Las niñas bonitas cobran mucho más dinero
Anoche, durante un breve instante en el que la tele soltó su programación mientras encendÃamos el dvd para ver lo que querÃamos, en no sé qué cadena, en no sé qué programa (serÃa un telediario), salió de pronto un señor muy mayor pintado como una mona (ciega, claro), con su boquita descolgada en rojo cereza haciendo juego con sus mejillas arreboladas. Normalmente no serÃa tan cruel y dejarÃa pasar la pinta del presunto humano, a fin de cuentas la humanidad lo que es propiamente es fea, porque nos hemos sofisticado tanto buscando los cánones de belleza que lo natural nos resulta extraño, aunque afortunadamente aún deseable, pero es que con el sujeto en cuestión puedo elegir entre fijarme en la pinta y fijarme en sus ¿ideas? y actitudes.
Claro, si me fijo en las actitudes, veo que es un candidato ideal a ilustrar la entrada «paniaguado» del diccionario de la RAE (Real Academia Española sin más, lo de «de la lengua» no va en el nombre) o el bonito cuento de «la zorra cuidando el gallinero», aunque a él seguramente le gustarÃa más ilustrar la entrada «jacobino» de cualquier enciclopedia, pese a llamar a veces a la moderación, y yo creo que no puede descartar conseguirlo, en cuanto incluyan «jacobino asilvestrado» serÃa una injusticia de dimensiones inimaginables no ponerle a él, sonriente, al lado.
Como digo, seguramente tendrÃa que centrarme más en su actitud y menos en su aspecto, pero como lo único que tiene solución es lo segundo, desde aquà me permito recordarle que en maquillaje menos es más, que para el rojo en labios y mejillas hay que ser un bellezón, y que a ciertas edades más vale ir discreto, apenas un fond de teint en tono natural que tape las imperfecciones, y un colorete que pase desapercibido. A fin de cuentas las putas viejas son muy respetables, seguro, pero no son un modelo de elegancia, y basta con que comparta con ellas la falta de jubilación a tiempo. Además, la elegancia es importante en un gobierno donde sólo hay imagen, y eso a ratos.









