Entradas archivadas en Marzo dEurope/Berlin 2006

Viernes, 31 de Marzo de 2006

Anoche cuando llegué a casa, bastante cansada (aprovecho para decirlo y quejarme un poco, que es bastante terapéutico), mientras saboreaba una de esas cenas de guarrería que tanto me gustan a mí y que tan poco recomiendan los de la vida sana, tenía como run run de fondo, y mientras hacía tiempo para que comenzase la serie de la fea, las noticias, por aquello de enterarme un poco de lo que había ocurrido en el mundo con una visión más amplia que la del simpático camarero que me pone el café todos los días y me hace un repaso rápido de la actualidad. Y ahí, entre la pírrica aprobación de lestatut y el dinero del terrorismo para que el heróico otegi salga de la cárcel, estaba LA NOTICIA: la publicidad ha carecido, una vez más, de la consideración necesaria para dirigirse a una sociedad democrática y madura a la par que sensible, y ha vuelto a herir a un colectivo. Esta vez la chispa de la vida casi provoca un incendio por su falta de tacto (o tal vez de gusto), y si no hemos asistido a manifestaciones y concentraciones de los agraviados ha sido porque los pobres saben que durarían poquísimo recorriendo esas carreteras de Dios, con la de hambre que hay en el mundo.
Si yo hiciese un esfuerzo seguro que lograría entender lo triste que es ser centollo y que te confundan con un buey de mar o viceversa, pero los viernes no son mi día más comprensivo así que entenderlo no lo entiendo; sin embargo, viendo la sociedad de apoyos mutuos que se ha montado, me siento tentada de apoyar yo misma un poco, aunque me resulta más sencillo apoyar a un buey de mar que a un centollo, a un bogavante o a una langosta, básicamente porque los tres últimos prefiero recibirlos en mi estómago y sin el buey de mar puedo pasar perfectamente. También paso de las ostras desde que una vez me sentó mal una y me pasé un mes alimentándome de puré de patata y leche y té con galletas… eso sí, tenía que pasar dos veces para que me viesen. Como digo, me cuesta lo de solidarizarme con el centollo básicamente porque el cansancio me quita el buen humor, pero afortunadamente las ejemplares Corporaciones Locales velan por el bienestar de los ciudadanos (algunas todavía no son ejemplares, claro), y con esa rapidez de reflejos que uno tanto admira cuando, por ejemplo, tienen que devolver una cantidad cobrada indebidamente o solucionar un problema de aparcamiento, un Ayuntamiento especialmente afectado por la infame confusión se ha dirigido a la empresa anunciante, que como es una multinacional seguro que está acostumbrada a pisar evitando callos ajenos y lleva en su equipaje papelitos como para liar millones de porros.
Yo anoche sólo podía pensar que los animales es un tema delicado, y que además es una auténtica pena que los crustáceos (stricto sensu) no tengan blog, porque si el centollo además de sensibilidad a raudales hubiera tenido uno hubiera podido contestar a Cocacola como se merece, y dedicarle varios sutiles y brillantes post entre los aplausos de los ediles que, como un ojo gigante (y no diré qué tipo de ojo) velan por su honor (el del centollo, claro). Aunque declaren que ellos nunca ven esas cosas.

