No sé cuánta simpatía tiene que reunir en su cuerpo una víctima del terrorismo, incluido el silenciado terrorismo de Estado (GAL), para que merezca el respeto general, si no en todo lo que haga en su vida, que tampoco es una patente de corso, al menos sí en el dolor que le ha producido el ataque contra su vida, su integridad física o las de los suyos; porque yo, menos exquisita que Manjón, sí considero víctimas a quienes pierden a un familiar o lo recuperan tullido física o emocionalmente, aunque no sean madres. Y si la falta de ecuanimidad, de objetividad, las soflamas que lance por su boca, el resentimiento, la cerrilidad o la sospecha de que otros intereses alimentan su acción eliminan el respeto que como víctimas se les debe, lo eliminan para todos, incluidos quienes reciben la bendición general porque atacan al coco particular culpable de todos los males que hay en España.
En los revueltos años anteriores a lo que terminó siendo la Guerra Civil, intelectuales de uno y otro signo (que no eran dos signos, sino dos mil diferentes que se iban reagrupando, más por oposición a los otros que por afinidad entre ellos, a disgusto y malas penas) fueron desarrollando su obra, y muchos de ellos lo hicieron incluyendo soflamas que incitaban a desórdenes y asesinatos. Por lo menos es un lugar común aceptar que al menos en uno de los bandos (el de los malos, claro) ocurría así; en el otro, que ya dijo Trapiello que ganó la historia de la literatura, y además ha ganado la historia en general, es más discutido si hay causa y efecto entre que un poeta pusiese a alguien negro sobre blanco en la página de su panfleto revolucionario y que ese alguien terminase con varios tiros en una fosa común.
metáfora cargada a punto de...Seguramente este juez no sabe que las metáforas las carga la pluma y las termina ejecutando alguna alimaña. Supongo que el tonillo chulesco y trasnochado (ese «si tienes lo que hay que tener», por favor… ) será también una cuestión de estilo, y para ser redondo le ha faltado decir, no sólo insinuar, aquello de «no sabe usted con quién está hablando». Tal vez él se sienta inocente, para mí no lo es, ni siquiera es respetable. Ni tampoco sabe lo que es un estrambote, aunque su sección se llamase así. Y no entiendo que no haya un clamor general contra la estupidez peligrosa escrita por este personaje.
Es verdad que no somos ya aquella España. Ojalá no seamos tampoco Yugoslavia.