La amenaza del Kamasutra
Supongo que los creadores de los virus buscan palabras atractivas para propagarlos, algo que invite a abrir los mensajes que se reciben y aprovechar los agujeros de seguridad que cada uno tenga en su ordenador. Tampoco es que tengan que ser unos visionarios, porque yo creo que a cualquiera le alcanza para saber que lo más buscado en Internet es sexo en todas sus variantes (aunque desde que me he cambiado de alojamiento recibo más búsquedas «blancas» que antes) y descartado que todo el mundo sea un onanista (en el sentido de la RAE, aunque lo de Onán fuese otra cosa) imagino que muchas de las búsquedas se harán para mejorar o enriquecer la vida de la pareja, aspiración ésta que no sé si será muy antigua pero desde luego es anterior a mi nacimiento, porque ya en mi casa estaba el famoso libro de López Ibor, «Vida sexual sana». Aunque debo reconocer que no sé si era bueno, malo o regular, porque cuando tuve edad no llegué a leerlo (eran otros tiempos) y jamás se me ocurrirÃa preguntarles a mis padres que qué tal, porque en eso soy muy tradicional y los padres son esos seres asexuados sin vida anterior a la tuya. Vale, sé que no es cierto pero prefiero no pensar mucho en ello; recuerdo perfectamente que uno de mis primeros desengaños fue descubrir que la niña que aparecÃa en las fotos de boda con ellos en el altar, entre el chaqué y el vestido blanco con cola, no sólo no era yo sino que yo no existÃa entonces. Mundo cruel.
Ahora ningún creador de virus pondrÃa el libro del psiquiatra como asunto del mensaje, porque más que sana pretendemos que sea satisfactoria, incluso acrobática como apuntaba Nicolás en un comentario de la entrada anterior, por lo cual es lógico que el asunto sea el Kamasutra, y preveo que en poco tiempo llegará uno que sea «sexo tántrico» y prometa un coito de tres dÃas sin orgasmo hasta llegar a una explosión cósmica o algo asÃ. Al final los virus se propagan como libros de autoayuda. Si esta especie de aviso llega tarde, recomiendo acudir a este post escrito por Jubilado, que se centra más en los aspectos útiles y puede resultar de alguna ayuda.
Porque yo no lo puedo remediar: cada vez que leo lo de la «amenaza del Kamasutra» no puedo evitar imaginar un panorama de varones (sÃ, lo siento, varones, porque desde mi experiencia ellos son menos flexibles; desde el estudio no puedo hablar porque no me dedico a nada de eso) con esguinces y tirones en los más variados lugares de sus cuerpos (bueno, tampoco tan variados, tampoco hay tantos sitios), sufriendo en silencio como futbolistas, maldiciendo lo de la revolución sexual, la igualdad femenina y la sofisticación de oriente, y recordando agradecidos a los misioneros en general después de haber pasado tanto tiempo de sus revolucionarias vidas denostándolos.










