Marcianita
Hace un tiempo me contaron por encima algo sobre un libro titulado «los hombres son de Marte, las mujeres de Venus», en el que por lo visto se abordaban diversas actividades que ellos hacen bien y nosotras mal por regla general, y viceversa. Recuerdo que entre los ejemplos que puso quien me lo contó estaba la orientación (ellos se orientan mejor, parece ser) y también uno sobre que ellos eligen los sitios para sentarse procurando dar la espalda a la pared, por no sé qué reminiscencias de cuando eran cazadores, para dominar con la vista la mayor parte del local; y eso es porque en el fondo siguen saliendo de caza. Desde entonces yo vivÃa en la duda de si soy poco femenina o si es que desciendo de una estirpe de solteras/viudas obligada a cazar por sà misma, viendo que me oriento muy bien (desde luego mejor de lo que parece el estándar femenino) y que, por ejemplo, cuando voy a un restaurante mi sitio preferido es de espaldas a la pared; además suelo conseguirlo porque quienes me acompañan generalmente tienden más a caballeros que a cazadores. Como el libro en cuestión no me resultaba atractivo, no llegué nunca a localizarlo ni, por supuesto, a leerlo. Además tampoco tengo muchas vueltas que darle, por nacimiento yo soy de Marte, y escuchaba encantada la canción de Billy Cafaro en el tocadiscos, restos de juventud de mis padres. Sin embargo, ahora me veo obligada a coger el coche a diario y sólo puedo filosofar sobre por qué, con todo lo que hemos avanzado, no somos capaces de hacer edificios sin columnas. O sea, mucha evolución y sólo cambiamos capitel, fusta y/o basa, incapaces de prescindir del estorbo. Eso hace que los garajes, esos minihuecos afrancesados que sustituyeron a las espaciosas cocheras, sean el único sitio en el mundo donde la marcha atrás es necesaria y recomendable, la realices tú o la realice la máquina.
Teniendo en cuenta que cinco minutos menos de maniobras serÃan cinco minutos más de cama o de cualquier actividad menos estresante que vigilar para no rozar, estoy empezando a pensar que me he vuelto de Venus. O cómoda, que también puede ser.









