amantesY dejando de lado lo amargo de la vida, que es mucho, sólo quien se haya negado a mirar periódicos, suplementos de fin de semana y televisión puede ignorar que estamos en medio de la avalancha de corazoncitos rojos, de páginas rosas (aunque yo prefiero las cosas verdes), de «hoy más que ayer pero menos que mañana» y demás detalles de gusto exquisito que se venden como churros (y, como ellos, repiten en el estómago) para que tal día como mañana digamos a nuestras parejas (pareja cubre todas las posibilidades ¿no?) cosas que tendríamos que decirles, o mejor aún, demostrarles, cada día.
Sí, da un poco de reparo dejarse arrastrar por lo comercial, el pastelón y todas esas cosas, pero yo disfruto con las celebraciones tanto que tengo varios aniversarios, un solo cumpleaños (faltaría más) y varias onomásticas, por lo cual no voy a dejar pasar San Valentín, sea cual sea su origen, y ya puesta, celebraré la víspera, que nunca se puede saber lo que va a ocurrir mañana, salvo que al fin de semana sigue un lunes otra vez