Cierra los ojos
Yo antes tenÃa sueños que quizá no fuesen poéticos, nunca hubiera podido ser el tú de Bécquer (no era moderno, escribÃa con q su apellido, por más que se empeñen algunos de sus «fans»), pero tenÃan un punto absurdo pasablemente divertido, o un puntito húmedo que siempre resulta gratificante (y no, esos no voy a publicarlos). Sin embargo, hace ahora una pequeña temporada que los sueños (los que tengo mientras duermo) han desaparecido. No sueño ni para bien ni para mal (mis pesadillas siempre, salvo en dos ocasiones, son despierta), o si lo hago no lo recuerdo, aunque esto tampoco me importaba mucho, ni siquiera habÃa reparado en ello hasta que me he despertado al escuchar mi voz en medio de la noche diciendo «Higueruela es que es una pasada».
Nada tendrÃa de particular estar soñando con las maravillas de Higueruela, aunque yo nunca digo lo de «es una pasada», creo, pero teniendo en cuenta que ni siquiera me consta que Higueruela sea de los sitios que yo he visitado o por los que he pasado en mi vida y, más aún, que ni siquiera sabÃa situarla en el mapa (por eso jamás escojo geografÃa en el Trivial, ni me rÃo de los estadounidenses porque no sepan donde está España), me he despertado sobresaltada por no saber con quién estaba yo manteniendo una conversación de ¿turismo rural? y asombrada por las cosas que puedo llegar a decir dormida, aunque pensándolo sensatamente peor fue el dÃa que querÃa esconder una pistola e instaba a quien dormÃa a mi lado a que colaborase; peor por lo del arma, y porque hay un testigo que siempre puede recordarlo.
Bien, un incidente, podrÃa pensar cualquier lector habitual u ocasional de estas cosas, y yo tampoco darÃa más importancia al asunto si no fuese porque anoche, antes de irme a la cama, mientras aguardaba a ver quien ganaba el combate, si mis párpados o mi mente, que querÃa seguir despierta, durante ese sueño reparador de cinco minutos en los cuales piensas que estás despierto pero no, soñé que saboreaba una tarta de chocolate, bizcocho y crema pastelera. Y para eso tampoco existe motivo, porque ni me gusta la crema pastelera ni me he puesto a dieta como para andar soñando con dulces, ya que aunque he ganado unos kilos y cuando me repliego sobre mà mi cuerpo saca cositas donde antes no habÃa nada, mi cara y mi esternón (entre otros) parece que lo agradecen.
No estarÃa mal poder programar lo que voy a soñar, pero el (o lo) que dirige el repertorio es tan flexible, abierto y plural como Carmen Cafarell o MarÃa Antonia Iglesias, por no poner el ejemplo en el que todos pensamos más fácilmente.









