Entradas archivadas en Mayo dEurope/Berlin 2005

Jueves, 19 de Mayo de 2005

Me pasa el Camarada Bakunin el testigo de un juego iniciado por Superporcel.
La invitación consiste en contestar el cuestionario que viene a continuación, y luego pasar el testigo a cinco blogueros. O sea, que es un poco como los correos en cadena pero sin la promesa de una vida llena de polvos mágicos, sin que se te cumpla uno de los tres deseos que pides y sin que el no contestar amenace con llevar a tu vida todos los males y convertirla en un infierno.

Cuestionario propiamente dicho:

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:

Muy poquito, limpio a menudo: 1 Gb

Último disco que me compré:

Hummmmmmm, fue hace mucho y no lo recuerdo, ahora no compro música, estoy de boicot a la SGAE. El último original que entró creo que fue «Paisajes eléctricos» de Radio Futura.

Canción que estoy escuchando ahora:

Serpiente con tacón de Lorca

5 canciones que escucho un montón o que tienen algun significado para mí:
  • There is a light that never goes out, de The Smiths
  • Semilla negra, de Radio Futura
  • Sin documentos, de Los Rodríguez
  • Mojándolo todo, de Aute
  • Prometeo, de Extremoduro

y faltan muchísimas, ya sabéis, no soporto a las niñas que todas las canciones les recuerdan algo… : P He considerado muy seriamente durante un rato la posibilidad de incluir en la selección el «Mil albricias», ya que lo canté un par de veces al año durante 15 cursos en el colegio y aún lo canto una vez al año en una de esas ceremonias familiares sonrojantes para el que las contempla sin atenuante de parentesco, pero he pensado después que si alguien tiene la tentación de tenderme en algún sitio, mejor que no sea en el diván de un psicoanalista.

Agraciados con el testigo:

Maribel
Ararat
Jio
Wolffo
DiviNa Gilda
espero que no os importe y que no os lo toméis a mal.

Miércoles, 18 de Mayo de 2005

Tal vez porque pienso que nuestros recuerdos dan forma a nuestra vida es por lo que contemplar, aunque sea de lejos, una pérdida de memoria me perturba, aunque no tanto como lo hizo «Memento». O puede ser porque un hombre joven, sin identidad ni pasado, sin memoria propia ni prestada, es un lienzo en blanco, alguien a quien podemos mirar y dotar de una historia romántica, heróica, trágica, fantástica, negra… Puede ser cualquier cosa que queramos, porque sólo sabemos que estaba mojado, que no habla y que toca el piano, como si al abandonarle Mnemósine hubiese dejado velando por él a una de sus hijas.
Si fuese un personaje, y no una persona, podría imaginarle al borde de un acantilado, recién desengañado por un amante cruel que ha esperado al fin de su actuación en el restaurante del remoto hotel para anunciarle que le abandona para siempre, con lo largo que es siempre cuando hay desamor; o en una playa, al borde del agua, avanzando lenta pero decididamente hacia el horizonte, en dirección al punto por donde cree que desaparecieron sus esperanzas; o en su casa, interrumpiendo su melodía al grito de una madre angustiada que ve impotente como se llevan las aguas a su hijo, lanzándose él demasiado tarde en un inútil intento por recuperarle; o tocando en el salón de la casa de la playa de un mafioso de película mientras mira a su chica, dejando de tocar cuando suenan las balas, corriendo hacia un embarcadero, huyendo de la muerte y de los cadáveres calientes mientras se interna en el mar sin rumbo; o persiguiendo el eco de una melodía lejana que sólo él escucha procedente del centro del océano, intentando aproximarse para escucharla mejor y poderla interpretar después…
Cuando recupere el habla (si lo recupera) no podrá inventarse un pasado nuevo cada día, o cada temporada, ni adornar el propio, porque su misterio parece estar a punto de resolverse.

