El mezclar religión y política tiene como problema, además de otros muchos (y nótese que digo religión en general y no catolicismo en particular, que no soy, ni quiero ser confundida con, una progre de salón) que incluso quienes renegaron muy tempranamente de ese contubernio (Dios mío, si alguno de ellos lo lee que consulte el diccionario antes de llamarme facha por usar la palabrita de marras), terminan copiando los tics que tanto criticaron. Es como si al final se hubiesen quedado en la rebelión del tejido o la melena, que consiste básicamente en vestir pana o camisetas y portar la corbata con el cuello más afectado que María Antonieta o ser un rebelde capilar, o sea, siguen llevando el pelo largo porque en un momento dado fue transgresor, sin darse cuenta de que con el paso del tiempo se han hecho conservadores, al menos del peinado (lo de conservador del cabello suele escapar a la voluntad y quedar en manos de algo llamado DHT, por lo visto) y del puestecito, y además impostores de las ideas.
Pablo IIISe forman así, primero por reacción a lo establecido y luego por aluvión de ismos correctos, una especie de Papas laicos que con aparente beatitud pontifican sobre las ideas (ajenas, por supuesto, dado que las propias son inamovibles y les vienen dadas en base a su militancia declarada o vergonzante si pertenecen a la extraña tropa de estómagos agradecidos; mira por donde de tropa a trepa no hay más que una vocal, fuerte, eso sí), mientras los adoradores nocturnos de algún miles gloriosus con pasado heroico inventado besan su anillo de pescador presas de excitaciones próximas al éxtasis. Desde su supuesta altura intelectual (¿no lo había comentado? son intelectuales, lo que se dice la intelligenzia, aunque el pudor de la inteligencia no sea capaz de atemperarles el enconamiento) arengan a otros menos dotados, con panegíricos escogidos y frases aparentemente inocuas pero de las que, extrañamente, «los suyos» sacan conclusiones que hacen temblar a quien los escuche o lea, aunque no sea de «los otros» y aunque esa división, simple y como de fútbol, le repela. También brillan en los obituarios, tanto que casi los convierten en elegías, no tanto como dicen que brillaba González Ruano, y desde luego sin tenerlo como ejemplo (conscientemente, claro, vade retro).
Sustituyeron la infalibilidad del Papa por la propia, y estar en posesión de la verdad hace que cuando miran alrededor, a esos alrededores llenos de gente menos dotada intelectualmente o, en caso de reconocer una cierta inteligencia, llena de mala fe por negarse a ver la Verdad, no puedan comprender ideas distintas a las que contra viento y marea, y negando la evidencia tantas y tantas veces, defienden. Suelen sacar mucho a pasear a la Inquisición (obviando, claro está, lo del brazo secular), pero se distinguen muy poco de los cazaherejes que velaban por la ortodoxia. A veces, incluso, tienen a su servicio importantes máquinas de propaganda de esas que dividen el mundo en los buenos (los suyos, sobra decirlo) y los malos. Sencillito y comprensible para todo el mundo.
papalaicoAñoran épocas que no conocieron como si de la Arcadia feliz se hubiera tratado, pero es que llegar a la vida pública tras una generación de vencedores y vencidos tiene que ser duro, sobre todo si el mayor anhelo de uno es militar en uno de los bandos y reescribir la historia. Eso obliga a buscar anacrónicamente herederos del otro bando para poder descargar la ira y el resentimiento contra ellos, particular y deshonroso empeño que va a ocuparles toda la vida. Curioso resentimiento, que no es personal sino inoculado a base de historias oídas de boca de gente que con su exaltación a posteriori tapaba la cobardía de un momento o directamente la equivocación.
Cuando les escucho no sé si ponerme a contar los tópicos esgrimidos o el número de adhesiones inquebrantables que se producen tras sus homilías, signo inequívoco del totalitarismo tanto de los que hablan como de los que oyen complacidos porque la música les suena y la letra cambia poco, pero hay poca gente por la que yo me decida a contar la arena del mar.