Caravaggio, La cabeza de Medusa, posterior a 1590, óleo sobre lienzo montado sobre madera, UffiziEstoy convencida de que entre los cambios físicos y mentales que se producen cuando alguien pare, uno de ellos tiene que ver con que lo que hayas parido te parezca precioso, tierno, y todas esas cosas que huelen a nenuco y talco. A veces es verdad que la revolución hormonal se extiende a medio pueblo (hubiera puesto nación, pero luego la gente se pone a enredar como si estuviésemos en la descolonización, y no es eso; sin embargo lo de pueblo puede dar a entender que estoy hablando de Villaconejos, y tampoco), pero no es más que una cuestión de repercusión, porque a menor escala ocurre lo mismo en todas las familias del mundo (o del mundo que yo conozco). Supongo que si a mí me tocase un hijo pelirrojo, en el caso de que hubiera apareamiento previo con portador de esos genes, pues me terminarían gustando los pelirrojos, pongo por cosa improbable y como ejemplo de que a la fuerza ahorcan. En ocasiones, sin embargo, el padre tiene un momento de lucidez y verborrea y dice: «es como la madre, el pobre». Que elegante no sería, pero ajustado a la realidad, un rato. Los dioses puede que fuesen distintos, así que quizá cuando Forcis y Ceto alumbraron a las Gorgonas tal vez no se pasasen el día embelesados mirándolas, ni preguntando al resto de dioses reunido para verlas si eran monas, que es la pregunta ideal porque puedes decir que sí tanto si la criatura es preciosa como si tira a simio. O puede que estuviesen acostumbrados a caras monstruosas, y a fin de cuentas éstas no tenían que compartir un ojo y un diente entre ellas, que también ayuda a parecer más presentable.

Ceto, por su parte, engendró con Forcis, a las Grayas, de hermosas mejillas, canosas desde su nacimiento, a las que ancianas llaman los dioses inmortales y los hombres que por la tierra caminan; a Penfredo, de hermoso peplo; a Enío, de azafranado manto, y a las Gorgonas, que habitan al otro lado del famoso Océano, en el límite de la noche, donde las Hespérides, de armoniosa voz, Esteno, Euríala y la desventurada Medusa. Ésta era mortal, pero las otras inmortales y exentas de vejez las dos […]
Hesíodo, Teogonía.

Lo que no se puede negar es que Forcis y Ceto sí sabían escoger nombres sonoros para su descendencia. Parecían unos padres modernos.