En un mundo como el nuestro los misterios duran menos que las imposturas, especialmente en nuestro país, donde tanto abundan las biografías «adornadas», cuando no son completamente inventadas, donde tantos lucharon contra «el régimen» y exhiben un pasado heróico recreado a finales de los setenta, que debió ser una época especialmente fértil en imaginación; aunque no creo que pensasen en eso en el mayo francés cuando gritaban lo de «la imaginación al poder». Claro que luego se descubre la mentira de un «venerable» anciano y pasa moderadamente desapercibida, no sé si «porque su intención era buena» o porque como aviesamente dicen algunos, le redime el ser de izquierdas y a fin de cuentas es la izquierda la que tiene el patrimonio de la verdad, aunque a mí el tipo este me parece un impúdico caradura.

Martes, 17 de Mayo de 2005

A veces mirar alrededor resulta doloroso.
Porque tenemos asumido que llevamos una andadura democrática de más de veinticinco años, porque a mí lo más que me puede pasar si a alguien no le gusta lo que pienso, digo o hago, es que me deje de hablar si tenemos relación, o de leerme si no la tenemos (en personas normales, digo; con otras puede ocurrir lo contrario justamente : P). Pero existe un territorio en España donde discrepar condena a una muerte social primero (y en el mejor de los casos), como contaba Wolffo el otro día en este artículo, y al exilio o a una muerte real después, vía asesinato.
Un sitio que tiene un Parlamento donde se sientan asesinos que velan por los Derechos Humanos de aquellos a quienes su banda no condena a muerte, al lado justo de los compañeros de los asesinados; un Parlamento hoy bloqueado, donde la llave puede llegar a estar en los más miserables de quienes lo componen.
Un lugar donde los valores están corrompidos de tal modo, que ni siquiera extraña que se puedan escribir cartas abiertas como ésta al secretario general de los socialistas vascos, de la que entresaco algunos párrafos, pero merece una lectura atenta y completa:

[...]¿Qué nos han hecho a los socialistas los votantes vascos del Partido Popular para que su representante política merezca menos cortesía, en el fondo y en la forma, que la que le brindaste a esas tres mujeres de EHAK, que, según confesión propia, serán la voz de los cómplices de ETA en el Parlamento vasco?

[...]¡Qué lejos quedan las palabras del actual presidente del Senado, Javier Rojo, cuando él todavía pensaba que a los socialistas y a los populares en el País Vasco nos unen muchas más cosas que las que nos separan, cosas mucho más importantes que nuestras respectivas ideologías!: ‘En los campos de exterminio nazis a ningún judío le preguntaban si era de izquierdas o de derechas’. Pero parece que ya no queremos ver esa realidad, que pretendemos olvidarla.

[...]No olvidamos que ellos y nosotros seguimos viviendo con escoltas, y que gracias a ellos hay en Andoain un Gobierno municipal democrático. Y un alcalde socialista. No nos olvidamos que en el País Vasco, los votantes del PSE y los del PP tienen tantas cosas en común que en elecciones autonómicas se producen trasvases automáticos de votos entre ambas opciones, concentrándose en aquélla que coyunturalmente consideran más útil para derrotar al nacionalismo obligatorio.[...]

Mientras, en el Congreso de los Diputados, los partidos que representan a la mayoría de los españoles ignoran que aquellos a quienes tienden la mano han sentado bases para el diálogo en el fin de semana, viven cautivos de unos cientos de miles de votos, rehenes de las minorías gritonas que pervierten todo, sin lograr acuerdos básicos ni siquiera en asuntos como el terrorismo, en el que se juegan libertades y derechos, pero sobre todo algunos se juegan la vida.
Muchos la han perdido ya.

