Quien me conoce sabe que tengo un dormir envidiable, más que dormir puede decirse que suelo caer en coma; la única «pega» que tengo es que no paro quieta, me muevo con total desinhibición (traducido quiere decir que te echaré de mi cama a poco que te descuides o te caerá encima algún brazo y alguna pierna a plomo varias veces durante la noche) y suelo hablar al hilo de lo que sueño, por lo que debo tener cuidado con las últimas cosas que me ocurren, escucho o leo antes de meterme en la cama. Pero por controladora que sea una, no puede evitar encontrarse con noticias como ésta que comenta Declan Painkiller en su blog y que no podéis dejar de leer.
Consternada estoy desde que lo leí anoche.
Imaginarme a ese pobre hombre «de gran corpulencia» literalmente empalado (ay), llenando de significado y dolorosos matices lo de «sufrir en silencio», maldiciendo mentalmente la torpeza de su novia (exnovia a estas alturas, dice mi guiri favorita) o el haber abusado del lubricante, o que esos aparatitos no lleven medidas de seguridad e instrucciones, que todo puede ser, escuchando las burlas de sus insensibles compatriotas (qué poco solidarios somos los humanos), bebiendo aceite (qué asco) porque al ser extranjero no ha visto nunca los anuncios de Coronado y no sabe lo bien que van para… para… para… los yogures que anuncia (claro, que de haberlo sabido, a saber si hubiera logrado comprarlos esa noche o más bien se hubiera enfrentado a los problemas de PerdidaenMadrid cuando tiene antojo de griego), deplorando la idea de haber usado pilas alcalinas para el aparato, que duran, duran, y duran…, sabiendo que ni el último residente del hospital va a dejar de mirar sus radiografías, que será el tema de conversación de las reuniones de todos los que trabajen en el centro sanitario, y sintiéndose, en fin, el embrión de una leyenda urbana, además de un futuro estreñido a perpetuidad.
Comprenderéis que después de acostarme tras leer eso, no pasase yo una noche tan desasosegada desde que, años ha, me llegó el correo de Raggot:

“En retrospectiva, encender la cerilla fue mi gran error. Pero solo intentaba recuperar el gerbo”, dijo Eric Tomaszewski aturdido.
LOS DOCTORES de la Unidad de Quemados Graves del Hospital de la ciudad de Salt Lake:
Eric Tomaszewsky, y su pareja homosexual Andrew “Kiki” Farnum, han sido ingresados para un tratamiento de emergencia despues de que una sesion de sodomía les fuera realmente mal.
“Introduje un tubo de carton por su recto y deslice dentro a Raggot, nuestro gerbo”, explicó.
“Como siempre, Kiki grito “Armagedon”, en señal de que ya era suficiente.
Intente recuperar a Raggot, pero no podía salir, así que me asomé al tubo y encendí una cerilla, pensando que la luz le atraería.”
En una encubierta conferencia de prensa, un portavoz del hospital describía lo que ocurrió después:
“La cerilla encendió una bolsa de gases intestinales y una llamarada salió por el tubo, prendiendo en el pelo de Mr. Tomaszewski y quemando gravemente su cara. También se incendió el pelaje del gerbo lo cual provocó que se prendiera otra bolsa de gas mayor y más interna, propulsando al roedor hacia fuera como una bala de cañón.”
Tomaszewski sufrió quemaduras de segundo grado y rotura del tabique nasal a causa del impacto del gerbo, mientras que Farnum sufrió quemaduras de primer y segundo grado en su ano y en el tracto intestinal inferior.

Tengo que decir que no sólo me impresionó a mí lo del gerbo, y al igual que anoche, aún conmovida, comenté la noticia de antes con Maribel y Big, el día que supimos lo de Raggot estuvimos varios amigos y yo toda la noche planteándonos el triste asunto, y creo que finalmente convinimos en que si alguna vez, la providencia no lo quiera, nos viésemos en una situación semejante, además de no asomarnos como Tomaszewski (que sabiendo que el impacto del animalillo le rompió la nariz, uno puede hacerse fácilmente a la idea de donde tenía la cara), intentaríamos sacar al amago de hamster poniéndole mijo, queso, pienso o lo que quiera que coman en la entrada, porque lo que está claro es que un ratón metido en un tubo no tiene el instinto de dirigirse hacia un fuego como si fuese un mozo dispuesto a saltar una hoguera la noche de San Juan, y lo de ir hacia la luz (aunque se utilice una linterna para evitar la explosión de gases) requiere una dosis importante de misticismo y que piense que está muerto, y por desagradable que le resultase al bicho la espeleología erótica a la que le obligaban, no creo que dejase de saber en ningún momento que estaba vivo al menos hasta el momento del gran estallido, porque después no creo que se saldase lo suyo simplemente con quemaduras en el pelaje.
Pero tras lo de ayer, yo creo que lo mejor es no introducirte jamás nada que no tenga un mango suficiente como para facilitar la extracción, en defecto de un cuerpo humano pegado en un extremo, claro, por si las moscas.
Se podría pensar que es una cuestión de sentido común, pero un accidente lo tiene cualquiera y es sencillo escarmentar en cabeza (bueno, ya me entendéis) ajena.