Entradas archivadas en Junio dEurope/Berlin 2005

Jueves, 30 de Junio de 2005

La decoración de las casas parece sencilla leyendo los suplementos dominicales o las revistas que se dedican a estas cosas, una vez que se asimila la jerga de ambientes acogedores y se consigue reprimir las carcajadas al leer que existen cosas para conseguir en tu casa el aroma de un loft de Nueva York, lo cual viene a demostrar que los lofts de Nueva York huelen mucho mejor que la escalera de una casa de vecinos en una capital de provincia a las tres de la tarde, porque ese aroma a nadie se le ha ocurrido embotellarlo ni ponerlo en una vela; o puede ser que aquí nos falta imaginación y vamos del aroma de pino al de rosa, y ya en plan delirio quizá compramos el ambientador de Royal Ambré.
Yo voy tomando notas mentales de todas las sugerencias, y por ejemplo sé perfectamente como tengo que decorar la piscina de mi ático (cuando tenga ambas cosas, claro), y como crear un ambiente acogedor para que cuando celebre allí cenas «casuales», que vienen a ser aquéllas que necesitan tres días de preparativos y en las que hay más comensales que sitios para sentarse, no se mezcle la arena usada para dar el toque playero con las brochetas de anchoítas y vegetales de temporada o con el pollo divertido (y sin salsa, que la salsa con la arena tiene que hacer un barro excepcionalmente pringoso, aunque sería peor si la salsa fuese de pato, que es más graso). Con la profusión de velas que recomiendan usar en estos casos empiezo a sospechar que quienes redactan estas secciones o hacen las pruebas con maniquíes, o están buscando el patrocinio de alguna empresa de extintores, porque a mí la experiencia me dice que la gente muy hábil no es en general, y con unas copas encima suele serlo menos aún, así que si tienen que comer y beber en equilibrio, y evitando velas y arena, más que una cena informal terminaría siendo una gymkana; menos mal que al menos pueden ir cómodamente (des)vestidos. Y tengo presente lo esencial que es instalar una ducha en medio de la terraza para que los invitados se quiten la arena antes de meterse en la piscina (que si quisiéramos un espectáculo de lucha en barro el procedimiento y los invitados serían otros) y el cloro cuando salgan de ella.
Como digo, yo iba haciendo acopio de ideas, sacándolas de los suplementos dominicales, esencialmente del que venden con «El Norte de Castilla» (decano, por cierto, de la prensa diaria española) y mil periódicos locales más, cuando ha ocurrido algo que me ha hecho darme de bruces con la, en este caso más que nunca cruda, realidad. A mi madre le han regalado esto:

Cuando nos lo enseñó, yo sólo dije «sufro», y uno de mis hermanos preguntó «¿Por qué? ¿hemos hecho algo malo?», con la consiguiente bronca de mi madre, que considera que hay que agradecer todos los regalos (que bueno, vale, estamos de acuerdo, damos por hecho la buena voluntad de quien regala, y agradecemos el detalle) y además le ha buscado a eso un sitio donde se ve (y aquí es donde discrepamos, porque bien, suponemos la buena intención, pero también el camino del infierno está lleno de buenas intenciones). Se ve mucho. Además, una vez que el ojo humano detecta la figurita, es incapaz de dejar de mirarla, se borra todo alrededor. Y este tipo de regalos tiene una vida eterna, se puede romper todo lo de la casa pero eso no; es más, puede arder la casa, que entre las cenizas de lo que fue tu hogar encontrarás la figurita entera, acompañada del porrón de porcelana en el que pone Alcázar de Segovia, como mucho con leves daños.
Así que de repente me he dado cuenta de que yo puedo ponerme al día en las últimas tendencias de decoración, ser tirando a minimalista, escoger con cuidado todo lo que compro y de repente puede llegar alguien, lleno de buena intención y cariño, y regalarme una figurita recuerdo de Benidorm (o una de Lladró, a mí me disgustan por igual) y además de no saber como rechazarla me dará cargo de conciencia esconderla; o varias. O un gato de escayola. O un enano de jardín para terminar de dar ambiente al ático con piscina a la que se sale desde el salón con aromas de loft de Nueva York.
Yo prometo que me conformo con flores o bombones.