Lunes, 16 de Mayo de 2005

Hay gente que abre su boca e invariablemente suelta una gansada. Alguno (y alguna, voy a ser políticamente correcta y gramaticalmente redundante para que no haya duda) cuando mueve los labios se distingue de los peces en que no tiene branquias, hable de fútbol, de política o de su apasionante vida ¿privada? Claro que en el fútbol se da con abundancia la especie. Alguien con un poco de caridad tendría que evitar ese afán por los micrófonos; si yo fuese aficionada al fútbol agradecería que no les dejasen abrir la boca si no es con un guión previo que renueve los tópicos que los pobres se ven obligados a repetir tras cada partido y cada entrenamiento (entreno para ellos) para llenar las horas y horas de información deportiva (o sea, de fútbol) que hay en España. Aunque quizá los aficionados al fútbol disfrutan con estos reyes del lugar común, antítesis andantes de la elocuencia.
Será por eso que «La Vanguardia» comienza hoy un artículo diciendo que

Hay noches en que cada segundo es una maravilla. Cada instante, un recuerdo. Cada palabra, un mensaje.

No sé si hay que ser muy crueles con gentes que llevan tanto tiempo sin ganar nada (¿seis años?), y con un pobre ignorante dedicado sólo a ejercitar las piernas y no sus neuronas (obsérvese que supongo que tiene alguna más de las necesarias para respirar y correr al tiempo) excepto, imagino, para calcular hacia donde dirigir la patada. El problema, más que en lo que diga este tontito de baba al que se le vienen riendo las gracias por la prensa y la afición, está en que habrá supuesto que estaba diciendo lo que querían escucharle, con esa habilidad innata de los estúpidos para hacer de voceros de otros más listos y más zorrones que ellos, que son los que luego se encargan de pedir comprensión.

Quizá esta vez se ha equivocado y nadie en el campo de fútbol se ha alegrado de lo que ha dicho. Quizá no era Barcelona. Quizá no aspira a ser imagen del Régimen. Quizá eso no es la inmersión. Pero él no lo sabe porque no se lo han explicado bien. O puede que tenga como meta ser pareja de Carod Rovira en el teatro chino.
Eso sí, tendrán tanto cava para celebrarlo que pueden dedicarse al descorche si como pareja cómica no triunfan.

Jueves, 12 de Mayo de 2005


La plaza está ahora entre sol y sombra.
Estoy casi a gusto sentada en este escalón, acompañada por un grupo de gente innominada pero conocida. Si no fuese por estas palomas que revolotean sin pañal ignorando la civilización…
Suena una música amortiguada. Casi es excesivo llamarla aún música, sólo son sonidos.
Un tipo rubio con melenita de príncipe y cara como para una bofetada acaricia su guitarra. Con los primeros acordes nos levantamos los siete u ocho que estamos juntos, sentados en la escalera, haciendo nada. Ahora le miramos desde un poco más arriba (le miro, en realidad; sé que estoy acompañada pero no sé quien está a mi lado, sus actos parecen depender de mi voluntad, y se vuelven borrosos hasta casi desaparecer). Antes ni siquiera habíamos reparado en su presencia ni en la del grupo que le rodea mirando como toca.
Va con su guitarra porque sin ella es invisible.
Las palomas se callan y desaparecen; quizá sólo es que lo que no molesta no existe.
Sólo puedo mirarle a él, aunque es todo lo contrario de lo que me gusta. Pero me siento como una serpiente, no sólo porque esté mudando la piel, también porque sus acordes casi susurrados y repetidos tiran de mí, me levantan aunque no lleguen a elevarme, me hacen mirarle, me impulsan a intentar cantar.
Intento articular las palabras de esa melodía que conozco y que no escuchaba desde que era una niña, cuando sólo había cintas y discos, cuando los padres eran gente que nunca iba a dejar de estar a tu lado, protegiéndote.
El rumor de las palabras, sordo e ininteligible, va creciendo: otros antes que yo han encontrado la canción y se unen al coro, que va subiendo de intensidad.
Sé que conozco la melodía, que si hago un pequeño esfuerzo puedo unirme a ellos, y me apetece aunque todavía parece un rezo.
De repente, dejo de pensar y sólo así mis labios logran moverse para decir «¿qué cantan los poetas, poetas andaluces, de ahora?»


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