Entradas archivadas en Junio dEurope/Berlin 2005

Lunes, 6 de Junio de 2005


Mi mente desconoce las referencias que hacen que uno pueda calcular pesos, medidas, edades y tiempos sin instrumentos adecuados, o por mejor decir, para mi mente yo soy la medida. Así que el tiempo es mucho o poco según sea más ameno o menos lo que yo esté haciendo, y es poquísimo si estoy con quien quiero. Lo de estimar una edad mirando a la persona me parece imposible, ni me lo planteo; calculo mejor, por regla general, leyendo lo que alguien escribe, salvo clamorosas excepciones que te pueden llevar a adjudicar 15 años a gente con más espolones que un gallo; aunque seguramente el error no es tal, es sólo que hay cerebros naïf por pura imposibilidad. Las alturas y los pesos también los divido en mucho, normal, poco y adecuado (1,80 si hablamos de altura, por ejemplo : P) según mi particularísimo criterio. Y con las medidas me sucede igual: si quiero ver si algo cabe en un lugar determinado, no me queda más remedio que probar, lo cual es un problema en determinadas actividades, como el aparcamiento, para solaz de los que afirman que las mujeres aparcamos mal; bien, las mujeres no sé pero yo sí, aunque siempre es peor cuando alguien se pone a dirigir la maniobra con esa vocación de guardia urbano que tienen algunos, mayormente jubilados pero no sólo, alternándola con la de capataz de obras públicas.

Por todo esto, después de ver un rato en la televisión la manifestación del sábado en Madrid (bueno, de verla en TeleMadrid, porque las cadenas nacionales en abierto no consideraron que fuese una noticia como para interrumpir sus programaciones, y yo no llegué a ver el avance de noticias que dio la Primera, que seguro que lo dio, porque ayer sí hizo uno para anunciar que había parido la Infanta Cristina y no va a ser más importante el nacimiento del cuarto bebé de la segunda hija de los Reyes ¿no?) yo sólo sabía que había mucha gente, y decidí ver cuánta era mucha por ir fijando una especie de criterio, que ya va siendo hora, sin tener en cuenta que en esto también la cosa depende del que mire: si uno es organizador, un millón, si es policía local, 850.000, y si es policía nacional, 250.000. Dejando aparte a los organizadores, que puede que sea normal que tengan la tentación de contar «por lo alto», a mí me escama lo de las policías, que una cosa es que tengan competencias distintas, y otra que lo del recuento sea tan dispar como para sospechar que lo ha hecho un ciego (perdón, invidente) a ojo; porque no tendrá nada qué ver la distinta dependencia de uno y otro cuerpo de gobiernos de distinto partido político, creo yo.
Tampoco creo que vaya a tener muchas consecuencias que hayan sido muchos o pocos, el único diálogo que se ofrece a las víctimas se aproxima más al de sordos o al de besugos que a otra cosa. La respuesta del Presidente del Gobierno, en resumen, ha venido a ser como «habla chucho que no te escucho», y ha jugado a las diferencias:

«La política es para mí, ante todo, respeto y tolerancia, y cumplir la palabra dada para tener la confianza de la gente. Fijáos si han cambiado las cosas en poco más de un año. Ayer hubo una manifestación en Madrid con miles de personas y el Gobierno les escucha con respeto, igual que escucha al PP en el Parlamento, pero ahora ya nadie insulta a los manifestantes ni llamamos a ningún líder «pancartero» o líder de pancarta. Eso ya es historia.[...]»

En fin, yo encuentro algunas más, por ejemplo el sábado nadie se fue al terminar la manifestación a Ferraz a tirar huevos o piedras ni a llamar asesino al Presidente.
En cuanto a la palabra dada, no se trata sólo de la que uno, en su mínima estatura, ha empeñado (¿quién le ha pedido dialogar y negociar con los terroristas? ¿en qué punto de su programa de gobierno iba?), sino también de respetar los pactos anteriores, aquellos que, entre otras cosas, han permitido que en España miles de familias hayan renunciado a la venganza por la promesa de justicia.
Que el único gesto de este Gobierno para con las víctimas del terrorismo haya sido dar un cargo a Peces-Barba y pedir la bendición del Parlamento para un diálogo sin que hayan dicho que van a dejar las armas, legitimando como interlocutor político a un grupo terrorista en activo, más que gesto es un bofetón. Quizá no en la cara de todos, pero sí en la de muchos, entre los que me incluyo.

