Entradas archivadas en Diciembre dEurope/Berlin 2005

Viernes, 30 de Diciembre de 2005

feliz 2006Supongo que como la mayoría de los lectores de blogs se conecta desde el trabajo, y vamos a cambiar el año en fin de semana, éste es el momento para desearos un feliz Año Nuevo. Llevaba unos días pensando qué hacer para transmitir mis buenos deseos, pero cuando he visto al fin la luz era un poco tarde ya, pese a lo evidente de la respuesta (los excesos no favorecen la rapidez mental): siendo yo princesa, aunque sea del guisante, lo normal es felicitar con una foto de familia. Es difícil reunirnos en una sesión a Equis (es por mantener el anonimato), a mi furby (a falta de niños o mascotas de las que van dejando rastro) y a mí, y además las macetas de flores de pascua para poner en los lados en mi casa nunca resisten la Navidad entera, a estas alturas son ya unos tristes tallos debido a la calefacción, pero ese es un inconveniente de clase media, porque la realeza lo resuelve de maravilla (bueno, de maravilla no, pero lo resuelve) con un poco de photoshop. Bien es verdad que no tengo el photoshop instalado, pero digo yo que el Corel me serviría igual. Ahora bien, del furby no tengo una foto reciente (creo que antigua tampoco, pero no me he puesto a buscar), Equis no está por la labor de salir retratado en internet, así que tendría que hacerme acompañar por el Gigante Verde que será lo que hace juego con la PrincesadelGuisante, y yo misma en todos los retratos en funciones de princesa aparezco rara (en los demás también pero no es el tema), con tirabuzones y vestiditos largos, además hay una tendencia muy sospechosa por parte de los dibujantes que consiste en sacarme sentada o tendida en la cama, encima de decenas de colchones, y esa no es pose para una felicitación como es debido (sin embargo sería ideal para una felicitación sicalíptica); seguramente se podrá arreglar la postura, pero tal vez pierda alguna extremidad al forzar el escorzo o similar, y yo no quiero parecerme a la nieta mayor de los reyes (ni a ningún otro, ni siquiera a los de la cuota de nacionalidad histórica), que aparece sin brazos la pobre criatura.
En fin, que por todo esto, mis deseos de salud, dinero, amor y de todo para el próximo año van por las buenas para todos vosotros, de forma clásica, con las uvas que nos tomamos desde que les sobraban a los cosecheros, y el espumoso de Rueda. Pero en compensación, el deseo en mí siempre es mucho.
Entrad con buen pie en el 2006 (hubiera puesto con el pie derecho, pero acaba de darme un ataque de corrección política)

Miércoles, 28 de Diciembre de 2005

monigoteMetido entre el parto y la Adoración, en esta adaptación a ritos paganos que disfrutamos los católicos, está el día de los Santos Inocentes, que hace unos años la prensa celebraba con alguna noticia posible pero extraña, más bien sencilla de localizar. No sé si este año lo hará también, porque yo llevo ya varios días pensando que se había adelantado la fecha y por eso andaban a vueltas con una fragata que no estaba en la guerra pero estaba donde la guerra, o algo así; no lo sé bien porque aún no han dejado que Bono se líe en la explicación; cuando le escuche seguro que me queda mucho más claro, aunque no sea cierto lo que cuente y lo desvirtúe hasta la frontera justo de la mentira. Yo sé bien que no ha habido nada de guerra porque seguro que si lo hubiese habido ya estarían denunciándolo en la calle nuestros intelectuales de guardia, y nada que pudiese hacer esa Beatriz Galindo rediviva podría impedir su valentía en la denuncia.
Es difícil acertar con el grado justo de inocencia, que a veces se es inocente por no poder ser otra cosa, aunque en ocasiones un regalo particularmente encantador e inesperado nos devuelve a un estado parecido al de la infancia, y no es mala forma de empezar las Navidades.
Pero volviendo a los medios, mucho van a tener que afinar para que la inocentada en primer lugar sorprenda, y en segundo, no termine convirtiéndose en realidad en un plazo más que breve de tiempo por mor del consenso o del talante.

