FelicidadesLos días de las Navidades son unos días extraños. Iba a poner la semana, pero en realidad sería inexacto, porque ahora que el tiempo no nos cunde, estiramos las fechas señaladas hasta donde hace unos años no podíamos imaginar, y aunque normalmente nos manifestamos angustiados por la falta de tiempo, yo creo que tenemos mucho más (para otras cosas que no sea el puro subsistir) del que disponían nuestros antepasados. Pero en estos días se desdibuja lo cotidiano, la rutina se embosca en otras rutinas que, por ser anuales, acogemos con más agrado, igual que el hijo que está fuera siempre es el más querido y Santa María la lejana, la más devota. Sin duda el espíritu de la Navidad que me posee explica que me vaya a pasar las tardes de esta semana, casi sin rechistar (sin ese casi no sería yo), haciendo de duende de Papá Noel (aunque en casa no es Papá Noel, es el Niño Jesús el que deja la mitad de los regalos la noche del 24, que a nuestra mente burguesa se ve que con el añadido de fecha le sobraba, y prefirió seguir con la imaginería tradicional) , y la siguiente de paje de los Reyes Magos, intentando completar listas, discurriendo alguna sorpresa, y en mi caso, encargándome de variar cada año la decoración de las mesas y de los paquetes. Y así, llena de amor, paz, felicidad y envueltita en la nube de perfume que te echan encima en cuanto entras o sales de unos grandes almacenes, lo único que procede hacer ahora mismo es desearos feliz Navidad a todos los que pasáis por aquí y tenéis la paciencia de leer. Aquí tenéis mi felicitación para vosotros, que veréis si superáis unas pequeñísimas pruebas.