Viernes, 24 de Marzo de 2006

Una vez, en una de esas lecturas indiscriminadas que tengo como vicio más antiguo (hoy me doy cuenta de cuánto), leí en un libro que no recuerdo cómo se llamaba pero escribió con un estilo literario afectadísimo, entre bruja y maryhiggins, una tal Linda Goodman, que aries era el bebé del zodiaco; supongo que si ella tenía razón eso explicará que yo sepa pero me cueste asimilar lo de no ser el ombligo del mundo sino sólo otro ombligo más, y que en general me fastidie que en mi cumpleaños pasen otras cosas y «eclipsen» lo verdaderamente importante (cualquier lector avispado sabe la respuesta: Yo); es que no me explico cómo el destino o lo que sea no ha retirado ya la fecha igual que la NBA retira determinados números, si yo también tengo algunos momentos mágicos.
Yo este año estaba moderadamente contenta, porque aunque es viernes de Cuaresma al menos no es Semana Santa, que lo de salir de cenas y copas entre procesiones solemnes de tallas soberbias hace que falle un poco el ambiente de juerga, pero resulta que es la fecha que los terroristas han elegido para que comience la «tregua indefinida» que han «decretado» (telecinco dixit, y supongo que algún pixie más habrá usado el verbo legitimando, a veces incluso sin querer; por cierto, no sé si en toda la tarde del míércoles los informativos de la cadena amiga lograrían una conexión a tiempo, yo vi como un cuarto de hora patético en el que cada vez que hablaba alguien a quien interesaría escuchar, hablaba Pedro Piqueras, y daba paso justo cuando hablaban de lestatut, que no era la noticia del día porque el orden lo dictó eta, claro) los terroristas y que tan contentos nos ha puesto porque nos van a tratar a todos como si fuésemos catalanes o políticos electos y altos cargos. Me alegro también, claro, como cada día que no aumenta la lista de miles de víctimas que los gudarisdemierda llevan elaborando casi cuarenta años en nombre de la libertad de un pueblo al que no dejan respirar y al que niegan los más elementales rudimentos de paz, libertad y seguridad con ese despotismo de los fanáticos que de su cerrazón mental han hecho su forma de vida (de vida comodísima, por cierto). Pero como para mí no han pasado nunca de la categoría de alimañas mafiosas, lo mejor que puedo desearles a todos es que sean juzgados conforme a las leyes que tenemos (previas, debería sobrar decirlo) sin atemperar por el Cándido (que nombre tan impropio) de turno, y que cumplan el mayor tiempo posible de las condenas que les impongan, que a fin de cuentas de la cárcel se vuelve y luego podrán dedicarse a procrear esa raza tan superior a la que tanto favorece la capucha que tapa la cara.
Seguramente pensaría de otro modo si al ver a nuestro Presidente del Gobierno fuese capaz de escucharle crédulamente, pero es que es verle y pensar en el espantapájaros de Oz y en peces habladores (no como Nemo, no) que ahuecan la voz (para que haga juego con el resto, será), o si yo tuviese la talla política de Llamazares, que va a hacer oposiciones a cortejo de Blancanieves, o del de CiU, que en plena euforia retórica de adhesión inquebrantable afirmó que el Gobierno tiene «el derecho y el deber de fracasar», en plan bulímico de las palabras.
No, yo no soy optimista porque miedo me da saber el precio que alguno está dispuesto a que paguemos para que él pase a la historia, y porque no hay voluntad que convierta a un asesino en político, salvo para los súbditos del Emperador desnudo.
Yo hoy, si tengo que ver humo, prefiero que sea el de las velas, aunque hay tantas que no sé si cambiarlas por una hoguerita.

Lunes, 13 de Marzo de 2006

Existe una clase de personas a la que, le cuentes lo que le cuentes, siempre le ha ocurrido lo mismo o algo peor. Generalmente no importa padecerlas, aunque sean nuestras normalmente no son grandes tragedias, y se convierte el diálogo en una cosa casi terapéutica que es muy propia de las consultas, cuando uno está esperando que le atienda el médico, o al menos eso me ha parecido a mí cuando he asistido, muda y bordeando la insociabilidad, a uno de esos intercambios en plan «pues yo vengo porque me duele el bazo», «pues a mí además el espinazo», maridaje entre el mal de muchos y el país de los ciegos que algún tipo de consuelo aportará a quienes se enganchan en ello.
Pero a veces, quien compara su mal con el del que le está contando una devastación absoluta sólo puede ofender (además de a la inteligencia, siguiendo su costumbre) a su interlocutor (dentro de una sospechosa campaña para convertirlo en víctima de segunda, las de primera son otras madres) banalizando, abaratando el sufrimiento propio y reciente en la comparación con el que ni siquiera se ha padecido en carne propia, tan sólo se ha alimentado con el resentimiento heredado (nada menos que 21 años entre la muerte del uno y el nacimiento del otro, por fijar una fecha y no enredar con el uso de razón, que no acabaríamos nunca) y la necesidad de ser alguien, cualquier cosa menos Rodríguez, aunque para eso se ponga al abuelo (Rodríguez renegado también) en el punto de mira de quienes no tenemos porqué sentir cariño por él, y empecemos a vislumbrar que tras el mártir dibujado había tanta sangre y saña que el retrato puede terminar siendo el de un carnicero en grado de aprendiz o de maestro.
Errando tiros, aunque tengan el blanco bien presente.

