Entradas archivadas en Junio dEurope/Berlin 2005

Miércoles, 22 de Junio de 2005

Está siendo una semana revuelta, presidida por los ninots indultats nuevos, que se añaden a los de Perpiñán, y los bautizados por Yambra como «los tres tenores» en su brillante y denso artículo de ayer (aunque a mí me parecen más las tres grayas, con un ojo que se reparten entre todos para mirar por turnos) hacen, a juicio del fiscal de la Audiencia Nacional, juegos malabares para encajar a los protoetarras en el tipo «asociación ilícita»; se ve que el fiscal más que «ajustada» ha visto prieta la sentencia. Simultáneamente, el Presidente del Gobierno (que por cierto, ya no es Aznar) pide a las víctimas del terrorismo confianza y fe, o sea, que crean en lo que no ven, que asientan a la revelación de Dios, pero tampoco es presidente ya Felipe González.
Mientras, lamento tener las orejas puestas de serie porque me da oportunidad de escuchar al «experto» que llevó el Partido Popular al Senado, que si no fuese porque en el PP dan muestras sobradas de tontería autosuficiente cabría pensar que el nombre del experto se lo susurró al oído Pepiño Blanco o Rubalcaba, puestos como ejemplos de «su peor enemigo». Desinteresadamente cabría aconsejar al PP que cuando lleve a alguien a algún lado para apoyar sus tesis procure informarse de qué va a decir la criatura, porque ahora ya sólo cabe pensar que en este partido o quienes deciden estas cosas son tontos (llevan a alguien que no saben qué piensa), o son hipócritas (lo sabían pero tienen que recular visto el impacto). Algunos, pocos, han corrido en auxilio del experto invocando la libertad de expresión, la de cátedra y el curriculum del personaje. Pero claro que Aquilino Polaino está asistido por la libertad de expresión, sólo que la libertad de expresión no implica que todo lo que se diga sea cierto, ni siquiera respetable; y como la libertad de expresión tiene doble vía, pues le tocará escuchar las críticas. Y en cuanto al curriculum, mi madre tiene un nombre para el tipo humano caracterizado por tener un recorrido académico impecable y brillante y una «socialización» pelín defectuosa: «pasado de vueltas». Los pasados de vueltas son esos que en una cena de fin de semana amargan la comida vociferando desde su atalaya intelectual y defendiendo posiciones contrarias al sentido común mientras desprecian a cualquiera salvo que sea un estudioso de ese ámbito y coincida con sus postulados, invariablemente extravagantes porque a fuerza de ser brillantes se acostumbraron muy pronto a epatar. Desde luego su habitat natural es la Universidad, pero también viven fuera de ella. Luego existe la variante de «pasado de copas», en la que el resultado es el mismo pero sin formación previa y con el apoyo desinhibidor del alcohol.
Mirar alrededor esta semana provoca arcadas pero yo nunca he sabido vomitar porque me da asco así que lo paso francamente mal; ni siquiera mis náuseas son tan elevadas como para convertirlas en homenaje a Sartre en su centenario. Tendré que dejar de mirar hacia los lados y mirar al cielo, donde esta noche se podrá ver una «luna gigante». Sí, no es más que una ilusión, pero a veces conviene dejar que los sentidos se engañen.

Lunes, 20 de Junio de 2005


Podría parecer que el título del post es el primer verso de un poema de esos que hacemos quienes no sabemos escribir cuando la pasión nos nubla el sentido (al del ridículo me refiero, y siempre pensando en que la media no vivimos en un nublado permanente). Sin embargo, no he caído (aún) en esa tentación.
«Amarte así» es parte de una frase que se me clavó (con saña) ayer por la tarde en la mente. Al principio pensé que era una alucinación producida por la combinación dramática de, por un lado, los litros de margaritas trasegados el sábado en la comida-merienda-cena familiar, y por otro, de la irritación que me estaban empezando a producir los cortes en la programación de la tele para que un presentador, con un micrófono de esos que parecen una verruga pálida en el rostro, narrara el seguimiento de las elecciones gallegas, cuando todavía no se podía hacer nada más que decir que hacía buen tiempo, informar de que los candidatos habían votado y obligar a la vocal de una mesa a contar una tontería de anécdota (como las de todas las elecciones: el que vota por primera vez, la novia, la anciana, las monjas… ) que justificase la labor de la redactora desplazada al colegio electoral.
En esa situación, agravada por el bochorno que anunciaba una tormenta de mucho aparato eléctrico y cuatro gotas, casi tuve que pellizcarme para convencerme de que sí era cierto lo que estaba escuchado y viendo: hoy comienza a emitirse una serie, supongo que «culebrón», llamada «amarte así, Frijolito» en la Primera, imparable en su tranformación en tele de calidad.
Sobre lo de Frijolito no diré nada, a fin de cuentas existe el cuento de Garbancito, que escuchaba cuando era pequeña (pachín, pachán, pachón, mucho cuidado con lo que hacéis, pachín, pachán, pachón, y a Garbancito no piséis) y que yo creo que es exactamente la versión que podéis escuchar en esta página (no Garbancero de la Mancha, que es de Gomaespuma y ahí a mí ya no me ponían cuentos para entretenerme en casa), y, saliendo de las legumbres, yo misma llevo un guisante en el nombre.
Por lo que he leído Frijolito es el trasunto mexicano (por caridad, pronúnciese la equis como jota) de nuestro Garbancito pero con circunstancias vitales más angustiosas que ser tragado por un buey:

