monigoteMetido entre el parto y la Adoración, en esta adaptación a ritos paganos que disfrutamos los católicos, está el día de los Santos Inocentes, que hace unos años la prensa celebraba con alguna noticia posible pero extraña, más bien sencilla de localizar. No sé si este año lo hará también, porque yo llevo ya varios días pensando que se había adelantado la fecha y por eso andaban a vueltas con una fragata que no estaba en la guerra pero estaba donde la guerra, o algo así; no lo sé bien porque aún no han dejado que Bono se líe en la explicación; cuando le escuche seguro que me queda mucho más claro, aunque no sea cierto lo que cuente y lo desvirtúe hasta la frontera justo de la mentira. Yo sé bien que no ha habido nada de guerra porque seguro que si lo hubiese habido ya estarían denunciándolo en la calle nuestros intelectuales de guardia, y nada que pudiese hacer esa Beatriz Galindo rediviva podría impedir su valentía en la denuncia.
Es difícil acertar con el grado justo de inocencia, que a veces se es inocente por no poder ser otra cosa, aunque en ocasiones un regalo particularmente encantador e inesperado nos devuelve a un estado parecido al de la infancia, y no es mala forma de empezar las Navidades.
Pero volviendo a los medios, mucho van a tener que afinar para que la inocentada en primer lugar sorprenda, y en segundo, no termine convirtiéndose en realidad en un plazo más que breve de tiempo por mor del consenso o del talante.