Venía yo dispuesta a contar lo más destacable de mis tranquilísimas vacaciones, que es lo que cabalmente corresponde, con la ventaja añadida de que los lectores de esta bitácora os vais a librar de la tanda de fotos adorables y vídeos entrañables que suele acompañar a los retornos, sazonados con prolijas explicaciones, por dos razones, a saber: que aunque las hubiese, soy muy pudorosa en público, y que como ni la cámara de fotos ni la de vídeo son nuevas, ni el sitio de vacaciones desconocido, habrá en total una media docena de imágenes de recuerdo que ni siquiera he descargado de la cámara porque estoy vaga con lo de instalar el software.
Digo que venía dispuesta a esto pero después de la desconexión voluntaria de la realidad y las noticias a la que me he sometido, el aterrizaje ha sido en forma de guardias civiles, transformados de nuevo en guardias cerriles, de Roquetas de Mar (Almería, Expaña), y esperaba ver yo una especie de clamor en algunas de las bitácoras que ojeo y que tanto se preocupan por los derechos humanos cuando los viola, por ejemplo, Estados Unidos; pero no me daba yo cuenta de la importante diferencia, ahí es el país entero, aquí elementos incontrolados heredados del antiguo régimen (el de Franco, no el de antes de la Revolución Francesa) de un cuerpo muy respetable pero ajeno por completo al Gobierno, q.D.g.
Yo, que ya sabéis como soy, tiendo a pensar que si los hechos ocurrieron el 24 de julio, el señor ministro ha sido un poco lento de reflejos, pero eso es porque en mi esquema mental no sigo la doctrina Sonsoles de prioridades, en la que lo primero es el descanso y el ocio (y eso que entiendo perfectamente que una flauta mágica paralice las voluntades más firmes, por lo menos la mía es indudable que sí). Pero claro, ella no es mi señorita, y en cambio sí es la del ministro Alonso (y resto de ministros), que de estrés no van a enfermar, no.
O sea, que al señor lo apalizan, según la autopsia, el día 24 de julio, el ministro solicita comparecer el día 4 de agosto y se fijará la comparecencia para el día 17 (de agosto, lo aclaro porque al paso que lleva la burra podía ser septiembre). Pero lo peor de todo es que algunos miembros del cuerpo, para hacer progre al Duque de Ahumada, van y realizan declaraciones como estas del presidente de la Asociación Independiente de la Guardia Civil, que no tienen desperdicio porque ya lo son en sí mismas. Y al zoquete le ha faltado añadir que el agricultor golpeó repetidamente con su pecho en las botas de algún agente, produciéndole rozones en las suelas. Es evidente que al muerto no se le puede resucitar, que los agentes expedientados de momento son presuntos delincuentes con distintos grados de participación en el delito, y que de todo eso se encargará la justicia, pero a este señor, y por lo visto a algunos de sus compañeros, convendría darle algún cursillo de reciclaje para fijar conceptos como proporcionalidad, Estado de Derecho, presunción de inocencia, tratos inhumanos y degradantes, en fin, minucias que jamás harán que se manifieste la intelectualidad de este país pero que yo, modestamente, creo que tienen su importancia también aquí, aunque el muerto no pertenezca a ninguna minoría y aunque Roquetas de Mar esté tan cerca que escandalizarse por lo que allí ocurre resulte vulgar.