Alone in the dark
Pocas cosas habrá más engañosas en la vida que una descripción objetiva de algo o de alguien, porque los hechos o los datos los reorganizamos luego en nuestra imaginación según los patrones que tenemos establecidos, para bien o para mal. No me refiero a la leyenda esa que corre por Internet de que en los chats y demás todas las jovencitardiente, nenacachonda, sexi17 y similares son respetables señores barbudos o jovenzuelos con granos, que ahà más que nada lo que hacen, si es que lo hacen, es mentir, sino a cuando uno da datos reales pero el resultado al montarlos no es una imagen exacta del objeto o sujeto descrito.
El sábado por la noche (en realidad y para ser exactos cuando hacÃa pocas horas que habÃamos estrenado el domingo, pero la mayor parte de la gente no «cambia de dÃa» hasta que se levanta de la cama) pensaba en ello con mi copa sobre la mesa mientras miraba alrededor. Frente a mà habÃa un grupo de personas de esos que en cuanto se encuentran se escinden por sexos (ellas a un lado de la barra, ellos al otro, separados por una esquina), que es una cosa que yo no he terminado de entender nunca, y que además me fastidia bastante cuando de forma inevitable me ha tocado salir con uno de esos grupos; no sé si la separación por sexos será un producto de la educación recibida, o una sabia medida de profilaxis para evitar que con el roce nazca el cariño y termine el grupo en un totum revolutum secreto o discreto de intercambio de parejas. En el subgrupo femenino habÃa un ejemplar que además resultaba bastante ubicuo (por eso me fijé en ella, y por ella en ellos) cuya descripción, si alguien se la hubiera pedido, seguramente serÃa «rubia, pelo ondulado, alrededor de 1,80 de estatura (a voleo, yo sigo sin poder calcular pesos, medidas y edades; pero era poco más alta que yo con tacones), ojos rasgados». Ella no mentirÃa y en la mente de gran parte de quienes escuchasen estos datos se formarÃa una especie de diosa de la belleza; si además hubiera podido añadir que los ojos eran azules o verdes (no lo sé, no habÃa tanta luz y yo salgo sin gafas ni lentillas, como para ver sólo lo que tengo encima) el dibujo serÃa irresistible para casi cualquiera. Y sin embargo, desde que me fijé en ella la bauticé como «lanzadora de peso de la (ex)RDA».
De lo cual deduzco dos cosas: que lo de las autodescripciones es una cosa muy absurda que no sirve en absoluto para nada (a saber qué se encontrarán los usuarios de pilinguis cuando llamen a estudiante juguetona pecho 100), y que más vale no tardar mucho cuando por imponderables de la vida se me deja sola.









