La suerte de la fea
Dicen que los gobernantes deben tener suerte, aunque yo pienso que es mucho más eficaz lo de la baraka que decÃan que tenÃa Felipe González, que mira si sirvió: ha habido que esperar a que el Partido Popular fuese desalojado del poder para ver a un ministro reprobado por el Parlamento español. Con lo que llevábamos visto, aunque no tengamos memoria o aunque sea de mal gusto (incluso facha) mirar al pasado si el pasado va de 1982 a 1996.
El caso es que para que alguien se presentase como candidato tendrÃamos que arbitrar una serie de medidas que acreditasen su suerte (y la de quienes le rodean, que también los hay que van tan felices por la vida fastidiando todo lo que tocan menos lo que les atañe directamente, y no quiero señarlar a nadie). Yo en materias de estas esotéricas no estoy nada impuesta y la imaginación sólo me da para despeñar al candidato desde lo alto de un acantilado; como es lógico, si logra salvarse tiene la suerte acreditada. Claro que igual algún entendido en la materia puede explicarme si asà no correrÃamos el riesgo de hacer que la criatura agotase su suerte en ese momento, volviendo al punto inicial de un gobernante sin fortuna. Es decir, sin buena fortuna; lo de la fortuna a secas es igual porque a poco espabilado que sea la logrará para sà y/o para sus allegados tras su paso por el Gobierno siguiendo el acreditado método Guerra (el exvicepresidente, no el torero que es mucho más antiguo), con perdón de Bono (el minijtro, no el de U2) que ya sé que no le gusta la palabra.
El método que a mà se me ha ocurrido es un poco medieval, lo reconozco, pero no perdamos la esperanza: si miramos a Francia veremos que ellos necesitan con más urgencia que nosotros cambiar la suerte de monsieur le President, que no sé yo si será gafe, cenizo, secador o cualquier otra de las categorÃas en las que la sabidurÃa popular divide a los que portan mala suerte y que yo no he conseguido aprenderme nunca, pero algo es, seguro. Y como los franceses tienen fama de ser más refinados que nosotros (sobre todo si identificamos franceses con parisinos, porque por lo demás, algo de Francia profunda existe), seguro que encuentran la manera adecuada y glamourosa de comprobar la suerte de sus gobernantes tras esta temporada, o de convertir la mala suerte en buena, de la misma manera que logran (o lograban) convertir sus derrotas en victorias y salir en casi todos los desfiles con los ganadores.
Pero Monsieur Chirac va a tener que hacer algo, es urgente que se rocÃe con agua bendita, acuda al Rappel francés (si tal cosa existe) o que se cuelgue una estrella MichelÃn del cuello a modo de amuleto, porque después del no de los franceses a la Constitución europea cuando él habÃa puesto tanto empeño en el sÃ, y de haber perdido ParÃs la organización de los Juegos OlÃmpicos de 2012 pese a (o quizá precisamente por) haber salido a la palestra con toda la baterÃa de tópicos, empezando por la gastronomÃa británica, el pobre hombre cenó anoche y come hoy en las islas, y no precisamente en un ambiente relajado, asà que, salvo que le hayan preparado en casa una tarterita con auténtica comida francesa, de menú ya sabe lo que le toca tragar:










