flores de lo que quierasLo malo de las expectativas es que siempre (sólo hay que dar el tiempo suficiente, pero a veces sucede de forma extremadamente rápida) resultan defraudadas.
Hay muy poca gente que siempre nos sorprenda (gratamente quiero decir), y se supere cada instante en el que le miramos. O simplemente, que se mantenga en el pedestal en el que le hemos colocado, a veces a su pesar.
No es ya lo de ser sublime sin interrupción, que nadie en su sano juicio puede (debería) esperarlo de nadie, sino que es imposible que todos (ni muchos, ni casi nadie) se ajusten al juicio rápido que solemos formar cuando vemos por primera vez a alguien, para encajarle en alguna de las categorías en las que tenemos dividido el mundo y que nos hacen tan sencillo el tránsito por él. No es que ellos no estén a la altura, es que somos demasiado simplificadores y, posiblemente, demasiado exigentes con los otros, salvo con los que no dan ni un destello, que también los hay.
Somos más fácilmente flores marchitas que flores del mal, porque ninguno es Baudelaire. Ni tú.