Leyenda del tiempo

Ya conté hace un año que octubre en mi familia es un mes cargado de cumpleaños, y el sábado celebramos el primero de los que nos trae, que es el de mi madre. Como somos una familia escurridita, para sumar la docena de personas nos reunimos con las hermanas de mi madre, mis primas, y sus maridos. Y la abuela, claro. Porque lo que se dice todos juntos ya sólo estamos en los cumpleaños, en la mitad de las fiestas navideñas (la otra mitad corresponde a las familias polÃticas) y en el dÃa que cerca de la Inmaculada aprovechamos para poner los adornos de Navidad en casa de la abuela, que es donde nos reunimos todos en esas fechas.
Asà pues, el sábado nos invitó mi madre a comer a todos y luego estuvimos tomando unas copas al aire libre, aprovechando que todavÃa no hacÃa un frÃo que pudiese con el sol. La abuela normalmente ya vive en su mundo, y reclama aproximadamente las mismas atenciones que un bebé, pero le gusta ver reunida mucha gente alrededor suyo, y le encanta ser el centro de atención, que todos los que pasen o que se acerquen por donde está le digan lo estupendamente que la encuentran a su edad (siempre la dice, sabe que inmediatamente después de decirla viene un piropo), porque mi abuela es la demostración viva de que la coqueterÃa no se pierde con los años, aunque ahora sólo se preocupe de las uñas (tenéis que llamar a la manicura, tenéis que llamar a la manicura) y del pelo. A finales de este mes es también su cumpleaños y, aunque no lo olvidamos ninguno, ya se encargó ella de recordárnoslo «sutilmente», pero no el de este año, no. Es que, en un alarde de optimismo inconsciente, porque conscientemente muchas veces escuchamos la cantinela de «para lo que hago yo aquÅ», ella está preparando su centenario… ¡para dentro de cinco años! Ella creo que ve el plazo más breve que el resto de los que estábamos allÃ, que votábamos por hacer cada año algo especial, o por lo menos este año, antes de esperar el lustro que falta. Pero para mi abuela ya sólo son especiales los 100, los 95 le parecen iguales a los 94.
De momento sólo quiere hacer una comida además de con nosotros, con todos los de su familia: sus sobrinos, y los hijos y nietos de estos. De momento, porque con el tiempo que falta y sin más preocupación que esa, ya se le ocurrirán más cosas, o se nos ocurrirán al resto, que tiemble Farruquito. El tiempo corre hacia la muerte para todos, pero por ahora mi abuela piensa: asà que pasen cinco años.
Y nosotros que lo veamos, pido yo.









