Llevaba un tiempo yo oyendo lo de los podcast y esas cosas (bueno, leyendo), pero hasta que no se lo he visto al Capitán Calandraka no he picado. Ya sé que resulta un poco culo veo, culo quiero (aunque no he titulado el post «te doy una canción» como hace mi admirado Yambra; eso ya me parecía francamente irreverente), pero no hay nada que no esté yo dispuesta a hacer por aumentar mi atractivo espiritual, seguramente por culpa de Wolffo que me mete ideas raras en la cabeza.
La canción tiene algo más de un año, creo recordar, pero fue escucharla en la radio del coche con mi hermano pequeño y buscarla inmediatamente, completamente impactados por la profundidad de la letra desde la primera frase. Un impulso desconocido nos empujaba a intentar escucharla una y otra vez, una y otra vez, sobre todo a mí, que estoy peor sin duda (esto lo pongo para que no se mosquee cuando lo lea el fin de semana). No puedo remediarlo, me fascinan las expresiones artísticas con mensaje, como bien intuyó Nicolás, seguramente debido a mis tres años (o sea, todo B.U.P) de compositora para el festival de la Inmaculada (con temas obligatorios, esos postconcilio que forman las canciones de Misa) que se celebraba en el colegio. Claro que ahí componíamos las cuarenta criaturas de la clase juntas y se hacía más llevadero; en cambio la ejecución resultaba una tortura por la misma razón, las cuarenta berreábamos casi al tiempo y eso no hay oído que lo resista sin sufrimiento. Como digo, me encantan las canciones con mensaje, lo único malo suele ser que los cantautores que se esfuerzan con el mensaje hacen luego unas melodías tipo salmodia que me obligan a incluirles en la nómina de cantautores coñazo. Pero eso no ocurre aquí, la melodía es tan pegadiza que una (vale, yo, hablaré por mí) la escucha, llega al estribillo y no puede dejar de hacer los coros: ay ay ayayaya yayyyyyyyyyyyy. De la letra no voy a desvelar nada, sólo os pido que la escuchéis con atención.
Así que ya podéis conectar vuestros altavoces, subir el volumen y darle al play. Seguro que termináis coreando conmigo.