Viernes, 23 de Diciembre de 2005

huele bienLa realidad es tozuda, o eso dicen. Yo tendría que saberlo, si algo debería de poder reconocer es la cabezonería, ya que si tengo el día bueno soy encantadoramente constante y aplicada, y cuando no, adorablemente testaruda (adjetivo yo, sí, y no voy a ser benevolente en estas fechas con todos menos conmigo). Y la realidad, aunque no termina de estropear todo, sí va echando borrones en mis buenos propósitos. Ayer salí para el correspondiente round de compras, toda equipada para el frío (sombrero, abrigo, botas, guantes, etc.) y para la Navidad (mi espíritu navideño), pero el espíritu navideño se evaporó en cuanto entré en un probador, y no por culpa del espejo, ni de los modistos empeñados en vestir efebitos ignorando nuestras caderas (porque ellos luego no aprecian que una las mueva bailando ni nada), sino porque en un instante comprendí que con los perfumes y colonias que vemos en anuncios hasta la náusea, ocurre en muchos casos como con los libros: se regalan, pero no se usan en absoluto, decoran el cuarto de baño o el salón donde no se entra; o se usan mal, y se leen en diagonal añadiendo unas gotas de confusión en ignorancias puras e irredentas o se echan sin criterio sobre el sudor añejo. Es que fue abrir el único probador libre, e invadirme un olor a tocino revenido (que no sé cómo olerá exactamente, pero seguro que muy mal), denso hasta el punto de poder cortarse con un cuchillo. Bueno, lo de que se podía cortar no lo comprobé porque en el bolso no llevo cuchillo (es que llevo el bolso más vacío de lo que el tópico dice, y nada ilegal salvo el tabaco, que está a punto de serlo), y de haberlo llevado quizá más que para el olor lo hubiera empleado en el agente activo del hedor, si hubiera llegado a saber quien era. O sea, que la Navidad no es un mundo donde todo el mundo es bueno (inocente sí parece, por lo menos el presidente electo de Bolivia), atractivo y perfumado. Y encima no pierdo el olfato ni con el trancazo que llevo. Qué chasco.

Lunes, 19 de Diciembre de 2005

FelicidadesLos días de las Navidades son unos días extraños. Iba a poner la semana, pero en realidad sería inexacto, porque ahora que el tiempo no nos cunde, estiramos las fechas señaladas hasta donde hace unos años no podíamos imaginar, y aunque normalmente nos manifestamos angustiados por la falta de tiempo, yo creo que tenemos mucho más (para otras cosas que no sea el puro subsistir) del que disponían nuestros antepasados. Pero en estos días se desdibuja lo cotidiano, la rutina se embosca en otras rutinas que, por ser anuales, acogemos con más agrado, igual que el hijo que está fuera siempre es el más querido y Santa María la lejana, la más devota. Sin duda el espíritu de la Navidad que me posee explica que me vaya a pasar las tardes de esta semana, casi sin rechistar (sin ese casi no sería yo), haciendo de duende de Papá Noel (aunque en casa no es Papá Noel, es el Niño Jesús el que deja la mitad de los regalos la noche del 24, que a nuestra mente burguesa se ve que con el añadido de fecha le sobraba, y prefirió seguir con la imaginería tradicional) , y la siguiente de paje de los Reyes Magos, intentando completar listas, discurriendo alguna sorpresa, y en mi caso, encargándome de variar cada año la decoración de las mesas y de los paquetes. Y así, llena de amor, paz, felicidad y envueltita en la nube de perfume que te echan encima en cuanto entras o sales de unos grandes almacenes, lo único que procede hacer ahora mismo es desearos feliz Navidad a todos los que pasáis por aquí y tenéis la paciencia de leer. Aquí tenéis mi felicitación para vosotros, que veréis si superáis unas pequeñísimas pruebas.

Jueves, 15 de Diciembre de 2005

manosHay cosas que uno escucha con cierta frecuencia a propósito de sí mismo. En mi caso, una de ellas es un poema (bueno, fragmentos, claro, nadie me aburre con él entero aunque hay una franja de edad en la que se lo saben) que se popularizó en los años progres y que recurrentemente se regraba en forma de canción, y otra es un refrán que me recita cualquiera que tiene la suerte de ser agraciado con una caricia, incluso con un roce casual de mis manos casi en cualquier época del año, pero especialmente, claro, en invierno. Hasta ayer yo pensaba que la gente era más bien exagerada, y que bueno, una tiene las manos frías pero tampoco para montar escándalos. Pero ayer se me ocurrió echarme una siesta rápida, y sucede que carezco de la habilidad común a otros humanos de dormir sentada. En principio no supone mayor problema, porque tampoco es que necesite una cama, sólo tumbarme y enroscarme, y por otro lado me evita dar el penoso espectáculo de la babilla cayéndose en público que se ve a veces en aviones o autobuses, pero claro, al tumbarme tengo que hacer algo con las manos, normalmente ponerlas debajo de mi cara, o pegadas a mi cuerpo; debajo no, porque aún no he descubierto cómo puede uno dormir sin preocuparse de los brazos, a mí siempre me estorba uno: cuando es mío porque se me duerme, y cuando es ajeno porque es, como cualquiera puede suponer, mayor que un guisante y ni siquiera está bajo el colchón. Pero ayer, que no sé si yo estaba muy sensible por el madrugón sumado al frío que hace por estas tierras ya o que las horas de teclado y ratón se habían acumulado, no encontraba forma humana de reconciliarme con mis manos, no frías, gélidas, me hacía tanto daño tocarme que no podía ni calentarlas. Si no lo hubiese sabido de antes, ayer habría entendido cuánto me han querido y me quieren para soportar semejantes manos. Para colmo de males, y por asociación evidente de ideas, se me metió en la cabeza una canción antiquísima de Miguel Bosé (por ponerte algún ejemplo te diré… ). Y claro, así no hay quien duerma una siesta pacífica, ni aunque se tenga el ¿consuelo? de tener el corazón caliente.


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