Por el mar corren las liebres
El domingo, dÃa que antaño era el del Señor, habrá gente que siga dedicándolo a ese menester, como puntualmente anuncian las campanas que me suelen despertar sobre las doce llamando a Misa, pero en mi caso es más bien dÃa de pecados capitales. Además de los de diario, se añaden la pereza que preside el dÃa y la gula de los desayunos reposados de café con leche, bollerÃa y zumo (que por cierto he «descubierto» uno riquÃsimo, igualito que el de las naranjas de verdad, con la ventaja de que no tengo que limpiar el exprimidor) tan sólo un rato antes de la comida. En cambio, la ira se va, y ni siquiera Pepiño Blanco es capaz de resucitarla, ni hablando de la mentira como si fuese la persona más honrada del mundo y no tuviese nada qué ver con el partido que tiene a Montilla de ministro o sujeta el gobierno del nepote Maragall. Por no remontarme mucho en el tiempo. Y como si lo de «el periódico que se independiza de la mañana» fuese un error de cálculo, falta de capÃtulos de Barrio Sésamo o un redactor ciego. De todas formas da igual cuántos fuesen, porque de sobra sabemos todos que era una manifestación de obispos rabiosos y fachas recalcitrantes, nostálgicos del franquismo en pleno ensayo para el domingo que viene (esto no lo han dicho o no lo he visto, pero se lo brindo a algún progre de salón falto de mala leche si es que tal cosa existe), derechona en busca de mantener sus privilegios, gordos que se alimentan de la sangre del proletariado, o desclasados, o traidores a su clase (social, no me refiero a las rencillas de colegio), que avergüenzan a cualquier persona con dos dedos de frente, ventajistas que se aprovechan de las libertades que no quieren, como se aprovechan Pedro Jota y Jiménez Losantos (oh, por favor, que nadie se corte, además metámonos en la vida privada de alguno de ellos para descalificar su labor profesional, olvidemos los delitos por los que la conocemos y obviemos quienes delinquieron para que supiésemos algún secreto de alcoba, seamos liberales sólo con nuestras ocultas perversiones, que las ajenas siempre son peores) de la libertad de expresión que todo el mundo tendrÃamos que tener claro para quien está establecida, hombre, que una cosa es libertad y otra libertinaje, que asà lo único que hacen es aprovecharse de los demócratasdetodalavida, como si ellos fuesen ciudadanos iguales y tuviesen los mismo derechos per se. Hasta ahà podÃamos llegar.









