Archivo de Julio de 2005

El retorno de Raggot

Quien me conoce sabe que tengo un dormir envidiable, más que dormir puede decirse que suelo caer en coma; la única «pega» que tengo es que no paro quieta, me muevo con total desinhibición (traducido quiere decir que te echaré de mi cama a poco que te descuides o te caerá encima algún brazo y alguna pierna a plomo varias veces durante la noche) y suelo hablar al hilo de lo que sueño, por lo que debo tener cuidado con las últimas cosas que me ocurren, escucho o leo antes de meterme en la cama. Pero por controladora que sea una, no puede evitar encontrarse con noticias como ésta que comenta Declan Painkiller en su blog y que no podéis dejar de leer.
Consternada estoy desde que lo leí anoche.
Imaginarme a ese pobre hombre «de gran corpulencia» literalmente empalado (ay), llenando de significado y dolorosos matices lo de «sufrir en silencio», maldiciendo mentalmente la torpeza de su novia (exnovia a estas alturas, dice mi guiri favorita) o el haber abusado del lubricante, o que esos aparatitos no lleven medidas de seguridad e instrucciones, que todo puede ser, escuchando las burlas de sus insensibles compatriotas (qué poco solidarios somos los humanos), bebiendo aceite (qué asco) porque al ser extranjero no ha visto nunca los anuncios de Coronado y no sabe lo bien que van para… para… para… los yogures que anuncia (claro, que de haberlo sabido, a saber si hubiera logrado comprarlos esa noche o más bien se hubiera enfrentado a los problemas de PerdidaenMadrid cuando tiene antojo de griego), deplorando la idea de haber usado pilas alcalinas para el aparato, que duran, duran, y duran…, sabiendo que ni el último residente del hospital va a dejar de mirar sus radiografías, que será el tema de conversación de las reuniones de todos los que trabajen en el centro sanitario, y sintiéndose, en fin, el embrión de una leyenda urbana, además de un futuro estreñido a perpetuidad.
Comprenderéis que después de acostarme tras leer eso, no pasase yo una noche tan desasosegada desde que, años ha, me llegó el correo de Raggot:

“En retrospectiva, encender la cerilla fue mi gran error. Pero solo intentaba recuperar el gerbo”, dijo Eric Tomaszewski aturdido.
LOS DOCTORES de la Unidad de Quemados Graves del Hospital de la ciudad de Salt Lake:
Eric Tomaszewsky, y su pareja homosexual Andrew “Kiki” Farnum, han sido ingresados para un tratamiento de emergencia despues de que una sesion de sodomía les fuera realmente mal.
“Introduje un tubo de carton por su recto y deslice dentro a Raggot, nuestro gerbo”, explicó.
“Como siempre, Kiki grito “Armagedon”, en señal de que ya era suficiente.
Intente recuperar a Raggot, pero no podía salir, así que me asomé al tubo y encendí una cerilla, pensando que la luz le atraería.”
En una encubierta conferencia de prensa, un portavoz del hospital describía lo que ocurrió después:
“La cerilla encendió una bolsa de gases intestinales y una llamarada salió por el tubo, prendiendo en el pelo de Mr. Tomaszewski y quemando gravemente su cara. También se incendió el pelaje del gerbo lo cual provocó que se prendiera otra bolsa de gas mayor y más interna, propulsando al roedor hacia fuera como una bala de cañón.”
Tomaszewski sufrió quemaduras de segundo grado y rotura del tabique nasal a causa del impacto del gerbo, mientras que Farnum sufrió quemaduras de primer y segundo grado en su ano y en el tracto intestinal inferior.

Tengo que decir que no sólo me impresionó a mí lo del gerbo, y al igual que anoche, aún conmovida, comenté la noticia de antes con Maribel y Big, el día que supimos lo de Raggot estuvimos varios amigos y yo toda la noche planteándonos el triste asunto, y creo que finalmente convinimos en que si alguna vez, la providencia no lo quiera, nos viésemos en una situación semejante, además de no asomarnos como Tomaszewski (que sabiendo que el impacto del animalillo le rompió la nariz, uno puede hacerse fácilmente a la idea de donde tenía la cara), intentaríamos sacar al amago de hamster poniéndole mijo, queso, pienso o lo que quiera que coman en la entrada, porque lo que está claro es que un ratón metido en un tubo no tiene el instinto de dirigirse hacia un fuego como si fuese un mozo dispuesto a saltar una hoguera la noche de San Juan, y lo de ir hacia la luz (aunque se utilice una linterna para evitar la explosión de gases) requiere una dosis importante de misticismo y que piense que está muerto, y por desagradable que le resultase al bicho la espeleología erótica a la que le obligaban, no creo que dejase de saber en ningún momento que estaba vivo al menos hasta el momento del gran estallido, porque después no creo que se saldase lo suyo simplemente con quemaduras en el pelaje.
Pero tras lo de ayer, yo creo que lo mejor es no introducirte jamás nada que no tenga un mango suficiente como para facilitar la extracción, en defecto de un cuerpo humano pegado en un extremo, claro, por si las moscas.
Se podría pensar que es una cuestión de sentido común, pero un accidente lo tiene cualquiera y es sencillo escarmentar en cabeza (bueno, ya me entendéis) ajena.

