Au claire de la lune
Está siendo una semana revuelta, presidida por los ninots indultats nuevos, que se añaden a los de Perpiñán, y los bautizados por Yambra como «los tres tenores» en su brillante y denso artÃculo de ayer (aunque a mà me parecen más las tres grayas, con un ojo que se reparten entre todos para mirar por turnos) hacen, a juicio del fiscal de la Audiencia Nacional, juegos malabares para encajar a los protoetarras en el tipo «asociación ilÃcita»; se ve que el fiscal más que «ajustada» ha visto prieta la sentencia. Simultáneamente, el Presidente del Gobierno (que por cierto, ya no es Aznar) pide a las vÃctimas del terrorismo confianza y fe, o sea, que crean en lo que no ven, que asientan a la revelación de Dios, pero tampoco es presidente ya Felipe González.
Mientras, lamento tener las orejas puestas de serie porque me da oportunidad de escuchar al «experto» que llevó el Partido Popular al Senado, que si no fuese porque en el PP dan muestras sobradas de tonterÃa autosuficiente cabrÃa pensar que el nombre del experto se lo susurró al oÃdo Pepiño Blanco o Rubalcaba, puestos como ejemplos de «su peor enemigo». Desinteresadamente cabrÃa aconsejar al PP que cuando lleve a alguien a algún lado para apoyar sus tesis procure informarse de qué va a decir la criatura, porque ahora ya sólo cabe pensar que en este partido o quienes deciden estas cosas son tontos (llevan a alguien que no saben qué piensa), o son hipócritas (lo sabÃan pero tienen que recular visto el impacto). Algunos, pocos, han corrido en auxilio del experto invocando la libertad de expresión, la de cátedra y el curriculum del personaje. Pero claro que Aquilino Polaino está asistido por la libertad de expresión, sólo que la libertad de expresión no implica que todo lo que se diga sea cierto, ni siquiera respetable; y como la libertad de expresión tiene doble vÃa, pues le tocará escuchar las crÃticas. Y en cuanto al curriculum, mi madre tiene un nombre para el tipo humano caracterizado por tener un recorrido académico impecable y brillante y una «socialización» pelÃn defectuosa: «pasado de vueltas». Los pasados de vueltas son esos que en una cena de fin de semana amargan la comida vociferando desde su atalaya intelectual y defendiendo posiciones contrarias al sentido común mientras desprecian a cualquiera salvo que sea un estudioso de ese ámbito y coincida con sus postulados, invariablemente extravagantes porque a fuerza de ser brillantes se acostumbraron muy pronto a epatar. Desde luego su habitat natural es la Universidad, pero también viven fuera de ella. Luego existe la variante de «pasado de copas», en la que el resultado es el mismo pero sin formación previa y con el apoyo desinhibidor del alcohol.
Mirar alrededor esta semana provoca arcadas pero yo nunca he sabido vomitar porque me da asco asà que lo paso francamente mal; ni siquiera mis náuseas son tan elevadas como para convertirlas en homenaje a Sartre en su centenario. Tendré que dejar de mirar hacia los lados y mirar al cielo, donde esta noche se podrá ver una «luna gigante». SÃ, no es más que una ilusión, pero a veces conviene dejar que los sentidos se engañen.