Jueves, 9 de Marzo de 2006

Ayer se celebraba el día internacional de la mujer, que antes se llamaba de la mujer trabajadora y ahora debe de haber cambiado de nombre para adaptarse a los tiempos e incluir a todas porque todas trabajamos, aunque no sea fuera de casa. Bueno, lo de todas es un decir, a mí me vienen a la mente algunos ejemplos de gentes de quienes se dice que tienen un trabajo muy duro pero hasta donde yo alcanzo a ver básicamente consiste en intentar criar una raza de campeones sanos y con garantías para perpetuarse, como si fuesen grandes daneses o similar. Y luego está la manada de mujeres (supongo que eran mujeres) que ayer, justo a la hora en la que yo vuelvo a casa y normalmente hay un poco de tráfico (que en la escala provincial viene a ser un atasco, pero claro, nada que ver con los de otros sitios más grandes), decidieron que iban a celebrar su día jodiendo (sí, he puesto jodiendo, y anoche dije cosas peores todavía, y les deseé todos los males del mundo entre tacos indignados) a las prójimas que volvíamos después de 12 horas fuera de casa. A los prójimos supongo que también, pero imagino que será merecido y el paso lógico hacer que ellos purguen sus culpas de siglos ahora que no quemamos sujetadores, como mucho nos los quitamos según cerramos la puerta de casa para que la gravedad líe sus cosillas. Ellas, a las que no llegué a ver pero supongo vocingleras y astrosas porque si no lo eran merecían serlo y me las imagino como quiero, no van a mandar hasta en eso, hicieron que se cortase el tráfico en dos de las principales calles que desembocan en la plaza de España (supongo que en más, pero esas dos las sufrí yo), con lo cual la otra calle que quedaba libre, y que FORZOSAMENTE tengo que tomar si quiero dejar el coche y llegar a mi casa, tuvo que absorber todo el flujo (esto me ha quedado muy de anuncio de nubes que huelen, pero dejando aparte el asco es bastante gráfico y a fin de cuentas tampoco soy directora general de tráfico como para saber los términos técnicos, aunque el post me está quedando tan malhablado que parezco propiamente don Pera cuando dijo aquello de «la he cagao»). Más de un cuarto de hora para recorrer unos 500 metros, viendo el careto de los guardias puestos en las esquinas con los brazos cruzados asistiendo a la fiesta de las manifestaciones populares y la orgía de primera, embrague, freno y listillo de las narices que siempre ve un camino más rápido, el anormal.
Terminaron el día de fiesta sin incidentes, y supongo que se irían a su casa a descansar para su jornada de funcionarias y liberadas de sindicato de hoy, porque me dolía tanto el pie del embrague que no tuve fuerzas para ir a mirar qué colectivo de tocapelotas estaba reivindicando nada, pero si llego a tener un poco más de fondo físico hoy tendría un tacón menos, o un tacón bonitamente rematado con un ojo de una progre de mierda. Espero que la siguiente vez que quieran celebrar algo se vayan a un espectáculo de boys, que es lo que cabalmente toca, a gritar ordinarieces. Al menos el boy cobra, y yo por soportarlas no, y las dos formas de conmemorar son igual de inútiles.

Domingo, 5 de Marzo de 2006

Esta vez la culpa de mi falta de voluntad la tiene Lostie. Sé que puede resultar algo cómodo esto de echar la culpa cada vez a uno en lugar de a mi falta de firmeza, pero no veo por qué voy a ser la única del mundo que no encuentre coartada adecuada, causa suficiente y esas cosas. Ahora se trata de contestar cinco canciones que me resulten divertidas, románticas, tristes, afrodisíacas y otras tantas que yo califique como temazos. Lo único que no me preguntan es alguna que aborrezca desde que suenen sus primeros compases, pero siendo yo está claro que tenía que haber varias en esa categoría, así que van de bonus track.
Divertidas:

  1. No me beses en los labios, de Aerolíneas Federales. Esa forma de cantar ochentera, entonando malamente y con voz de cría resulta ideal para imitarla con mis limitaciones, así que cada vez que suena (por los bares ya no, claro, pero en mi coche sí), la berreo con ellas y con mucho sentimiento: «que tengo un calenturooooooooo-ooo-ón, que me duele un montón, y al final no sé cómo lo haces que ya no me satisfaces, has perdido facultades mi amor».
  2. Serpiente con tacón, de un muchacho llamado Lorca, cuya canción anterior (o sea, que yo sólo conozco dos de él, ésta y la otra) era una que decía «bésame en la boca, déjame la lengua rota»; y tras tanta pasión, dice él todo digno «por mí se te pasó el arroz amor cariño corazón, princesa malcriada te has pasado de lista date media vuelta y sal fuera de mi vista, anda ve con Dios…» Tanto rencor la verdad es que me hace gracia, y desde que empezó a sonar me la aprendí de memoria.
  3. Don’t go breaking my heart, tema que interpreto a dúo con uno de mis hermanos (y no diré cuál para que ningún conocido le señale con el dedo) mientras suenan por debajo Elton John y Kiki Dee; yo hago de Kiki, claro, aunque lo único que me sale decente son los uuuuu-uuuu.
  4. Todos los negritos tienen hambre y frío, de Glutamato Ye Ye. Es mi banda sonora mental en cuanto escucho un discurso progre de libro, no puedo remediarlo. Es la letra perfecta de una canción de cantautor, tan concienciada, diciendo tantas verdades como puños sintetizadas en un lenguaje perfectamente comprensible para la totalidad del mundo a la que únicamente le fallaba la melodía, era demasiado animada para ser tomada en serio.
  5. Camino de la cama, de Siniestro Total. «Oye tronco cómo ronco: volumen brutal, por mucho que me muevas no me pienso despertar. Camino de la cama, pachuari, es el mejor camino, pachuari, sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido…»