En estos días inciertos

Ya sé yo que mi mente tendría que estar más bien ocupada en la cantinela de qué malos son todos o algunos, a elegir entre los cocos variados a los que todos podéis poner nombre, o incluso en pleno ataque de culpabilidad por haber provocado el terrorismo (yo directamente creo que no, pero seguro que alguno de mis ancestros, aunque me parece que eso funciona más bien pensando que mi forma de vida tiene la culpa pero uno mismo nunca, o sea que tendría que culpar a mi sociedad pero dejándome a mí fuera del lote) pero por más que yo intento ser aplicada no paso de primero de progre, ni siquiera voy a poder llegar a proclamarme roja porque quien me conoce bien además sabe que lo que yo soy esencialmente es verde.
En realidad tampoco me preocupa tanto, lo malo sería que por no subir de nivel me obligasen a escuchar un cd de Raimon, pero tengo la esperanza de que eso lo prohíba la Convención de Ginebra o algo así, tengo que repasarme el internacional con urgencia.
Por tanto, mi mente en lugar de ser políticamente correcta se evade y no piensa más que en vacaciones, arena, mar, bikinis y cosas verdes, porque hoy ya sé que en poco más de una semana estaré en uno de mis sitios preferidos.
En un doble intento de corregirme y conciliar mis tendencias, firmemente decidida a dejar de mirarme el ombligo (monísimo, por otro lado : P) para que no llegue desgastado a la semana que viene cuando tenga que lucirlo en la playa, he decidido buscar una mascota para cuidar de ella. Como las de verdad además de satisfacciones infinitas y servir de ensayo de maternidad en casos graves, tienen el problema de que hay que estar muy pendientes de ellas, y yo no tengo espacio para un perro gigante que es lo único que soportaría tener, decidí aprovechar que internet ofrece prácticamente de todo y buscar una virtual.
En un primer momento elegí un pingüino, inevitable en mí porque los colecciono, y adopté a Pelayo:

adopt your own virtual pet!


Pero como podéis comprobar, Pelayo es más soso que la hermana de Arguiñano; es prácticamente Eva Nasarre porque lo único que hace es mover la cabecita siguiendo al cursor, así que sólo se le puede poner a hacer gimnasia como si uno fuese el fisioterapeuta de un geriátrico, únicamente ejercita el cuello y de equilibrio no anda sobrado, con tres clicks bien dados se le tira al agua.
Pelín defraudada con Pelayo, y firmemente decidida a tener una mascota virtual, adopté a Cerbero, que como su propio nombre indica, es un perro (y como es mío, verde). Bien es verdad que sólo ladra y come, pero esa limitación le hace tan humano…

adopt your own virtual pet!

Hacerte por lo menos sonreír

Hoy duele un poco más mirar al mundo, pero déjalo fuera.
Cierra la puerta y ayúdame a levantar para nosotros un muro de deseo desbordado, besos gigantes, susurros y mordiscos insinuados que nos envuelva. No recordaré nada de lo que digas, no sabré qué música escuchamos. El universo que expertamente construyes sólo nos contiene a nosotros, inermes.
No nos ve nadie. Si nos viese, conocería la envidia mientras intenta adivinar dónde terminas tú, dónde comienzo yo.
Acaríciame. Tus manos, siempre sabias, encajan tan perfectamente en mí que sólo tienes que dejar que se deslicen por donde mi piel, pálida, suave y hambrienta, las guía.
Sigamos nuestro ritmo minucioso, desesperadamente lento. Sabemos que el premio es un cuerpo doblemente estremecido, calado hasta los huesos, guiándonos entre temblores por el arco imposible que dibujamos.

Deja fuera al mundo hoy que es feo, doloroso e inoportuno, y prometo estarte agradecida.

