A ojo de buen cubero

Mi mente desconoce las referencias que hacen que uno pueda calcular pesos, medidas, edades y tiempos sin instrumentos adecuados, o por mejor decir, para mi mente yo soy la medida. Asà que el tiempo es mucho o poco según sea más ameno o menos lo que yo esté haciendo, y es poquÃsimo si estoy con quien quiero. Lo de estimar una edad mirando a la persona me parece imposible, ni me lo planteo; calculo mejor, por regla general, leyendo lo que alguien escribe, salvo clamorosas excepciones que te pueden llevar a adjudicar 15 años a gente con más espolones que un gallo; aunque seguramente el error no es tal, es sólo que hay cerebros naïf por pura imposibilidad. Las alturas y los pesos también los divido en mucho, normal, poco y adecuado (1,80 si hablamos de altura, por ejemplo : P) según mi particularÃsimo criterio. Y con las medidas me sucede igual: si quiero ver si algo cabe en un lugar determinado, no me queda más remedio que probar, lo cual es un problema en determinadas actividades, como el aparcamiento, para solaz de los que afirman que las mujeres aparcamos mal; bien, las mujeres no sé pero yo sÃ, aunque siempre es peor cuando alguien se pone a dirigir la maniobra con esa vocación de guardia urbano que tienen algunos, mayormente jubilados pero no sólo, alternándola con la de capataz de obras públicas.

Por todo esto, después de ver un rato en la televisión la manifestación del sábado en Madrid (bueno, de verla en TeleMadrid, porque las cadenas nacionales en abierto no consideraron que fuese una noticia como para interrumpir sus programaciones, y yo no llegué a ver el avance de noticias que dio la Primera, que seguro que lo dio, porque ayer sà hizo uno para anunciar que habÃa parido la Infanta Cristina y no va a ser más importante el nacimiento del cuarto bebé de la segunda hija de los Reyes ¿no?) yo sólo sabÃa que habÃa mucha gente, y decidà ver cuánta era mucha por ir fijando una especie de criterio, que ya va siendo hora, sin tener en cuenta que en esto también la cosa depende del que mire: si uno es organizador, un millón, si es policÃa local, 850.000, y si es policÃa nacional, 250.000. Dejando aparte a los organizadores, que puede que sea normal que tengan la tentación de contar «por lo alto», a mà me escama lo de las policÃas, que una cosa es que tengan competencias distintas, y otra que lo del recuento sea tan dispar como para sospechar que lo ha hecho un ciego (perdón, invidente) a ojo; porque no tendrá nada qué ver la distinta dependencia de uno y otro cuerpo de gobiernos de distinto partido polÃtico, creo yo.
Tampoco creo que vaya a tener muchas consecuencias que hayan sido muchos o pocos, el único diálogo que se ofrece a las vÃctimas se aproxima más al de sordos o al de besugos que a otra cosa. La respuesta del Presidente del Gobierno, en resumen, ha venido a ser como «habla chucho que no te escucho», y ha jugado a las diferencias:
«La polÃtica es para mÃ, ante todo, respeto y tolerancia, y cumplir la palabra dada para tener la confianza de la gente. Fijáos si han cambiado las cosas en poco más de un año. Ayer hubo una manifestación en Madrid con miles de personas y el Gobierno les escucha con respeto, igual que escucha al PP en el Parlamento, pero ahora ya nadie insulta a los manifestantes ni llamamos a ningún lÃder «pancartero» o lÃder de pancarta. Eso ya es historia.[...]»
En fin, yo encuentro algunas más, por ejemplo el sábado nadie se fue al terminar la manifestación a Ferraz a tirar huevos o piedras ni a llamar asesino al Presidente.
En cuanto a la palabra dada, no se trata sólo de la que uno, en su mÃnima estatura, ha empeñado (¿quién le ha pedido dialogar y negociar con los terroristas? ¿en qué punto de su programa de gobierno iba?), sino también de respetar los pactos anteriores, aquellos que, entre otras cosas, han permitido que en España miles de familias hayan renunciado a la venganza por la promesa de justicia.
Que el único gesto de este Gobierno para con las vÃctimas del terrorismo haya sido dar un cargo a Peces-Barba y pedir la bendición del Parlamento para un diálogo sin que hayan dicho que van a dejar las armas, legitimando como interlocutor polÃtico a un grupo terrorista en activo, más que gesto es un bofetón. Quizá no en la cara de todos, pero sà en la de muchos, entre los que me incluyo.









