Como bebés
Siempre me ha llamado mucho la atención la gente que ve conspiraciones en todo, pero es porque nunca me habÃa encontrado con una de frente, como me sucedió el sábado por la noche. Ocurrió como suceden todas las revelaciones, de repente, pero analizándolo a posteriori (a priori era difÃcil porque no habÃa sucedido) me doy cuenta de que habÃa indicios claros desde hacÃa mucho tiempo pero los habÃa ido despreciando. Es más, en pleno análisis he llegado a la conclusión de que no influyó para nada en mi apreciación que la camarera olvidase traerme el agua, ni el vino ingerido aprovechando que no habÃa que coger el coche.
El hecho (estremecedor en mi opinión) es que alguien quiere terminar con los tenedores de postre y nos está obligando poco a poco a usar la cucharilla para todo, como si fuésemos bebés. Las razones se me escapan, aunque barajo varias: quizá sea más caro comprar tenedores que cucharas, porque como llevan piquitos será más costoso hacerlos, o puede que piensen que como ahora se desayunan cereales (puaj) y en cualquier momento nos agarramos al yogur, la evolución humana lo que pide es que directamente nos nazca una cuchara en la mano, o tal vez la culpa sea de la novelle cuisine (y de la recua de cocineros reconvertidos en restauradores) que se empeñó en hacer flotar cualquier postre sobre sopas frÃas de papaya, pero el hecho incuestionable es que se está sometiendo a tal ninguneo a los tenedores de postre que estoy convencida de que las nuevas generaciones (españoles de la generación ESO, ahora no hablo del PP) no saben ni que existe el instrumento ni su posible aplicación para comer cómodamente una tarta.

No es una simple marginación como la de las palas de pescado, al menos éstas sà aparecen en casi todos los restaurantes, aunque la falta de costumbre haga que un número indecente de ciudadanos se las lleven a la boca. Pero el tenedor de postre no.
El tenedor de postre ya no aparece, sólo el de fruta, espero, porque comer un melocotón con cuchara tiene que ser de circo; no puedo constatarlo porque cuando salgo por ahà voy del tiramisú o las tartas de moka a los panqueques o los crêpes y para todo eso te ponen una solitaria cucharilla, da igual si estás en la tasca manolo o en el restaurante más caro. Bueno, cucharilla… antes al menos variaban en tamaño las de postre respecto a las de sopa, pero yo no sé si estamos progresando tanto que además de en altura hemos crecido en boca y ahora las cucharillas de postre tienen el tamaño ideal para tomar un consomé deprisa. O una papilla.









