Antaño la monarquía tenía un halo mágico que a algunos países (Japón, yendo lejos. Chorus: Japón, mira que está lejos Japón) les ha costado quitar, si es que lo han conseguido del todo. Aquí, modernos como somos, ya no pensamos ya que el rey tenga un origen divino. Por lo menos, no lo enunciamos así, aunque escuchando la pléyade de cortesanos babosos está claro que hay gente que, aunque reniegue del origen divino, está dispuesta a aceptar que el rey y su familia (por extensión, porque si encima ven méritos propios en ella ya pasarían de babosos a oligofrénicos) reciben en algún momento de su vida una especie de rayo divino o cósmico (versión para ateos militantes) que los convierte en los mejores seres humanos que pisan la tierra.
Total, que en estos días estamos muy contentos porque vencimos a Franco, (no, no tengo edad de haber sido una luchadora, pero mi primera persona del plural es tan inexacta como si hubiera puesto la tercera e incluido a todos los que dicen que lo hicieron, cuando a lo que se limitó la mayoría es a celebrar cómodamente, cuando no a lamentar, que se había muerto) y porque llevamos treinta años de monarquía. A mí me parece que sí constituye un motivo de celebración llevar treinta años en democracia, algo menos si tenemos en cuenta que hasta 1977 no entra en vigor la Ley para la Reforma Política, ni se legalizan los partidos políticos, ni se celebran unas verdaderas elecciones democráticas, y normal reconocer el papel que también desempeñó el rey en aquel proceso de desmantelamiento pacífico de un régimen que se suponía «atado y bien atado». No me parece poco motivo, la verdad. Por eso no puedo entender un reportaje de Telemadrid que vi anoche. Reconozco que sólo llegué a ver un trozo, por lo cual tal vez la parte sustancial me la perdí, aunque como era un recorrido año por año de hechos ¿significativos? durante el reinado de Don Juan Carlos, tiendo a pensar que todo el programa vino a ser lo mismo. Lo que no puedo entender es que de cada año se seleccionasen unos tres hechos (pongamos: que se produce el intento de golpe de Estado de Tejero, que muere Chanquete, y otro por el estilo) y que luego se entreviste a una persona con la que el rey hubiera tenido contacto ese año, que de las que yo vi eran: el cámara que grabó el mensaje del Rey el 23-F; su colega de las regatas contando que el rey vomitó una vez que tomó un café con sal; uno que practicaba tiro al plato con él y que para hacerse la foto el rey le colocó en un tocón (él decía tallo, pero un tallo de flor no hubiese soportado el peso) con el fin de aproximar (Señor, a su altura no podré estar nunca, cuenta él que le dijo) alturas; el dueño de un restaurante que contaba como una vez el rey, puesto que su restaurante no tenía inalámbrico, se levantó de la mesa para ir a la barra y atender una llamada (luego este restaurante, viendo los precios, habrá puesto una central de comunicaciones por satélite o algo así); una niña que toca el violín a la que el rey dio un beso de gnomo (o eso entendí); un periodista que contó una insulsa (lo de insulsa voy a dejar de ponerlo, de aquí en adelante se puede añadir sin problema casi a cada historieta) anécdota sobre como el rey jugaba al escondite con él en una tienda durante un viaje a Australia; un torero que le brindó un toro y habló con él sobre trapío; el capitán del Atlético de Madrid cuando hicieron doblete, que nos recordó que el príncipe para el fútbol sí tiene criterio; un señor al que entregaron una zodiac porque a finales de los ochenta tenía que hacer señales con espejos u hogueras para que le fuesen a buscar a la isla donde vivía; un voluntario del chapapote (del Prestige, a ver si hubo algo sobre el Mar Egeo _1992_ no llegué); los padres de una víctima de los atentados terroristas de Madrid del 11 de marzo de 2004; Albert Boadella, que narró como el rey es incapaz de asistir en silencio a una obra de teatro suya; Ángel Nieto, por quien el rey se preocupó mucho cuando se cayó de la moto en 500cc y mandó a alguien para que preguntase qué tal estaba; Concha Velasco que contó como cuando los reyes fueron a ver su obra «Buenas noches, madre» el servicio de seguridad intentó que no disparase el arma con el que la protagonista se suicida, y un reportero del «caiga quien caiga» que le dio unas gafas blancas (luego habrá quien diga que quitaron el programa porque se les habían terminado las ideas, si es que…) cuando se casó la infanta Cristina.
noticiarios documentalesDesde luego no se puede negar que la muestra era variada, no sé si también representativa. Sólo que visto sin grandes dosis de maldad, una termina concluyendo que el rey es una figura compuesta de unos gramitos de conseguidor (por la zodiac, unos pisos que se terminaron no sé donde, y la intervención del ejército en lo del chapapote, logros atribuidos todos a la intercesión directa del monarca, no sé si con razón o no, por los entrevistados), otros de consolador (sincero, eso sí), y grandes dosis de cazador, regatista, y todas esas cosas de deporte que exigen un gran desembolso previo.
En fin, no sé si el reportaje habrá sido el resultado de una de esas brillantes ideas alrededor de una mesa, en plan «¿y por qué en lugar del reportaje de siempre no hacemos uno mostrando el lado más humano, buscando gente de todos los ámbitos que haya tenido contacto con él?», que yo supongo que se le suele ocurrir al que está haciendo méritos o al que quiere terminar y marcharse de una santa vez a comer, pero creo que se les ha ido un poco la mano, y han presentado una mezcla de «Padrecito» e inútil importante, porque si treinta años dan sólo para eso, caro nos sale.
Y aquí estoy yo, intentando decidir si el reportaje lo hizo un republicano listo, o un monárquico bobo al que se le ha ido la mano intentando demostrar que el rey es una «persona humana» muy campechana (chorus:« en eso es muy Borbón»).