patita parriba
No sé si será porque desconozco la manera de bailar en pareja de forma acompasada, y que nadie empiece a sacar conclusiones pseudoloquesea, no es que yo no pueda adaptarme a una pareja, que puedo, es que soy de los tiempos del «¿cuántas veces te he pedido nena, ven conmigo esta noche a la verbena y tú te acabas tranquila tu caña y me dices que soy un hortera que ya no se baila “suspiros de España” que estamos en una nueva era…?» y sin práctica es imposible dejarse llevar ni aprenderse los movimientos de un pasodoble, que en cuanto suena uno en una boda viajo a la barra… No sé si será por esta nueva carencia que reconozco, repito, o porque no soy una jubilada anglosajona de crucero, pero poquitas cosas me resultan más ridículas que los profesionales de los bailes de salón. Me refiero a esas parejas vestidas de patinadores artísticos (otros que tal… ) que para sofisticar los bailes meten pasos de más (tres donde el pueblo da uno) y tela de menos (el otro día vi una camisa para él con la espalda transparente, puesta sobre esos pantaloncitos-mallas terminados en campana tobillera que se gastan, terrible, sin palabras), y son capaces de bailar cualquier cosa no sólo estirados, sino a punto de hacer el pinopuente mientras hacen molinillos con las manos estilizándose hasta la caricatura, que hasta Chayanne resulta amanerado cuando hace esas cosas… Una especie de recolectores de lirios del campo con faja ortopédica y ritmo acelerado de marchador olímpico, pasitos cortos y mucho movimiento de culo (aunque igual técnicamente es «de caderas») que como son menudos y hacen mucho ejercicio, suele ser escurrido. Por lo menos hasta que empieza la orgía de patitas p’arriba, normalmente en ellas que suelen ser más flexibles, y entonces parecen dos luchadores inapropiadamente vestidos representando una pelea de gatas karatekas, en la que ellos esquivan la patada rítmicamente con los brazos a punto de pedir la independencia, en lugar de ser una pareja seduciéndose.
Porque aunque a mí no me gusten los profesionales de los bailes de salón sí me gusta bailar acompañada, que así siempre se le puede echar la culpa al chachachá, aunque por lo general el final del baile sea más bien el movimiento apenas perceptible del bulto que formemos.