Viernes, 3 de Junio de 2005

No sé yo si la antropología lo habrá estudiado (nótese que soy buena y digo antropología, no zoología), pero me admira sin remedio que tipos de la especie humana entrados generalmente en la treintena necesiten tres días, tres, para celebrar un ritual secreto en el quinto pino. Lo llaman «despedida de soltero», y a veces en lugar de tres días es una noche, pero la esencia se mantiene. Además luego el ritual tiene efectos secundarios, puede que a alguien hasta le dé por escribir un blog a consecuencia de un desmadre semejante.
Imagino que básicamente consistirá en emborracharse (eso siempre se confiesa), dejar de lado las más elementales normas de urbanidad (consecuencia ineludible salvo en contados casos, casi todo el mundo tiene muy mal beber) y posiblemente, quizá, contratar también los servicios de alguna pilingui. Esto último casi nunca se confiesa pero a mí me parece bien, porque viendo el aspecto de alguno de los homenajeados morirá habiendo conocido (carnalmente, quiero decir) a la pilingui y a su novia (de él, no de la pilingui).
El motivo o la excusa para hacer el memo viene a ser que ya han fijado fecha para jorobar a familia y conocidos firmando un papel, en la Iglesia o en el Juzgado, mediante el cual la sociedad se da por enterada de que fornican parejas que llevan alrededor de diez años juntas, se supone que todas sin voto de castidad, porque la virgen con pareja que había (o hay) en España pasados los veinte está localizada y actúa en Tele 5 ocasionalmente.
A mí no me parece mal que se celebren estas tradiciones, que de algún sitio serán, lo que no sé es porqué unas sí y otras no. Hay que ser consecuente, y quien celebre su despedida de soltero con otra cosa que no sea una cena con amigos y copas en bar que no sea de alterne, tendría que estar obligado por ley (y en defecto de ley, por costumbre : P) a seguir todos los ritos.
Así, por ejemplo, tras la cena, debería dirigirse la nueva pareja oficial en su coche, debidamente decorado con latas atadas al tubo de escape y apósitos de papel higiénico estratégicamente distribuidos por la carrocería, hasta una habitación donde les esperasen tres testigos: uno por la novia, otro por el novio, y un representante de la Iglesia, Juzgado o Alcaldía (en su defecto, un notario, que esto no es peor que dar fe de las votaciones de Gran Hermano). Ante ellos deberán encamarse (los novios, no los testigos). Ya estará alguien en un rapto de modernidad pensando «mira qué tradicional, dice que se encamen, ésta ignora que se puede consumar en otros sitios y posturas»; pues no, no lo ignoro, pero ¿no estamos siguiendo tradiciones? Además el detalle de la cama es fundamental, porque se puede lograr que los novios no lo consigan a la primera si los alegres invitados al jolgorio han sido previsores y han preparado una petaca con las sábanas. Hay que estar atentos ahí, porque cabe que él (o ella, o ambos) lleve una cogorza tan inhumana que crea que rompiendo la sábana se arregla todo, y eso no vale. La sábana debe permanecer íntegra.
Una vez superado el obstáculo de la petaca, y ante los tres testigos citados (téngase en cuenta que el número es un mínimo necesario, según el interés que tengan las respectivas familias en demostrar su poderío e influencia es susceptible de ampliación hasta el infinito o casi), procederán los contrayentes a consumar el matrimonio, de modo sobrio, con el debido decoro y sin florituras, sobre todo si hay representante de la Iglesia, para a continuación pasar al bonito momento de la exposición de la sábana con los residuos correspondientes colgada en el balcón. Ya, ya estarán los agoreros de siempre hablando de que la novia no va a dejar el residuo esperado… pues con tener a mano higadillos de pollo o similar sirve, tampoco van a hacer los invitados una investigación del ADN. Algún purista dirá que no es lo mismo, pero hombre, si la novia se ha casado de blanco, y puede que por la Iglesia, y sabiendo lo que sabemos ¿nos vamos a poner exquisitos por una simulación más?
Tras esto los testigos se despedirán, que se han ganado el descanso, y dejarán a la feliz pareja para que descubra lo que le falte por descubrir, que en esta cuestión no será mucho tras casi un tercio de su vida juntos. Mientras, alguna rondalla, tuna, o simplemente los invitados que aún se mantengan en pie y estén en la fase de cantos regionales, pueden deleitarles con bonitas melodías. Recomiendo especialmente las rabeladas, así hacemos por su conservación:

Todos los que cantan bien
cantan bajo tu ventana
yo como canto mal
estoy contigo en la cama.

Debajo de tu mandil
Tienes el infierno ardiendo
Déjame meter la mano
Aunque la saque corriendo

Anda diciendo tu madre
que me va a dar un rosario
bastante tengo con su hijo
cruz, martirio y calvario.


Puede que haya a quien le parezca excesivo tanto ceremonial, pero ¿y lo bonito que va a quedar el vídeo con el que se tortura a las visitas, eh?

Miércoles, 1 de Junio de 2005


Seguramente a los que no os suceda no lo entenderéis, pero existe un tipo de mente, como la mía, que es superada irremediablemente por la abstracción física o matemática, incluso creo que el lugar donde yo sitúo la abstracción está mucho antes de aquél donde lo hacen quienes sí están dotados para esas materias. Quiero decir, yo llego a ver la utilidad de las cuatro reglas, incluso de una raíz cuadrada; pero, aunque aprendí a hacerlas porque escogí matemáticas en C.O.U., jamás llegué a ver la utilidad de las integrales y derivadas, y se borraron de mi mente en cuanto empecé con los praetor urbanus y peregrinus, de forma que si alguien me dice que un límite tiende a infinito, yo sólo soy capaz de recordar el viejo chiste. En definitiva, en cuestión de matématicas y para escándalo y desesperación de quienes sí saben, todo lo apaño con la salvadora regla de tres, suponiendo que es el paso siguiente en sofisticación de la acreditada «cuenta de la vieja». Y en la física llego a entender el principio de Arquímedes, aunque tiendo a centrarme más en la historia que le hizo enunciarlo, y logro comprender la ley de la palanca si puedo ver el punto de apoyo.
Por eso ayer escuché estupefacta esta noticia, en la que se abre una esperanza, bien es verdad que remota, para encontrar una cura para el cáncer. El estado de perplejidad en primer lugar sin duda alguna se debe a que todo esto ocurra aquí, en España, donde la I+D suele responder a Intuición y Desparpajo más que a Investigación y Desarrollo; y en segundo lugar, al hecho de que el origen del tratamiento sea una teoría matemática y que el artífice del trabajo sea un profesor teórico físico, Antonio Bru.
Resulta que sí, somos materia ordenada hasta en lo anómalo, que respondemos a patrones comunes, que aunque nuestra mente lo olvide, nuestro cuerpo termina siendo polvo, de estrellas o enamorado.


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