La ministra calva

La verdad es que entre esta mañana, que es cuando pensé el post pero bitácoras estaba mejorando el servicio (nótese el voto de confianza) y ahora, que es cuando lo escribo, mi mente se ha aturdido bastante mirando las fotos del vestido de la novia de Farruquito, una cosa inenarrable como de mil y una noches pasadas entre sueños Disney y pesadillas atroces, que no encuentro colgada aún por la red, pero viene hoy en todos los periódicos y merece una visita al quiosco si se tiene el alma un punto masoquista. Pero ni el vestido de la novia de Farruquito puede con las declaraciones de la señora ministra de Cultura, y eso que llevaba corona y todo el cuello cubierto de pedrerÃa (la novia del bailaor, no la ministra que después fue «fraila»).
De toda esta entrevista publicada por el periódico que les cuida dejo aparte su afición a las nubes, y espero sinceramente que la afición sea a mirarlas, por ser original y no hacerlo con las musarañas, y no a olerlas, porque inmediatamente dejarÃa de ser chica Vogue para pasar a chica Evax (dejando aparte la cruel cronologÃa). Pero claro, esto es superior a mis fuerzas:
P. Inefable lo suyo cuando un diputado aludió a usted en latÃn -”Calvo dixit”- y usted creyó que la comparaba con los ratoncitos Dixie y Pixie.
R. Sé más latÃn que pelos tengo en la cabeza. Hice siete años de latÃn y cuatro de griego. Le contesté en andaluz. Los andaluces somos muy juguetones con el lenguaje. TendrÃan que haberme visto la cara que puse.
Que tendrÃa un pase si no fuese por el diario de sesiones, en el cual, echando mano de Sic, podemos leer:
La señora MINISTRA DE CULTURA (Calvo Poyato): Gracias, señor presidente.
SeñorÃa, usted para mà nunca será Van-Halen «Dixi» ni «Pixi»; será su señorÃa, el senador Van-Halen, precisamente porque estamos en una Cámara de representación democrática en nuestro paÃs, precisamente porque estamos en el Senado.
Y desde ahora le adelanto que ese modelo de intervención, con alusiones pretendidamente ingeniosas acerca de las personas, en este caso de mi persona, si quiere, se las puede ahorrar, porque no voy a contestarlas.
Claro, leyendo eso, puede parecer que el senador Van-Halen es un dechado de ingenio, chispa, talento y buen humor (aunque sea del PP), pero justo delante de la perlita de Calvo Poyato está la intervención Ãntegra del buen hombre y yo ni mirándolo con la suspicacia de una ecologista mema he podido ver nada parecido a «una alusión pretendidamente ingeniosa acerca de las personas», en ese caso de su persona. Será que me faltan siete años de latÃn y cuatro de griego, aunque conociendo la afición de Calvo Poyato a juguetear con el lenguaje, Dios sabe qué habrá querido decir al manifestar lo del griego.
Por un momento he estado tentada de ponerme a aprender andaluz (¿andalú, supongo?), como si fuese una lengua diferente de la mÃa y no una variedad de la misma, a ver si le pillaba a Calvo Poyato su jugueteo con el lenguaje, y nada, no lo logro yo sola. Quizá algún andaluz fetén lo logre, porque yo de momento he llegado a la conclusión de que lo que llama Carmen Calvo Poyato andaluz es más bien salirse por peteneras.
Lleva mucho tiempo pareciendo la dama boba, pero gracias a su frase «sé más latÃn que pelos tengo en la cabeza» se acaba de destapar como un remedo de personaje de Ionesco.









