Generalmente, cuando se dice de alguien que es el más grande en su ámbito suele ser una metáfora y a nadie se le ocurriría sacar el metro para comprobarlo; pero toda regla tiene su excepción, y existe una actividad donde cuando se habla de los más grandes se hace, además de con toda propiedad, con alrededor de 25 centímetros avalando el cumplido. Sí, sí, ya sé, apenas suponen 5 centímetros más de los que todo el mundo afirma poseer (así aparco yo como aparco, desconcertada), pero claro, en estas cantidades, 5 viene a ser una cuarta parte. De todas formas, no quiero yo acomplejar a nadie que esté cayendo en la tentación de comparar(se), así que aquí dejo este enlace que supongo que a algún lector masculino le proporcionará mucha paz interior, sobre todo si tiene paciencia y llega al final de la página, a las consultas. Y siempre puede uno aficionarse al aceite de Enguera, que vive sus horas más felices (bueno, el aceite no, sus productores) gracias a la referencia que a él ha hecho Nacho Vidal, uno de esos seres que metro en mano pueden demostrar que son de los más grandes en lo suyo; aunque no sé si el aceite realmente ha contribuido a los 25 centímetros o a que haya podido hacer unas 3.000 películas en 10 años, un número bastante elevado si uno piensa en lo que debe desgastar cada escena. Tampoco sé si el remedio es sólo conocido en Enguera o se extiende a todo el Reino de Valencia. Sí, soy un mar de dudas.
De cualquier forma, nada se pierde con probar lo del aceite, supongo que se referiría a ingerirlo, y me parece mucho mejor remedio (menos desagradable) que lo de las criadillas de toro y los escarabajos machacados con los que Doña Germana de Foix intentaba dar un heredero a Aragón. Aunque ahora ya da igual, como Doña Letizia está embarazada los príncipes no corren el peligro de tener que experimentar con ungüentos extraños para engendrar un hijo, para desdicha de algún comentarista del corazón. Claro que el embarazo ha traído otras ventajas, como el mayor aplomo que luce la princesa, exhibido ayer en el amadrinamiento de una bandera, y los buenos ojos con los que se la mira ya, que hacen redactar párrafos como el siguiente:

Doña Letizia demostró durante la entrega de la bandera a la Guardia Civil sus dotes para la comunicación que la convierten en la representante de la familia real con mejor oratoria.

Hombre, ser la que mejor habla de la Familia Real no es mucho decir ¿no? Altos son, rubios son, pero lo que se dice oradores, pues no. Y ejem, digo yo que lo de las dotes para la comunicación lo habría demostrado ya antes, que presentaba un telediario. Pero bueno, todo es poco para convencer a algunos de que la mejor virtud de Doña Letizia no es ésta.