Archivo de Febrero de 2006

mar de dudas

Hay muchas cosas que no entiendo en este mundo, reconozco hoy en un alarde de encantadora modestia que tanto los que me quieren, como sobre todo los que no (oooooooooolé), sabrán apreciar en lo que vale, pero una de las que menos es la manía de los informativos (incluso esos tan serios de la cadena que dio las campanadas en diferido para hacer rentable una catástrofe, hacía mucho que no recordaba lo grandes profesionales que son y hoy me apetece) de enviar a un pobre humano a pelarse de frío en cuanto nos atraviesa una ola. ¿No son suficientes las imágenes de la nieve, los atascos, los accidentes de chapa y las vueltas de campana? ¿Tiene sentido preguntar a un señor de la montaña palentina qué piensa de la nevada cuando está harto de quedarse aislado todos los inviernos? ¿Piensan acaso que si no vemos sus narices rojas y goteantes no nos creeremos las temperaturas? ¿Los envían para hacerse con las primeras declaraciones de un copo el día en que los copos de nieve aprendan a hablar? ¿Es una estrategia para elevar el nivel de satisfacción de la población que ve al pobre reportero (futuro muñeco de nieve) desde la comodidad de su casa, tan calentita? ¿No saben que somos tan espabilados para lo obvio que a los delegados recontadores de manifestantes los vamos a declarar humoristas del año (anda que hablar de ladrones aunque sea en frase hecha… ), después de descartar hacerles repetir Barrio Sésamo, porque si a la primera no, no cabe mucha esperanza? A fin de cuentas se supone que son informativos, no cámaras ocultas en cualquier ascensor lleno de los que frecuentamos a diario. Que cuando las cosas pasan de cercanas a corrientes (aunque conserven sus gotitas de extravagancia), enseguida se plantea uno si merece la pena tomarlas en cuenta.

nieva

Palmero feliz
Lleva nevando todo el fin de semana y el único feliz es Palmero, que no tiene que conducir, ni se plantea aprender a poner cadenas, y además está en su elemento.
Palmero en su salsa

Marcianita

marcianitaHace un tiempo me contaron por encima algo sobre un libro titulado «los hombres son de Marte, las mujeres de Venus», en el que por lo visto se abordaban diversas actividades que ellos hacen bien y nosotras mal por regla general, y viceversa. Recuerdo que entre los ejemplos que puso quien me lo contó estaba la orientación (ellos se orientan mejor, parece ser) y también uno sobre que ellos eligen los sitios para sentarse procurando dar la espalda a la pared, por no sé qué reminiscencias de cuando eran cazadores, para dominar con la vista la mayor parte del local; y eso es porque en el fondo siguen saliendo de caza. Desde entonces yo vivía en la duda de si soy poco femenina o si es que desciendo de una estirpe de solteras/viudas obligada a cazar por sí misma, viendo que me oriento muy bien (desde luego mejor de lo que parece el estándar femenino) y que, por ejemplo, cuando voy a un restaurante mi sitio preferido es de espaldas a la pared; además suelo conseguirlo porque quienes me acompañan generalmente tienden más a caballeros que a cazadores. Como el libro en cuestión no me resultaba atractivo, no llegué nunca a localizarlo ni, por supuesto, a leerlo. Además tampoco tengo muchas vueltas que darle, por nacimiento yo soy de Marte, y escuchaba encantada la canción de Billy Cafaro en el tocadiscos, restos de juventud de mis padres. Sin embargo, ahora me veo obligada a coger el coche a diario y sólo puedo filosofar sobre por qué, con todo lo que hemos avanzado, no somos capaces de hacer edificios sin columnas. O sea, mucha evolución y sólo cambiamos capitel, fusta y/o basa, incapaces de prescindir del estorbo. Eso hace que los garajes, esos minihuecos afrancesados que sustituyeron a las espaciosas cocheras, sean el único sitio en el mundo donde la marcha atrás es necesaria y recomendable, la realices tú o la realice la máquina.
Teniendo en cuenta que cinco minutos menos de maniobras serían cinco minutos más de cama o de cualquier actividad menos estresante que vigilar para no rozar, estoy empezando a pensar que me he vuelto de Venus. O cómoda, que también puede ser.

Lisonjeando

Supongo que un día como el de ayer es especialmente propicio para lanzarse a la piscina, o a la yugular del objeto de deseo con intenciones libidinosas, un día en el que los tímidos adquieren un poco de valor para intentar el salto mortal que suele ser iniciar una relación, dejando los acercamientos tácticos y las maniobras de distracción para pasar al asalto final. Tal vez el día influya también en los sujetos pasivos y se muestren mucho más receptivos a los requiebros y piropos, sea cual sea su factura. Pero existen muchísimos factores para que todo resulte perfecto, y cualquiera de ellos puede fallar en cualquier momento, la vida es así de puñetera. Por ejemplo, alguien puede ponerse en su nick de Messenger un piropo elaboradísimo, equivocarse cuando añade la dirección de su amada, que me pida admisión a mí y que jamás encuentre respuesta, porque entre otras cosas, yo no me llamo yessica. Aunque no me importaría estar igual de buena que ella, por lo visto.
piropo
(cigarrito)(corazón)yessica si fuera pecado ser linda y tener hese cuerpo escultular q tienes tu (cara asombrada) no tendrias perdon de dios (corazón) (cigarrito)
Ahora me arrepiento un poco de haber marcado la casilla de no admitir y no haber advertido del error al ardiente muchacho, porque quizá Yessica estaría encantada de ver esa frase, tal vez siga en la nube de romanticismo de ayer, y es posible que como el amor es ciego no note nada en «hese» ni en «escultular»; de las tildes ni hablamos, claro.

Entr(en)ando

amantesY dejando de lado lo amargo de la vida, que es mucho, sólo quien se haya negado a mirar periódicos, suplementos de fin de semana y televisión puede ignorar que estamos en medio de la avalancha de corazoncitos rojos, de páginas rosas (aunque yo prefiero las cosas verdes), de «hoy más que ayer pero menos que mañana» y demás detalles de gusto exquisito que se venden como churros (y, como ellos, repiten en el estómago) para que tal día como mañana digamos a nuestras parejas (pareja cubre todas las posibilidades ¿no?) cosas que tendríamos que decirles, o mejor aún, demostrarles, cada día.
Sí, da un poco de reparo dejarse arrastrar por lo comercial, el pastelón y todas esas cosas, pero yo disfruto con las celebraciones tanto que tengo varios aniversarios, un solo cumpleaños (faltaría más) y varias onomásticas, por lo cual no voy a dejar pasar San Valentín, sea cual sea su origen, y ya puesta, celebraré la víspera, que nunca se puede saber lo que va a ocurrir mañana, salvo que al fin de semana sigue un lunes otra vez

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