Feliz 2006
Supongo que como la mayorÃa de los lectores de blogs se conecta desde el trabajo, y vamos a cambiar el año en fin de semana, éste es el momento para desearos un feliz Año Nuevo. Llevaba unos dÃas pensando qué hacer para transmitir mis buenos deseos, pero cuando he visto al fin la luz era un poco tarde ya, pese a lo evidente de la respuesta (los excesos no favorecen la rapidez mental): siendo yo princesa, aunque sea del guisante, lo normal es felicitar con una foto de familia. Es difÃcil reunirnos en una sesión a Equis (es por mantener el anonimato), a mi furby (a falta de niños o mascotas de las que van dejando rastro) y a mÃ, y además las macetas de flores de pascua para poner en los lados en mi casa nunca resisten la Navidad entera, a estas alturas son ya unos tristes tallos debido a la calefacción, pero ese es un inconveniente de clase media, porque la realeza lo resuelve de maravilla (bueno, de maravilla no, pero lo resuelve) con un poco de photoshop. Bien es verdad que no tengo el photoshop instalado, pero digo yo que el Corel me servirÃa igual. Ahora bien, del furby no tengo una foto reciente (creo que antigua tampoco, pero no me he puesto a buscar), Equis no está por la labor de salir retratado en internet, asà que tendrÃa que hacerme acompañar por el Gigante Verde que será lo que hace juego con la PrincesadelGuisante, y yo misma en todos los retratos en funciones de princesa aparezco rara (en los demás también pero no es el tema), con tirabuzones y vestiditos largos, además hay una tendencia muy sospechosa por parte de los dibujantes que consiste en sacarme sentada o tendida en la cama, encima de decenas de colchones, y esa no es pose para una felicitación como es debido (sin embargo serÃa ideal para una felicitación sicalÃptica); seguramente se podrá arreglar la postura, pero tal vez pierda alguna extremidad al forzar el escorzo o similar, y yo no quiero parecerme a la nieta mayor de los reyes (ni a ningún otro, ni siquiera a los de la cuota de nacionalidad histórica), que aparece sin brazos la pobre criatura.
En fin, que por todo esto, mis deseos de salud, dinero, amor y de todo para el próximo año van por las buenas para todos vosotros, de forma clásica, con las uvas que nos tomamos desde que les sobraban a los cosecheros, y el espumoso de Rueda. Pero en compensación, el deseo en mà siempre es mucho.
Entrad con buen pie en el 2006 (hubiera puesto con el pie derecho, pero acaba de darme un ataque de corrección polÃtica)


Metido entre el parto y la Adoración, en esta adaptación a ritos paganos que disfrutamos los católicos, está el dÃa de los
Los dÃas de las Navidades son unos dÃas extraños. Iba a poner la semana, pero en realidad serÃa inexacto, porque ahora que el tiempo no nos cunde, estiramos las fechas señaladas hasta donde hace unos años no podÃamos imaginar, y aunque normalmente nos manifestamos angustiados por la falta de tiempo, yo creo que tenemos mucho más (para otras cosas que no sea el puro subsistir) del que disponÃan nuestros antepasados. Pero en estos dÃas se desdibuja lo cotidiano, la rutina se embosca en otras rutinas que, por ser anuales, acogemos con más agrado, igual que el hijo que está fuera siempre es el más querido y Santa MarÃa la lejana, la más devota. Sin duda el espÃritu de la Navidad que me posee explica que me vaya a pasar las tardes de esta semana, casi sin rechistar (sin ese casi no serÃa yo), haciendo de duende de Papá Noel (aunque en casa no es Papá Noel, es el Niño Jesús el que deja la mitad de los regalos la noche del 24, que a nuestra mente burguesa se ve que con el añadido de fecha le sobraba, y prefirió seguir con la imaginerÃa tradicional) , y la siguiente de paje de los Reyes Magos, intentando completar listas, discurriendo alguna sorpresa, y en mi caso, encargándome de variar cada año la decoración de las mesas y de los paquetes. Y asÃ, llena de amor, paz, felicidad y envueltita en la nube de perfume que te echan encima en cuanto entras o sales de unos grandes almacenes, lo único que procede hacer ahora mismo es desearos feliz Navidad a todos los que pasáis por aquà y tenéis la paciencia de leer.
Hay cosas que uno escucha con cierta frecuencia a propósito de sà mismo. En mi caso, una de ellas es un poema (bueno, fragmentos, claro, nadie me aburre con él entero aunque hay una franja de edad en la que se lo saben) que se popularizó en los años progres y que recurrentemente se regraba en forma de canción, y otra es un refrán que me recita cualquiera que tiene la suerte de ser agraciado con una caricia, incluso con un roce casual de mis manos casi en cualquier época del año, pero especialmente, claro, en invierno. Hasta ayer yo pensaba que la gente era más bien exagerada, y que bueno, una tiene las manos frÃas pero tampoco para montar escándalos. Pero ayer se me ocurrió echarme una siesta rápida, y sucede que carezco de la habilidad común a otros humanos de dormir sentada. En principio no supone mayor problema, porque tampoco es que necesite una cama, sólo tumbarme y enroscarme, y por otro lado me evita dar el penoso espectáculo de la babilla cayéndose en público que se ve a veces en aviones o autobuses, pero claro, al tumbarme tengo que hacer algo con las manos, normalmente ponerlas debajo de mi cara, o pegadas a mi cuerpo; debajo no, porque aún no he descubierto cómo puede uno dormir sin preocuparse de los brazos, a mà siempre me estorba uno: cuando es mÃo porque se me duerme, y cuando es ajeno porque es, como cualquiera puede suponer, mayor que un guisante y ni siquiera está bajo el colchón. Pero ayer, que no sé si yo estaba muy sensible por el madrugón sumado al frÃo que hace por estas tierras ya o que las horas de teclado y ratón se habÃan acumulado, no encontraba forma humana de reconciliarme con mis manos, no frÃas, gélidas, me hacÃa tanto daño tocarme que no podÃa ni calentarlas. Si no lo hubiese sabido de antes, ayer habrÃa entendido cuánto me han querido y me quieren para soportar semejantes manos. Para colmo de males, y por asociación evidente de ideas, se me metió en la cabeza una canción antiquÃsima de Miguel Bosé (por ponerte algún ejemplo te diré… ). Y claro, asà no hay quien duerma una siesta pacÃfica, ni aunque se tenga el ¿consuelo? de tener el corazón caliente.