Frijolito es el hijo de Ignacio y Margarita. Su madre le ha hecho creer que su padre murió y él sufre mucho por no tener un papá. Pero, por cosas del destino su padre y él se encontraran y se convertirán en los mejores amigos.
Frijolito es un niño muy inteligente y lo que carece en estatura lo compensa con su gran corazón y enorme imaginación.
Adora a su mamá y a su abuela, y será el rayo de luz que alumbre las vidas de todos los que le rodean.

Dan hasta ganas de verla, para ver qué más pueden hacer guionistas con mentes capaces de parir ese título tan perturbador, con su vocativo y todo. Bueno, no es verdad, ni con el título este voy a verla porque no quiero estropear mi récord de no haber visto jamás una; además parece que por el horario es una telenovela infantil (no sabía yo que existiese eso) y en esas horas yo puedo echar una cabezadita aprovechando que no tengo niños que quieran poner la tele.
«Amarte así» no es, por tanto, el primer verso de un poema, aunque lo parezca y aunque no pueda descartar que en un futuro, inmersa en un transporte amoroso, en lugar de sólo susurrárselo a X (todavía dudo si poner la letra o el nombre de la letra, equis; aunque no es la inicial como podría parecer, sino la clasificación), que me mirará (más me vale) con la indulgencia que proporciona el deseo, venga y lo publique en uno de esos arrebatos irreflexivos que me son tan propios. Porque la cursilería, como ya dijo Mihura, es una cosa muy seria:

Hay que tener mucho cuidado con la cursilería y no reírse de ella ni tomarla a broma, porque la cursilería no es sólo un sombrero con más o menos plumas, ni un vestido con más o menos lazos, ni un canario _con más o menos lechuga_ en el comedor. La cursilería íntegra, la cursilería ciento por ciento, la cursilería elevada al cubo, es capaz, como la gripe, de ocasionar serios trastornos a la sociedad, por lo que tiene de contagiosa.
Miguel Mihura, «Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario»

Viernes, 17 de Junio de 2005


El verano y la llegada del calor traen un relajo en las costumbres. Por ejemplo, la forma de vestir es mucho menos rígida (aunque sólo sea porque no hay que ir acumulando capas para matar al frío), más informal, excepto para los pobres obligados a usar traje y corbata en su trabajo, bestialidad en nombre de la «imagen de empresa» que luego hace que una entre en un banco a las doce de la mañana con treinta y tantos grados de temperatura en la calle y cien gramos entre ropa y sandalias cubriendo el cuerpo, y salga con un principio de pulmonía. Porque, aquí al menos, en los bancos (y en El Corte Inglés) la temperatura en verano oscila entre los 18º y los 20º. Más de uno querría ser japonés ahora.
También el oído y el cerebro se relajan, y se puede escuchar sin dramas canciones… como decirlo… con menos «elaboración» que en otras épocas. Es posible que en esto colabore la sed, por supuesto. Yo en verano tengo que reconocer que, sobre todo tras un día de calor intenso, puedo bailar (y cantar, pero eso no importa porque en todos los sitios está más alta la música que mi voz) cosas como

Loca, por un beso tuyo
Loca, por chocarme con tus labios
Loca, por besarlos y acariciarlos
Por bailarte desnuda al son de los siete amores
y que sepas de una vez
que pa gustos los colores

