Ya sé yo que mi mente tendría que estar más bien ocupada en la cantinela de qué malos son todos o algunos, a elegir entre los cocos variados a los que todos podéis poner nombre, o incluso en pleno ataque de culpabilidad por haber provocado el terrorismo (yo directamente creo que no, pero seguro que alguno de mis ancestros, aunque me parece que eso funciona más bien pensando que mi forma de vida tiene la culpa pero uno mismo nunca, o sea que tendría que culpar a mi sociedad pero dejándome a mí fuera del lote) pero por más que yo intento ser aplicada no paso de primero de progre, ni siquiera voy a poder llegar a proclamarme roja porque quien me conoce bien además sabe que lo que yo soy esencialmente es verde.
En realidad tampoco me preocupa tanto, lo malo sería que por no subir de nivel me obligasen a escuchar un cd de Raimon, pero tengo la esperanza de que eso lo prohíba la Convención de Ginebra o algo así, tengo que repasarme el internacional con urgencia.
Por tanto, mi mente en lugar de ser políticamente correcta se evade y no piensa más que en vacaciones, arena, mar, bikinis y cosas verdes, porque hoy ya sé que en poco más de una semana estaré en uno de mis sitios preferidos.
En un doble intento de corregirme y conciliar mis tendencias, firmemente decidida a dejar de mirarme el ombligo (monísimo, por otro lado : P) para que no llegue desgastado a la semana que viene cuando tenga que lucirlo en la playa, he decidido buscar una mascota para cuidar de ella. Como las de verdad además de satisfacciones infinitas y servir de ensayo de maternidad en casos graves, tienen el problema de que hay que estar muy pendientes de ellas, y yo no tengo espacio para un perro gigante que es lo único que soportaría tener, decidí aprovechar que internet ofrece prácticamente de todo y buscar una virtual.
En un primer momento elegí un pingüino, inevitable en mí porque los colecciono, y adopté a Pelayo:

adopt your own virtual pet!


Pero como podéis comprobar, Pelayo es más soso que la hermana de Arguiñano; es prácticamente Eva Nasarre porque lo único que hace es mover la cabecita siguiendo al cursor, así que sólo se le puede poner a hacer gimnasia como si uno fuese el fisioterapeuta de un geriátrico, únicamente ejercita el cuello y de equilibrio no anda sobrado, con tres clicks bien dados se le tira al agua.
Pelín defraudada con Pelayo, y firmemente decidida a tener una mascota virtual, adopté a Cerbero, que como su propio nombre indica, es un perro (y como es mío, verde). Bien es verdad que sólo ladra y come, pero esa limitación le hace tan humano…

adopt your own virtual pet!