Miércoles, 29 de Junio de 2005

Dos noches llevo llegando a casa sin poder echar un vistazo a la mitad de los blogs que me gusta leer porque muchos tuvimos la, ahora parece mala, idea de mudarnos a bitacoras.com a principio de año.
Con una frecuencia desesperante cada vez que intento acceder a mi bitácora o a alguna de las alojadas en este portal me encuentro con este detalle de encantadora ingenuidad:

Digo encantadora ingenuidad porque sólo bitacoras.com no esperará el error, a mí lo que me asombra es el día en el que todas las veces que intento entrar, o escribir, o editar, o subir una imagen, o poner un comentario, me lo permite, porque se cae más que Bambi el pobre portal. El último corte ha durado aproximadamente 13 horas (cuando estaba escribiendo esto, pero entre ponte bien y estate quieta, se ha vuelto a caer y puedo publicar este desahogo como hora y media después de haberlo escrito)

Y sometida a esto, yo dejo de ser la PrincesadelGuisante y me convierto más bien en

Lo peor de todo es que me va a tocar mirar lo del WordPress y abusar de algún amigo a ver si logro reunir en un sitio que no se desconecte las ventajas de éste (que las tiene, por cabreada que yo esté hoy). Me preocupa un poco también lo de cambiar tres veces de sitio en un año, porque en lugar de la princesa del guisante pasaré a ser «el culo de mal asiento», pero esta vez ya sabéis quien tendrá la culpa.
Y aprovecho para indicar que ésta no es la página del culebrón de la uno que debe de tener un éxito de audiencia impresionante, pero lo normal es que la página del puñetero frijolito no se llame princesadelguisante, ni soy una amante de las hadas aunque una vez pusiera una ilustración con una, por favor, que me están inundando. Mardito buscador… Que como sigamos así voy a poner el aviso que tienen en esta bitácora antes de los comentarios y que encontré el otro día buscando fotos de la tormenta.
No os preguntéis dónde está el enanito gruñón: me lo he tragado yo hoy.

