Desentonando
Ya sé que casi todos los que se hayan enterado del fallo del premio PrÃncipe de Asturias del deporte estarán contentos, porque la mayor parte serán españoles. Pero no deja de sorprenderme que un jurado presuntamente serio de unos premios presuntamente prestigiosos se haya dejado llevar por la «AlonsomanÃa» imperante que hace que cualquiera ahora hable de estrategias de carrera como si llevase viendo F-1 desde los tiempos de Nicky Lauda.
Sobre todo porque aunque este año (Dios mediante) Alonso va a ser campeón del mundo, aún no lo es; y puestos a medir importancia en este ¿deporte? en concreto, me parece innegable que Schumacher tiene más, no sólo que Alonso, sino más que nadie; aunque sÃ, a mà también me cae peor. Claro, no estaba propuesto (nominado, que dirán algunos, suena más moderno, le da un toque entre reality y Hollywood y lo acepta la RAE), y supongamos que además hay que tener valores humanos de los que parece carecer para que te otorguen este galardón. Pero sà lo estaban FermÃn Cacho y Ãngel Nieto, por ejemplo, y ninguno de los dos son promesas ya. Claro que ninguno de los dos tiene tampoco el «tirón mediático» de Alonso, resaltado por el marqués de Samaranch, que otra cosa no sabrá, pero lo que sà tiene claro es como vender(se) bien, aunque sea abaratando.

Pero a mà este premio me suena poco más que a «hijo predilecto» de donde corresponda, una mezcla de prisa y chauvinismo, algo un poco cateto porque por lo prematuro parece que finalmente, aparte de sus innegables pero aún insuficientes méritos deportivos en comparación con otros candidatos, lo que ha contado es la patria chica del muchacho.
Y lo siguiente podÃa ser dar el de la concordia a doña Letizia, que no ha reñido con nadie y es asturiana.









