Y a ti te encontr茅 en la calle…
Existen mitos preciosos, y existen mitos que relatan los hechos m谩s incomprensibles para la mente humana. El de Medea puede ser uno de los m谩s estremecedores.

Cuando Jas贸n lleg贸 a la C贸lquide para buscar el vellocino de oro, Hera, que odiaba a Pelias el usurpador del trono de Yolco, rog贸 a Afrodita que ayudase al h茅roe en su empresa. La diosa del amor orden贸 a Eros que lanzase una flecha a Medea, la hija del rey Eetes, nieta por tanto de Helio, y de la oce谩nide Id铆a. A cambio de una promesa de matrimonio, Medea protegi贸 a Jas贸n durante las pruebas-trampa que Eetes le plante贸, y durmi贸 al drag贸n que cuidaba del vellocino cuando, al no cumplir el rey su palabra de entreg谩rselo si las superaba, decidieron robarlo.
Durante la hu铆da, y para lograr escapar de la nave de Eetes que amenazaba con darles alcance, Medea descuartiz贸 a su hermano Apsirto, y fue arrojando sus restos en la estela de la nave; mientras el rey los iba rescatando, el Argo logr贸 alejarse. Tras diversas peripecias lograron llegar a Yolco y Medea enga帽贸 a las hijas de Pelias para que, creyendo rejuvenecerle, matasen a su padre. Jas贸n y Medea tuvieron que huir a Corinto entonces, y all铆 se establecieron, bajo la protecci贸n del rey Creonte. Tuvieron numerosos hijos: Medeo, M茅rmer, Feres, T茅salo, Alc铆menes y Tisandro.
Llevaban ya un tiempo viviendo en Corinto cuando Creonte ofreci贸 a Jas贸n un matrimonio ventajoso, con su propia hija, pues Medea no era sino una extranjera.
Pero ahora desuni贸n es todo y sufrimiento
de aquellos a los que amo, pues Jas贸n a sus hijos
y a mi due帽a abandona por una boda real
con la hija de Creonte, tirano de esta tierra;
y la infeliz Medea, de tal modo ultrajada,
gritando el juramento recuerda y el contacto
de manos, prenda m谩xima, y a los dioses invoca
para que el trato vean que de Jas贸n recibe.
Medea intent贸 que la uni贸n no se llevase a cabo, suplic贸 y amenaz贸 alternativamente a Jas贸n y a Creonte, y al no aceptar el nuevo matrimonio de su esposo fue condenada al destierro, junto a sus hijos. Entonces Medea concibi贸 y llev贸 a cabo una venganza terrible contra quienes le hab铆an puesto en esa situaci贸n:
Me equivoqu茅 en los tiempos en que dej茅 la casa
paterna persuadida por palabras de un Griego
que me las pagar谩 si los dioses me ayudan.
Porque ni ver谩 nunca m谩s vivos a mis hijos
ni podr谩 procrear a otros con la muchacha
reci茅n casada, a quien forzoso sucumbir
ser谩 de mala muerte por obra de mis drogas.
Y que nadie me crea tonta, indolente o d茅bil,
sino, por el contrario, para mis enemigos
tan dura como amable para aquellos que me aman.
Y no hay gloria mayor que la del que es as铆.
Fingi贸 haber recapacitado y aceptar la uni贸n de Cre煤sa y Jas贸n, rogando a su marido que aceptase quedarse con los ni帽os en Corinto mientras ella part铆a desterrada; como muestra de buena voluntad y arrepentimiento envi贸 a sus hijos con unos presentes para la novia: una corona y un peplo que Helio hab铆a donado a sus descendientes.
Cuando la novia recibi贸 los regalos, se los puso inmediatamente, y apenas hubo ajustado la corona a su cabeza, empez贸 a consumirla el veneno con que Medea hab铆a impregnado todo y muri贸 en medio de espantosos dolores. Creonte, viendo as铆 a su hija, se abraz贸 a sus restos y sufri贸 la misma muerte horrible.
Muerta su rival, y antes de huir rumbo al exilio, culmin贸 su venganza contra Jas贸n matando a sus hijos con sus manos y desapareci贸 en el aire en el carro de su abuelo, Helio.
Medea no pareci贸 lamentar nunca el horrible crimen que hab铆a cometido, se volvi贸 a casar, volvi贸 a tener otro hijo, tuvo que huir de nuevo de la tierra que la hab铆a acogido tras el parricidio y nada se sabe de su muerte.
Los fragmentos citados pertenecen a la Medea de Eur铆pides (484-406 a.C.). El mito fue tratado tambi茅n, entre otros, por S茅neca, cuya traducci贸n al espa帽ol realiz贸 Unamuno a petici贸n de Margarita Xirg煤 para inaugurar el festival de teatro cl谩sico de M茅rida.