Canciones llenas de inspiración y poesía sutil, que en definitiva suelen cantar quienes yo pensaba que ocupaban el escalón más ínfimo entre los cantantes, o aspirantes a cantante, que graban discos y ofrecen conciertos. Pero no, debajo del último escalón hay más: ayer en algún lado vi entre el soporcillo de la siesta que existen tres señoritas que como dato relevante de su curriculum exhiben que este verano son las teloneras de… ¡¡¡las sex bomb!!! Para los despistados, sex bomb es un cuarteto de composición fluctuante a base de mujeres perfectamente intercambiables empeñadas en demostrar que, aunque parezca mentira, sus cerebros les permiten respirar y andar (incluso bailar) simultáneamente y cantan una canción que dice:

me dices ven, ven, ven
hago ban, ban, ban
luego bum, bum, bum…

Bien, teniendo en cuenta como son las sex bomb, unas chicas tan finas y discretas, que seguro que graban discos por lo bien que cantan, cabría esperar cualquier cosa de sus teloneras, pero es que la mente humana se resiste a imaginar ciertas cosas. Como no me acuerdo de como se llama el trío, no puedo buscar información para que juzguéis vosotros mismos, sólo avisar para que estéis atentos cuando tengáis oportunidad de verlas. Uno de los rasgos más sobresalientes es que, justo al contrario que yo, no tienen que consolarse pensando que lucir esternón tampoco está tan mal. Eso sí, hay una que, o ya no cumple los cuarenta (que no es nada malo salvo que se sea Ana Obregón), o ha llevado una vida de perros; es la ilustración viviente de la mujer gamba. Pero por si la alucinación visual no fuese suficiente, su canción tiene el siguiente estribillo: «chíngame, chíngame, chíngame…» y prometo que no escuché ni una palabra más que fuese diferente a esa, lo cual, más que calor, a mí me produce bochorno.
Qué razón tenía la banda del capitán canalla

Jueves, 16 de Junio de 2005


Generalmente, cuando se dice de alguien que es el más grande en su ámbito suele ser una metáfora y a nadie se le ocurriría sacar el metro para comprobarlo; pero toda regla tiene su excepción, y existe una actividad donde cuando se habla de los más grandes se hace, además de con toda propiedad, con alrededor de 25 centímetros avalando el cumplido. Sí, sí, ya sé, apenas suponen 5 centímetros más de los que todo el mundo afirma poseer (así aparco yo como aparco, desconcertada), pero claro, en estas cantidades, 5 viene a ser una cuarta parte. De todas formas, no quiero yo acomplejar a nadie que esté cayendo en la tentación de comparar(se), así que aquí dejo este enlace que supongo que a algún lector masculino le proporcionará mucha paz interior, sobre todo si tiene paciencia y llega al final de la página, a las consultas. Y siempre puede uno aficionarse al aceite de Enguera, que vive sus horas más felices (bueno, el aceite no, sus productores) gracias a la referencia que a él ha hecho Nacho Vidal, uno de esos seres que metro en mano pueden demostrar que son de los más grandes en lo suyo; aunque no sé si el aceite realmente ha contribuido a los 25 centímetros o a que haya podido hacer unas 3.000 películas en 10 años, un número bastante elevado si uno piensa en lo que debe desgastar cada escena. Tampoco sé si el remedio es sólo conocido en Enguera o se extiende a todo el Reino de Valencia. Sí, soy un mar de dudas.
De cualquier forma, nada se pierde con probar lo del aceite, supongo que se referiría a ingerirlo, y me parece mucho mejor remedio (menos desagradable) que lo de las criadillas de toro y los escarabajos machacados con los que Doña Germana de Foix intentaba dar un heredero a Aragón. Aunque ahora ya da igual, como Doña Letizia está embarazada los príncipes no corren el peligro de tener que experimentar con ungüentos extraños para engendrar un hijo, para desdicha de algún comentarista del corazón. Claro que el embarazo ha traído otras ventajas, como el mayor aplomo que luce la princesa, exhibido ayer en el amadrinamiento de una bandera, y los buenos ojos con los que se la mira ya, que hacen redactar párrafos como el siguiente:

Doña Letizia demostró durante la entrega de la bandera a la Guardia Civil sus dotes para la comunicación que la convierten en la representante de la familia real con mejor oratoria.

Hombre, ser la que mejor habla de la Familia Real no es mucho decir ¿no? Altos son, rubios son, pero lo que se dice oradores, pues no. Y ejem, digo yo que lo de las dotes para la comunicación lo habría demostrado ya antes, que presentaba un telediario. Pero bueno, todo es poco para convencer a algunos de que la mejor virtud de Doña Letizia no es ésta.

