El gato ha resucitado
Hoy comienzan las Ferias en mi ciudad. Desde hace unos años se han adelantado para hacerlas durante la semana de la patrona porque antes, cuando se celebraban en honor de San Mateo, hacÃa tanto frÃo que marcaban el momento de sacar del armario los cuellos altos, las cazadoras y los zapatos de invierno para no quedar congelado en lo alto de algún carrusel.
Desde que se hacen con mejor tiempo se celebra también la feria de dÃa, copiada de la de Málaga (sé que la hay en más sitios, pero los concejales de aquà fueron a ver la de Málaga), asà que a partir de hoy las comidas serán a base de tapas y vinos en plena calle, o de platos tÃpicos en la Feria Gastronómica que ponen al borde de Zaratán, la mayor parte de los dÃas. Lo del pincho de Ferias además ha tenido mucho éxito porque aquà con una caña como mucho te ponen una minibandejita de cacahuetes, y algún bar hay donde lo que te dan el resto del año es una aceituna gorda por persona, asà que dos euros por caña, vino o refresco, y tapa, nos encanta en general. Para mÃ, que soy comistrajos, lo de comer a base de pinchos es casi perfecto, pero hay un pequeño detalle que me molesta (cómo no). Bueno, dos.
El primero es la manÃa escanciadora que les entra a muchos de mis convecinos en estas fechas. Vayas por donde vayas, encuentras un grupo de gente alrededor del que tiene la botella de sidra en la mano, en una pose más asturiana que la del gaitero de la etiqueta, llenando vasitos para sus amigos. No estarÃa mal si salpicase a sus amigos en lugar de a mà cuando paso o cuando he tenido la mala suerte de estar tomándome mi pincho y mi vino al lado. Además luego tienes que ir esquivando charcos montada sobre unas sandalias (ya he dicho que ahora suele hacer bueno en Ferias) y queda por las calles un olorcillo a tasca barata bastante desagradable, aunque puede que no se note demasiado porque enseguida llegamos al punto dos.
El segundo es la moda que, por lo menos el año pasado, adoptaron algunos de los bares que pusieron caseta en la calle: asar sardinas. En la feria gastronómica estoy resignada, entiendo que en la Casa de Cantabria, por ejemplo, tienen que ofrecerlas junto con el cocido montañés, y mientras las asan te puedes refugiar en la caseta de AndalucÃa para oler a pescaÃto y fino; pero estar en la plaza de Coca, rodeada por el humo de una fogatilla, impregnándome de ese olor que no se va nunca, se me hace cuesta arriba. Con el aliciente además de que te vas encontrando gente conocida que ha comido sardinas (con las manos, claro) y se empeña en saludarte, y a veces, hasta en besarte.

Eso sÃ, el olor de las sardinas tapa bastante el de la sidra derramada. Pero si sois sufriditos, es un buen momento para venir a mi ciudad y conocerla.









