Entradas archivadas en Septiembre dEurope/Berlin 2005

Jueves, 15 de Septiembre de 2005

Como desde siempre he aborrecido las agujas, y aún soy de las que entra en la consulta del médico y lo primero que dice es que se olvide de las inyecciones y los supositorios para evitarme los malos tragos posteriores (creo yo que el practicante me miraría raro ahora si montase uno de mis numeritos habituales), nunca he tenido la tentación de hacerme un tatuaje, ni tampoco de acceder a las insistentes peticiones de piercing en el ombligo; ya tengo dos agujeros extras, uno en cada oreja, y con eso me conformo. La razón básica es el pánico, pero también he visto alguna vez una viejecilla tatuada en la tele, la buena señora debe de tener un récord o algo porque la sacan mucho y además tiene el cuerpo cubierto de pinturillas de guerra, y la verdad es que lo que luce en una piel tersa pasa a ser pelín repugnante en los colgajos con los que la vida nos va obsequiando. Algunos resultan un poquito patibularios, y luego ves otros y te preguntas qué tipo de promesa de castidad ha podido llevar a su dueña a hacérselo; o qué tipo de perversión hace que un ser humano siga con ganas ante semejante entrada, por mucho que se repitan a sí mismos lo de las trincheras.
Para las que no soportamos el dolor, y el tatuaje nos gusta sólo en canción, siempre quedaba el recurso de las calcamonías o calcamanías de nuestra infancia, que al sofisticarse pasaron a llamarse tattoos pero seguían sin serlo; era nada más que la pegatina del tigretón ahora costaba un poco más y venía a ser una rosa para poner en el omóplato, en la cadera o en el tobillo en lugar de en el antebrazo, que era donde las poníamos de pequeños. Sin embargo, los niños evolucionan como los pokemon, y se ve que una pegatina ya no es suficiente, ahora andan enredando con tintas. Ya contó Binche una vez que existía un juego para «primeros tatuajes», y algunos ayuntamientos hasta montan casetilla en ferias para que los adolescentes se hagan uno (sin agujas, eso sí, que era lo que a mí me echaba hacia atrás), aunque a estas alturas los concejales de Guadix estarán acordándose de la hora en la que decidieron ser modernos y enrollados. Lo único bueno del caso es que sirve para pedir una comisión de investigación, con lo que se entretiene un político con ellas y lo útiles que resultan.

Martes, 13 de Septiembre de 2005

Cuando estudiaba (con clases organizadas, exámenes y esas cosas) pensaba que la sensación de «comienzo» que traía septiembre iba a desaparecer con los años, pero no ha sido así. Septiembre sigue siendo un mes de inmersión en viejas rutinas y aquí, además, trae mal tiempo, algún día sombrío como el de ayer que, para que no le faltase ningún detalle, era el lunes de la semana que vuelve a tener tardes, después de Ferias.
Pero, a veces, para que el día deje de ser sombrío, basta con coger el teléfono, marcar el número adecuado, y dejarse envolver por la voz y las risas que nos responden.

Lunes, 12 de Septiembre de 2005

Siringe era una ninfa de la Arcadia, bella como imaginamos siempre a todas las ninfas (las de Umbral incluidas).
Cuando se cruzó en el camino del libidinoso dios Pan le fascinó de tal modo que enseguida se convirtió en objeto de su deseo. Bien, la verdad es que Pan tenía algo de predisposición a dejarse llevar por la belleza de las ninfas que le rodeaban, porque era tan lascivo que destacaba por lúbrico entre los dioses griegos, y pocas cosas se me ocurren más difíciles que esa.
Pan persiguió a Siringe sin tregua mientras ella huía hasta que la pobre se vio detenida ante el río Ladón, sin atreverse a cruzar su cauce.

Desesperada y viéndose cercada por Pan, imploró a los dioses que acudiesen en su ayuda y estos, atendiendo a su plegaria con el sentido del humor que derrochan cuando conceden lo que se les pide (recordemos a Dafne), la transformaron en una caña.
Pan no se dio por vencido con la metamorfosis, enseguida cortó las cañas en tubos de distintas longitudes, los reunió y soplando a través de ellos hizo entonar a Siringe las más hermosas melodías, contenta cuando los labios de Pan la rozaban y muda si el dios no la besaba.
Desde entonces Siringe es también la flauta de Pan.

Viernes, 9 de Septiembre de 2005

que dicen que vale más que mil palabras…

Es así, me muevo entre la alegoría y la pataleta :F

Miércoles, 7 de Septiembre de 2005

Ya sé que casi todos los que se hayan enterado del fallo del premio Príncipe de Asturias del deporte estarán contentos, porque la mayor parte serán españoles. Pero no deja de sorprenderme que un jurado presuntamente serio de unos premios presuntamente prestigiosos se haya dejado llevar por la «Alonsomanía» imperante que hace que cualquiera ahora hable de estrategias de carrera como si llevase viendo F-1 desde los tiempos de Nicky Lauda.
Sobre todo porque aunque este año (Dios mediante) Alonso va a ser campeón del mundo, aún no lo es; y puestos a medir importancia en este ¿deporte? en concreto, me parece innegable que Schumacher tiene más, no sólo que Alonso, sino más que nadie; aunque sí, a mí también me cae peor. Claro, no estaba propuesto (nominado, que dirán algunos, suena más moderno, le da un toque entre reality y Hollywood y lo acepta la RAE), y supongamos que además hay que tener valores humanos de los que parece carecer para que te otorguen este galardón. Pero sí lo estaban Fermín Cacho y Ãngel Nieto, por ejemplo, y ninguno de los dos son promesas ya. Claro que ninguno de los dos tiene tampoco el «tirón mediático» de Alonso, resaltado por el marqués de Samaranch, que otra cosa no sabrá, pero lo que sí tiene claro es como vender(se) bien, aunque sea abaratando.

Pero a mí este premio me suena poco más que a «hijo predilecto» de donde corresponda, una mezcla de prisa y chauvinismo, algo un poco cateto porque por lo prematuro parece que finalmente, aparte de sus innegables pero aún insuficientes méritos deportivos en comparación con otros candidatos, lo que ha contado es la patria chica del muchacho.
Y lo siguiente podía ser dar el de la concordia a doña Letizia, que no ha reñido con nadie y es asturiana.


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