Miércoles, 15 de Junio de 2005

Es una consecuencia natural, cuando los testigos se instalan en tu vida, terminar entre deposiciones. La historia es que hace unas semanas me pasaron el primero de ellos, que era musical, y como no amenazaba con males si no lo recogías, parecía una cosa puntual y tenía el encanto de la novedad, confesé las interioridades de mi disco duro y las melodías de mis momentos blanditos (¿blanditos?? aunque casi mejor ni lo meneo, tampoco tengo que seguir líneas realistas o naturalistas) y pasé (iba a poner el marrón, pero introducidas ya las deposiciones, mejor no) el relevo a cinco agraciados.
Ahora es Ararat el que me pasa otro, esta vez sobre cine, y claro, una no puede negarle nada a Ararat, y mucho menos desde que sé que comería no sé qué por mí (creo que eso es más porque no sabe aún qué tipo de perversiones me van), y hace unos días el Camarada Bakunin me había endosado el de libros, así que procedo con ambos:

Libros que esperan para que los lea en verano:

ninguno (en mi casa, las librerías están llenas, claro).
Los libros suelen tener paciencia, pero yo no, y en una media de tres días liquido lo que va llegando, porque no puedo dormir sin haber leído antes. Pero como supongo que la historia, más que saber si yo leo mucho o poco, rápido o lento, consiste en citar cinco ejemplares, contaré los últimos que he leído, que dejando aparte relecturas, son:

El de cine, que es un poco más largo:

Tamaño de mi colección:

Ni la más remota idea de cuántos vídeos habrá, he hecho un recuento rápido y, grosso modo, habrá unas 500 cintas originales, de cuando las pelis se veían en vídeo. DVD muy poquitos, no sé si llegará a las dos docenas, y los Divx no los conservo, los veo y no los almaceno.

Última película comprada en DVD:

pues para mí no he comprado jamás, para regalar, las ediciones especiales esas del señor de los anillos y la guerra de las galaxias que hay que comprar en el Corte Inglés o en tiendas un poco freakis donde el dependiente se siente al borde del orgasmo hablando de Frodo (que por cierto a mí me saca de quicio, qué ganas de despeñarle por el abismo aquel junto al anillo) o de Darth Vader.

Última película que he visto en el cine:

puede que fuese Troya, pero no pondría yo la mano en el fuego.

Mis cinco películas de cabecera:
  • El tercer hombre
  • Bienvenido Mister Marshall
  • Testigo de cargo
  • Historias de Filadelfia
  • La gata sobre el tejado de zinc
  • Y ya puestos, a ver si alguien puede decirme el título de una peli que vi yo de pequeña en la tele, de la que sólo recuerdo que la protagonista era inmortal, una especie de hechicera o algo así; su amante se había reencarnado en un mocetón musculoso y para que él también fuese inmortal debía introducirse en una hoguera; justo cuando él lo hace, ella, caliente supongo que por la proximidad del fuego, se mete entre las llamas, se abrazan, y entonces comienza a transformarse en una vieja (más o menos como el senador patatín de la guerra de las galaxias) y se consume a la vista del hercúleo reencarnado, que tendrá que esperar otro ciclo a que ella vuelva. En fin, supongo que sería así, al menos así lo recuerdo.

    Hasta aquí los deberes, y ahora, el bonus-track.

    He pensado que ya puestos, voy a dar de cinco en cinco algunas respuestas a interesantes interrogantes:

    Cinco faltas de ortografía que me sacan de quicio:
    • Ostia cuando uno quiere decir golpe, trastazo o bofetada.
    • Sinó en cualquier caso, porque no existe.
    • Tí, porque como no cabe confundirlo con un posesivo, no necesita tilde diacrítica.
    • Hurna, porque no sé yo qué privilegio hay que tener para que cuando algunos voten, les pongan una hache de más. Y tampoco un exceso de cursilería en las cajitas la justificaría.
    • Haber cuando uno va a ver.
    Cinco tipos humanos que me estomagan:
    • Los cocineros de la tele que hablan como sacamuelas porque tienen que rellenar con bla, bla, bla el tiempo que tardan en trocear las patatas.
    • Los comprometidos: podría extenderme, pero pensad en Cristina del Valle y ya.
    • Los jipipijos: variante de los comprometidos rebozada en colonia de marca y con interior de Calvin Klein que no se separa de su iPod y se compadece mucho de todo el mundo menos de quien tiene cerca.
    • Las mujeres de médico que han cursado su carrera en el colchón y recetan con desparpajo: «uy, para eso del estómago tómate…»
    • Los que cuando están en una conversación parece que dirigen una dinámica de grupo.
    • Iba a seguir desnudándome de cinco en cinco, pero me he dado cuenta de que está quedando larguísimo, así que lamentándolo mucho tengo que cortar sin poner mis cinco posturas favoritas y esas cosas que seguro que estáis deseando leer. Me falta lo de pasárselo a alguien, pero esta vez no voy a nombrar a nadie, quien quiera que lo haga voluntariamente, como lo de las cinco del viernes.
      Se levanta la sesión.


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