La suerte de la fea

Dicen que los gobernantes deben tener suerte, aunque yo pienso que es mucho más eficaz lo de la baraka que decían que tenía Felipe González, que mira si sirvió: ha habido que esperar a que el Partido Popular fuese desalojado del poder para ver a un ministro reprobado por el Parlamento español. Con lo que llevábamos visto, aunque no tengamos memoria o aunque sea de mal gusto (incluso facha) mirar al pasado si el pasado va de 1982 a 1996.
El caso es que para que alguien se presentase como candidato tendríamos que arbitrar una serie de medidas que acreditasen su suerte (y la de quienes le rodean, que también los hay que van tan felices por la vida fastidiando todo lo que tocan menos lo que les atañe directamente, y no quiero señarlar a nadie). Yo en materias de estas esotéricas no estoy nada impuesta y la imaginación sólo me da para despeñar al candidato desde lo alto de un acantilado; como es lógico, si logra salvarse tiene la suerte acreditada. Claro que igual algún entendido en la materia puede explicarme si así no correríamos el riesgo de hacer que la criatura agotase su suerte en ese momento, volviendo al punto inicial de un gobernante sin fortuna. Es decir, sin buena fortuna; lo de la fortuna a secas es igual porque a poco espabilado que sea la logrará para sí y/o para sus allegados tras su paso por el Gobierno siguiendo el acreditado método Guerra (el exvicepresidente, no el torero que es mucho más antiguo), con perdón de Bono (el minijtro, no el de U2) que ya sé que no le gusta la palabra.
El método que a mí se me ha ocurrido es un poco medieval, lo reconozco, pero no perdamos la esperanza: si miramos a Francia veremos que ellos necesitan con más urgencia que nosotros cambiar la suerte de monsieur le President, que no sé yo si será gafe, cenizo, secador o cualquier otra de las categorías en las que la sabiduría popular divide a los que portan mala suerte y que yo no he conseguido aprenderme nunca, pero algo es, seguro. Y como los franceses tienen fama de ser más refinados que nosotros (sobre todo si identificamos franceses con parisinos, porque por lo demás, algo de Francia profunda existe), seguro que encuentran la manera adecuada y glamourosa de comprobar la suerte de sus gobernantes tras esta temporada, o de convertir la mala suerte en buena, de la misma manera que logran (o lograban) convertir sus derrotas en victorias y salir en casi todos los desfiles con los ganadores.
Pero Monsieur Chirac va a tener que hacer algo, es urgente que se rocíe con agua bendita, acuda al Rappel francés (si tal cosa existe) o que se cuelgue una estrella Michelín del cuello a modo de amuleto, porque después del no de los franceses a la Constitución europea cuando él había puesto tanto empeño en el sí, y de haber perdido París la organización de los Juegos Olímpicos de 2012 pese a (o quizá precisamente por) haber salido a la palestra con toda la batería de tópicos, empezando por la gastronomía británica, el pobre hombre cenó anoche y come hoy en las islas, y no precisamente en un ambiente relajado, así que, salvo que le hayan preparado en casa una tarterita con auténtica comida francesa, de menú ya sabe lo que le toca tragar:

Que empiece el verano

Estamos ya a cinco de julio, en vísperas de conocer si Madrid va a ser o no la organizadora de los Juegos Olímpicos de 2012 (a mí me parece que, desgraciadamente, no; pero es que yo carezco por completo de intuición, tanto que he aprendido que en cuanto miro una recua de concursantes de reality puedo señalar sin equivocarme al finalista: será el que más me estomague en las dos frases que escuche a cada uno), en medio de parejas homosexuales desoladas porque los periódicos daban por hecho que ayer podrían casarse ya y sólo alguno mencionaba el enojoso (y caduco) trámite del expediente previo (por culpa de los impedimentos que los legisladores timoratos no se atreven a quitar, a ver cuándo eliminamos el parentesco y el ligamen), y se supone que es verano ya, pero no logro hacerme a la idea porque me faltan puntos de referencia.
Mientras estudiaba, el inicio del verano (a ver si logro pulir mi estilo y pongo cosas como estío, o mejor agreste estío) tenía fecha: la del último examen, que solía coincidir invariablemente con un empeoramiento general del tiempo. Desde entonces, yo creo que el principio viene marcado por el posado en bikini de esa adolescente perpetua, elegante a la manera de Versace (sí, es antítesis): Ana Obregón. Los hombres, por lo menos los no gays (podría poner heterosexuales, pero me parece mucho más adecuado al momento actual referirme a ellos como no homosexuales sólo que metiendo una palabra más moderna y de regusto anglo), no suelen ser muy entusiastas de ella, pero es porque ignoran que tiene su mérito andar con los pies a las diez y diez (y a veces a las nueve y cuarto; a las ocho y veinte no se los he visto aún pero fijo que antes de cumplir los sesenta lo logra) y la espalda curvada de modo que el culo, que en ella tiene toda la pinta de llamarse pompis, quede como una repisa donde posar una maceta sin peligro; esa figura de esqueleto de caponata no es espontánea, así que reconozcamos el trabajo que la mujer lleva cuarenta años (o más) realizando.
Pero este retraso me va a permitir estar al día cuando me vaya de vacaciones, porque desde anoche sé que lo que yo en mi ignorancia llamaba spray, vaporizador o pulverizador, ahora tiene un nombre muchísimo más poético, por lo menos para L’Oreal: bruma. Esto permitirá evitar decir «me voy a echar el spray», frase que evoca desde luego un paisaje de neveras, sombrillas de mahou, trajes de baño tipo braga náutica, mariconeras y gente gritona que llama a sus padres con palabras llanas (fonéticamente quiero decir) y a sus hijos con un determinante delante, envuelto todo en olor a sardinas asadas, y sustituirlo por «me voy a envolver en una bruma de protector solar».
Aunque como de momento (resistencia a lo novedoso, creo que es) me parece una cursilada, y a mí las cursiladas (y los cursis, especialmente los que lo llevan como divisa) me resultan ridículas, creo que seguiré sin ir radiando cada cosa que haga encima de la toalla; además, con lo cerca que se ponen de mí en una playa (hasta en las desiertas), seguro que los vecinos de arena lo ven todo estupendamente sin necesidad de que se lo cuente.

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