Martes, 28 de Junio de 2005

Las comunidades de vecinos son unos sitios estupendos, y las reuniones periódicas que tienen que celebrar suelen ser perfomances tirando a surrealistas que, si te toca presenciar con un poco de cansancio acumulado o poco humor por las buenas, no puedes apreciar en toda su intensidad. Claro, nadie tiene la culpa de que llegues cansado y con pocas ganas al jolgorio y se te meta por los oídos la voz de pito estridente de la vecina con mando en plaza durante ese año.
Por un lado la rotación de personas en los cargos está bien, así no le toca siempre al que ni fijándose en los buzones es capaz de elaborar una lista de asistentes a la junta sin faltas de ortografía, y una vez cada cierto tiempo le toca al entregado (o entregada) que con su título de presidente, secretario o tesorero recibe otro de Derecho por la Universidad de la Ciencia Infusa, especialidad en Propiedad Horizontal y Procedimiento, asombrando con sus ideas e iniciativas que el resto, con nuestra cortedad de miras, intentaremos abortar apenas las enuncie por eso que llamamos vergüenza ajena.
Lo malo es que esa rotación de personas en los cargos conlleva un ajetreo de papeles sin control, y por alguna extraña razón los papeles al pasar de unas manos a otras tienden a fugarse por las escaleras. Eso sin duda explica por qué en casa de mi madre durante el fin de semana fueron incapaces de encontrar el contrato suscrito con la empresa de mantenimiento de ascensores y se conformaron con la explicación que les dieron en el teléfono que facilitan para comunicar las averías, a saber: que el servicio 24 horas consiste en acudir a la finca para rescatar a los vecinos atrapados en el ascensor cuando se estropea y punto; el resto de cosas tienen que esperar al primer día laborable. Y lo peor es que igual sí están pagando por semejante servicio.
Yo reconozco que el domingo cuando llegué para comer me enfadé bastante, y sólo la mediación de mi madre evitó que llamase otra vez al 902 que facilitan, por lo menos para poner verde a la empresa ya que los que atienden el teléfono tampoco es que puedan resolver gran cosa y supongo que ahí no me mandarían reiniciar el ascensor como hacían los del ADSL (’reinicie el router y el ordenador’) cada vez que llamaba. Claro que me lo contaron según llegaba al sexto piso montada sobre los tacones y después de una noche de sábado; pero luego, reflexionando, me he dado cuenta de que no está mal el servicio 24 horas, porque a fin de cuentas es verdad que acudieron el sábado sobre las 10 de la noche [supongo que para ellos, como son técnicos, serían las 22 horas, o 2000Z (veinte cero cero zulú)] para sacar a los dos vecinos atrapados en el ascensor, con lo cual la empresa, en un alarde de eficacia, evitó con su actuación que dos seres humanos estuvieran más de 40 horas encerrados en un habitáculo de… (aquí pondría las medidas, pero sabéis que calculo fatal y además hay un espejo para dar sensación de amplitud; pero vamos, yo creo que cuatro personas gordas se rozarán las unas a las otras dentro de la cabina, y eso que todos en un ascensor tendemos a sujetar las paredes) y sin ventilación.
Realmente está muy bien el servicio, porque ya puestos se podría pagar porque fuese un operario de la empresa a repartir un par de orinales, dos botellas de bebidas isotónicas y un par de bombonas de oxígeno; o un poco de valium y unos pañales para adultos; o enviar un cura, y quizá un ministro de otra religión (según la cuota que se pague, claro) para confortar a los futuros exvecinos en sus últimos momentos y poner de serie una cajita en el ascensor con papel, boli, y las instrucciones para redactar un testamento ológrafo, que los notarios tampoco van a estar por acudir un domingo a ningún sitio si no es la tele o algo deportivo.

Domingo, 26 de Junio de 2005

Hace un año y un día ocurría esto, sólo que en otro sitio.
Ese día hice realidad mi «amenaza» favorita durante algún tiempo («a que me hago un blog»), convencida de que los lectores que tenía en ese momento iban a ser los que tuviese la bitácora toda su vida, que yo suponía (acreditando una vez más que como vidente no me podría yo ganar el sustento) breve.
Algún lector más desde entonces se ha añadido, así que a todos los que cada día pasáis por esta página y comentáis, muchas gracias; y gracias también a los lectores diarios y silenciosos, espero que disfrutéis leyendo.

Viernes, 24 de Junio de 2005

Hacía mucho, fuera del tiempo y quizá también del espacio, cuando todo era nada, en medio de la bruma que disfrazaba el falso vacío, habían escuchado la voz contándoles su historia, entremezclados. Pero no lo sabían y no podían recordarlo.
Los dos pertenecían al fuego, que los reclamaba, pero la luna, antes de dejarlos marchar, se aseguró de que al mirarse ambos siempre la recordasen: a ella le dio una piel pálida para que él la viese eternamente reflejada, no sólo al mirar a sus ojos, también al acariciarla; a él le besó con avaricia y donde se detuvo más tiempo surgió el lunar sobre el que ella se deslizaría eternamente hechizada.
Desde siempre, si alguien hubiera sabido todo, habría sabido también que se reconocerían en el mismo instante en que supiesen que existían, y que se encontrarían, aunque no se buscasen, en una noche mágica de hogueras alumbrando la luna.
Para siempre, aprendieron a vivir entre la avidez y la urgencia que sólo pensarse les provocaba, y a recoger cada uno los besos que el otro entregaba al aire cuando estaban separados.


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