Románticas

  1. Todavía una canción de amor, de los Rodríguez, a medias con Sabina. «Estoy tratando de decirte que me desespero de esperarte, que no salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte, que me sigo mordiendo noche y día las uñas del rencor, que te sigo debiendo todavía una canción de amor…»
  2. Cómo hablar de Amaral, «a veces te mataría, otras en cambio te quiero comer»
  3. Las nubes de tu pelo, de Fito y Fitipaldis. «No hay mejor lugar…»
  4. Ne me quitte pas, de Jacques Brel. «Je t’inventerai des mots insensés que tu comprendras, Je te parlerai de ces amants-là qui ont vu deux fois leurs cÅ“urs s’embraser…»
  5. El roce de tu piel, de Platero y tú. «Y creo que muero si no siento el roce de tu cuerpo junto a mí.»

Tristes:

  1. Te necesito de Amaral. «Pero no para jurarle al mismísimo Ãngel negro…»
  2. En tierra extraña de Concha Piquer. Ésta sí que no la puedo escuchar sin un nudo en el estómago, y si es Nochebuena, las posibilidades de pucheros aumentan al infinito. Ni leyendo a Javier Marías se me ha quitado la manía.
  3. Que solo estás, de Los Secretos. Claro que elegir una de los Secretos entre las tristes tampoco tiene ningún mérito.
  4. Et maintenant de Gilbert Bécaud, que es la canción de abandono más desesperada que yo conozco o quizá que recuerdo: «tu m’as laissé la terre entière mais la terre sans toi c’est petit»
  5. Si me dejas solo, de Radio Futura. «Que el demonio te lleve al infierno que tú has elegido porque tú me condenas al olvido te condeno yo a mi soledad.»

Afrodisíacas: en realidad, ninguna. Ni la comida, ni la música, ni el alcohol me ponen a mí en situación así porque sí. Pero si yo fuese alguien que me gustase, me susurraría al oído alguna frase de estas canciones:

  1. Sin documentos, de Los Rodríguez.
  2. Prometeo, de Extremoduro.
  3. Mojándolo todo, de Aute.
  4. Más y más de La Unión.
  5. Lo estás haciendo muy bien, de Semen Up. Conviene el refuerzo positivo y además siempre es mejor hablar que empujar con las manos. Lo único malo es que últimamente mi visión de Alberto Comesaña va mezclada con una faja ortopédica y lloriqueos variados, y eso no hay mito sexual ni concentración que lo resista.

Temazos:.

  1. Carla, de Nadie. Nadie que no sea de Valladolid conocerá esta canción (aunque lo puede remediar pinchando el play) que se lleva escuchando desde que yo estaba terminando la EGB o empezando el BUP, pero aquí fue un exitazo.
  2. El ángel caído, de Danza invisible
  3. Semilla negra, de Radio Futura. O 37 grados. O a cara o cruz. O No tocarte. O…
  4. La mataré, de Loquillo.
  5. Una décima de segundo, de Nacha Pop


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Odio:

  1. La puerta de Alcalá de Ana Belén y Víctor Manuel. Nunca se quedaron sin voz en la imitación de sirena de ambulancia que era el mírala mírala, mírala, mírala, mírala.
  2. Somos de colores, de Tonchu. Me dan ganas de sacar el mechero.
  3. Color de esperanza. Me dan ganas de hacer la hoguera de una vez y echar bien de gasolina.
  4. Entre tú y yo un diamante es para siempre o como se llamase aquella porquería de canción que cantaba no sé quién ni voy a buscarlo ahora.
  5. Unicornio, de Silvio Rodríguez. Es tan difícil elegir la más coñazo de Silvio como la menos original de Ismael no sé cuántos, el que imita a Serrat, pero venga, ésta misma.

La verdad es que me ha costado ponerme, pero una vez puesta, lo difícil ha sido quedarme sólo con cinco, especialmente en la última categoría… Y no, no se lo paso a nadie, sigo siendo buena de momento. Cuando llegue alguno con más sustancia en plan «las cinco personas a las que partirías la cara sin dudarlo» o «los nombres y apellidos de las cinco personas más bobas que conoces» ya buscaré víctimas.


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