo los localizó en una encina hueca, donde se habían refugiado. Idas se deslizó detrás del árbol y atacó a Cástor con su jabalina, hiriéndole mortalmente. Pólux persiguió a sus primos, y logró matar a Linceo, mientras que Idas fue fulminado por Zeus, que intervino en favor de su hijo cuando el Dioscuro estaba a punto de ser alcanzado.
Habiendo terminado con ellos, Pólux volvió junto a su hermano agonizante, y suplicó a su padre que no le dejase vivir si Cástor moría, o que le convirtiese también en inmortal, pero que no les separase para toda la eternidad. Zeus, conmovido, accedió a que Cástor (la contraestrella) compartiese la inmortalidad que le correspondía a Pólux (la muy brillante) y desde entonces se les puede ver siempre juntos, en el cielo.