Ahà vamos
Últimamente, siguiendo la moda que aunque a muchos les pese viene de Estados Unidos, cada vez que encendÃa un cigarro en cualquier sitio permitido (jamás lo he encendido donde no se pudiera), aparecÃa con cierta frecuencia algún maleducado de esos que, no contentos con arreglar su vida, intentaban arreglar la mÃa amenazándome con las penas del infierno en versión OMS adaptada a fumadores. Generalmente a su impertinencia seguÃa una contestación borde mÃa, puesto que entonces el espacio era compartido y yo no podÃa hacer nada por echar de allà al maniático del aire puro (urbanita generalmente, el muy absurdo). Claro que yo sé que fumar puede matar, y conducir como tú conduces (¿para qué tanta potencia en tu coche, futuro asesino de familias inocentes en autovÃas? ¿no es excesivo que YO tenga que fiarme también de tus infalibles, según tú, reflejos?), y beber como tú bebes, alcohólico de fin de semana (o de más dÃas) y oler como tú hueles, cochino, (por lo menos mata de asco) y tantas y tantas cosas… porque el problema es que seguimos siendo mortales, pero damos la lata más tiempo por aquÃ. Convertidos desde hace tiempo en los malos de la pelÃcula, literalmente porque hace años que no hay una pelÃcula donde un bueno fume, en cuanto uno enciende el pitillo ya se sabe que es el malo, ahora ya tendremos espacios (guetos) para nosotros, los apestados, gracias a la ley ésta del tabaco con la que el gobierno español pone trabas a su consumo mientras con la mano derecha (que es la mala, y la del dinero) sigue produciendo ese veneno. Era lógico que una ley como ésta se promulgase pronto, porque pocas cosas hay más pesadas que un exfumador amargado; es que por más que lo pienso, sólo se me ocurre que pueda ganarles un padre primerizo, una pareja en vÃsperas de boda y alguna abuela.
Una ley a la medida de los pequeños nazis irredentos que pululan por todos los sitios, en este caso mayormente exfumadores amargados que declaran sentirse a gustÃsimo habiendo dejado de fumar y que para celebrarlo intentan jorobar (pondrÃa joder, pero joder exige una alegrÃa de vivir que han perdido ellos; yo siempre dudo que estén tan contentos como dicen cuando veo a una de sus activistas, Mercedes Milá, a quien por cierto escuché el otro dÃa decir que antes ella era fumadora gilipollas, y pensé que al menos el tabaco es un vicio y sà se puede dejar) cada calada que da uno, en cualquier sitio; estúpidos que pensarán que todo lo contaminado que les llega procede de cuando yo enciendo un cigarrillo en cualquier sitio permitido (insisto dada mi condición de presunta infractora o delincuente) mientras pasean ellos con sus bebés a la altura de todos los tubos de escape que hay en el mundo, gentuza cuya única preocupación ante la entrada en vigor de la ley es dónde tienen que llamar para delatar, presuponiendo el incumplimiento de nosotros, los apestados. Pero en este nivel general de tolerancia cero, como pille yo a alguno con algún boli o lápiz mÃo en la boca sustituyendo al innombrable, se lo voy a meter hasta el esófago al marrano, para que calibre si le hace más daño el pitillo o el bic cristal. Sin embargo, aunque la ley sea a su medida, yo estoy encantada con que estos tristes se reúnan en espacios acotados para ellos, porque cada vez que vengan con su impertinencia y falta de educación a intentar amargarme mi cigarro (que estaré fumando en un sitio donde esté permitido, y no en otro lugar), mi cigarro les quemará la parte de su cuerpo que me pille más a mano. Como seguro que mucho más altos que yo con tacones no son, serán unos tuertos moderadamente bajitos y muy saludables.
Y tú me puedes seguir trayendo el cigarro a la cama.









